Por: Sergio E. González Rubiera
Frente a las iniciativas que se vislumbran en el paquete fiscal de la federación para el año 2027, se pueden atestiguar desde ya enormes limitaciones y dificultades para el sector turístico de México, lo cual resulta, a todas luces, una muy lamentable noticia.

Vivimos un momento crucial frente a todas las adversidades que en el mundo se presentan, como las guerras en Europa, el conflicto en el Golfo de Ormuz, el encarecimiento de las tarifas aéreas a causa de la subida en el costo del combustible, las percepciones de inseguridad y las amenazas de fracturas o disrupciones políticas por los enfrentamientos entre gobiernos de izquierda y de derecha.

En el caso de México en particular, tenemos que adicionar a todas estas calamidades los hechos que nos ocupan, como la falta de promoción que en México ha sido suspendida institucionalmente desde hace ocho años, el tema del sargazo en Quintana Roo, la terrible percepción de inseguridad en ciudades y carreteras; el asunto de la falta de regulación a las plataformas de alojamiento como Airbnb, entre otras muchas, los conflictos con taxistas y, ahora, por si fuera poco, una nueva intentona del gobierno federal por incrementar impuestos y derechos a los turistas, para con ello tratar de compensar los enormes déficit que el gobierno viene sorteando tanto por malas decisiones, proyectos inacabados, obras faraónicas con escasos resultados y, en general, una muy escasa visión de futuro.

Ante toda esta suma de calamidades y otras más que se van configurando en el mundo actual, el turismo siempre se presenta como una gran alternativa de desarrollo económico, como una maravillosa alternativa de generación de empleos, de intercambio social y cultural, y de proporcionar una mejor calidad de vida para los ciudadanos de todas las poblaciones y todos los destinos turísticos, pero eso requiere emprender una buena cantidad de acciones, de estrategias y de directrices que signifiquen un fomento o un incentivo para la actividad turística y no un obstáculo.

En este momento crítico que estamos viviendo, frente a bajas ocupaciones hoteleras, crisis en la aviación, guerras en el mundo, cambio climático y otros asuntos, se requiere de incentivos, de leyes de fomento, de acciones en beneficio tanto de los turistas que nos visitan, para que encuentren un mayor atractivo en nuestros destinos, como de los empresarios que emprenden y ejecutan la actividad turística. Sin embargo, por el contrario, vemos con tristeza que lo que se está emprendiendo son nuevos derechos, nuevos impuestos, nuevos obstáculos y muchas barreras que impiden o que dificultan de manera importante la gestión turística, tal es el caso de la iniciativa para incrementar el DNR (Derecho de No Residente) en un 35.8 % y ahora, últimamente, la iniciativa para incrementar el impuesto o el derecho por el uso del espacio aéreo mexicano, lo cual implicará, sin duda, un incremento en las tarifas aéreas.

México puede ser y debe ser una potencia del turismo mundial y, sin duda, podemos estar en los primeros lugares del mundo en recepción de turistas, pero es imprescindible derribar barreras y trabas que inhiban la competitividad y, con ello, fomentar mejores ocupaciones turísticas.
Una mejor ocupación turística, es decir, un incremento en las noches que se ocupan en los hoteles de México, implicará un incremento en los ingresos al gobierno por impuesto al hospedaje, un incremento en IVA por consumo y hasta un incremento en el ISR de todas las empresas que tributan, por lo tanto, es imprescindible una promoción internacional estratégica que mejore los flujos de turismo y no el imponer impuestos, tasas, derechos, etc., que lo único que harán es desalentar la llegada de turistas a México.

Es absolutamente equivocada la propuesta del gobierno federal de incrementar impuestos al turismo, es absurda, es ilógica, es irracional y va en contra de lo que nuestro país necesita en materia de turismo.
Hay un montón de cosas que pueden y deben hacerse para mejorar los flujos turísticos, entre otras, mejorar el turismo carretero, para lo cual es imprescindible que las carreteras estén dotadas de alta tecnología, que los señalamientos sean acordes a los parámetros internacionales, que los peajes puedan pagarse de manera digital con todas las tarjetas de crédito existentes, que las centrales de autobuses estén dotadas de tecnologías, sean modernas y eficientes; que los aeropuertos estén libres de abusos y otras atrocidades que atestiguamos cotidianamente y, en general, que la cosa turística fluya de manera ágil y eficiente a lo largo y ancho de todo nuestro país.

Pareciera, tristemente, que nuestros gobiernos federal, estatales y municipales se estarían empeñando en hacer todo lo contrario al continuar imponiendo restricciones, impedimentos, derechos, impuestos y miles de requisitos que dificultan esta maravillosa actividad que es el turismo, que en todo el mundo crece de manera impresionante y en donde se ven avances tecnológicos de todo tipo para facilitar que los turistas disfruten de las ciudades, de cada plaza, de cada estación de autobús, de cada carretera y de cada pequeño icono que incrementa su emoción turística.

Rechazamos, o mejor dicho, rechazo tajantemente desde este espacio todos los intentos que el gobierno hace por tratar de incrementar sus ingresos a partir de los ya muy exprimidos turistas. En cambio, solicito, si no es que exijo, que se diseñen estrategias que nos permitan no solo atraer más y más turistas con promoción, sino proveerles de mayores y mejores experiencias y emociones turísticas.
En el turismo la calidad es gestionar emociones que incrementen el valor de la experiencia.
Al Buen Entendedor…
