La población a nivel mundial está envejeciendo y México no es la excepción. De acuerdo con datos del INEGI, el número de personas mayores de 60 años actualmente alcanza el 10% de la población y las proyecciones sugieren que para 2050 llegará al 16.8%.
Esto supone un reto mayúsculo para cualquier sociedad ya que significa una presión financiera importante para las familias y para la sociedad en general pues se trata de un grupo poblacional que ya no genera ingresos o está por dejar de generarlos y que sigue teniendo necesidades, particularmente en el ámbito de la salud.
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018–19 revela tasas preocupantes de enfermedades crónicas entre los
adultos mayores mexicanos, como hipertensión arterial (42.4%), hipercolesterolemia (25.5%), diabetes (25.1%) y multimorbilidad (55%). También se evidencian otras condiciones como fragilidad (10.6%), síntomas depresivos (40.6%), deterioros visuales (13.1%) y auditivos (6.9%).
Con relación al estado nutricional, destaca que el 74.5% presenta sobrepeso u obesidad, con una prevalencia de anemia del 28.8%. Además, se identifican limitaciones funcionales, con el 19.6% que tiene dificultades para caminar, el 6.7% que se le dificulta el movimiento de las extremidades, el 5.6% en actividades cognitivas y el 4.2% en el autocuidado.
Es necesario diseñar una política pública de salud para la atención integral de las personas mayores, que considere la
evaluación de la calidad a dicha atención y analice las estrategias implementadas o que deberían implementarse en México para promover un envejecimiento saludable, en concordancia con la convocatoria de la Organización Mundial de la Salud dirigida a todos los países.
