COSTA DE CONIL Y CÁDIZ, ANDALUCÍA
La llamada del sur siempre aúlla para los surfistas del norte que no pueden agarrar los bártulos e irse a Canarias, donde siempre es verano. Andalucía también es una opción para los surfistas del inside, e incluso del Levante, cuando su Mediterráneo lleva meses sin entregarles una ola decente. Cádiz podría pasar por una suerte de paraíso surfista de no ser por la regularidad de sus olas. Desde diciembre a marzo, el surf está asegurado, pero la primavera y el verano suelen entregar una sucesión de mares platos. Como hablamos de surf en invierno, Cádiz y su costa, desde Rota hasta Tarifa, suponen una opción resguardada, con muchas opciones tanto para expertos como principiantes.
Comenzando en la ciudad del carnaval, de la música, el arte y los viajeros llegados desde un lado y otro del Atlántico y las costas del Mediterráneo, las playas de Santa María del Mar, la Victoria y Cortadura ofrecen olas de calidad variable, como siempre que sucede con los fondos de area. El baño con sol y tortillitas de camarones después de quitarnos el traje, al menos, lo tenemos asegurado. Si seguimos hacia el sur, nos encontraremos con un enorme arenal que corta el caño de Sancti Petri (donde también hay olas) y prosigue hasta Roche. En las calas de esta última también pueden encontrarse picos entre rocas, y además, los acantilados desvían el viento de levante que suele soplar en la costa de Cádiz.
Playa de Zahora, en Barbate, Cádiz.Alamy
Continuando hacia el sur, Conil de la Frontera posee en su haber la playa del Palmar, archiconocida, pero no por ello la mejor de las opciones, aunque sí la más expuesta tanto a las diferentes marejadas como a la afluencia de surfistas. También las olas que rodean el cabo Trafalgar son frecuentadas, tanto las potentes orilleras buscadas por los practicantes de bodyboard, como las olas suaves que se forman en los Caños de Meca. Sobre la area de la misma playa de Caños podremos comer de vicio en Las Dunas, en un native que homenajea a la arquitectura tradicional de la costa gaditana, con gruesos muros de piedra negra para alejar el calor, y techumbres de paja que permitían round el aire del inside.
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Los expertos que busquen sacar el mayor potencial a esta costa deberán esperar una marejada en condiciones y aparcar en el puerto de Barbate para caminar veinte minutos hacia Hierbabuena, una larga derecha que rompe bajo el cabo de Punta Paloma. Siempre respetando a una comunidad de locales que a menudo acostumbran a ver situaciones peligrosas en el agua causadas por surfistas que no conocen el entorno, y se acercan demasiado a las rocas de sus acantilados. La pasión y las ganas de surfear no deben emborronar el sentido común, y en invierno, los riesgos deben asumirse aún menos. La prudencia es la primera norma del surf, la siguiente es disfrutar de las olas sin poner en peligro al resto. Cuando esto está presente, el viaje se convierte en el surftrip perfecto.
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