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Viajes y maletas – Lanza Digital

Dimensión Noticias by Dimensión Noticias
julio 5, 2021
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Viajes y maletas - Lanza Digital


Viejas maletas / Rafael Toledo

En aquellos tiempos planificar un viaje period algo insólito pues la gente corriente solo se desplazaba por necesidad y nosotros lo hacíamos por alegría o por padecimiento. Ni siquiera recuerdo qué tipo de equipaje llevábamos entonces. En aquella época el No-Do nos mostraba imágenes de los emigrantes que se iban a Alemania portando aquellas maletas de cartón atadas con cuerdas, pero en cuanto a nuestros bultos mi memoria se muestra amnésica

Cuando period pequeño y vivía en el pueblo, algunas veces viajábamos a Madrid y los motivos los determinaban las circunstancias de cada momento, para acudir al médico o para asistir a las bodas de los primos de mi padre. Ni que decir tiene que las experiencias no pueden ser más antagónicas.

En aquellos tiempos planificar un viaje period algo insólito pues la gente corriente solo se desplazaba por necesidad y nosotros lo hacíamos por alegría o por padecimiento. Ni siquiera recuerdo qué tipo de equipaje llevábamos entonces. En aquella época el No-Do nos mostraba imágenes de los emigrantes que se iban a Alemania portando aquellas maletas de cartón atadas con cuerdas, pero en cuanto a nuestros bultos mi memoria se muestra amnésica.

Figuras en la Estación de Atocha

Sin embargo, todavía recuerdo la intranquilidad que nos provocaba el inminente viaje, una inquietud que se acentuaba cuando, desde la estación, veíamos venir el tren a lo lejos y cómo me impresionaba ver aquellas locomotoras enormes con su luz arriba como el ojo de un cíclope. Sólo eran unos minutos de parada y qué nervios, qué ajetreo, pues había que subir el equipaje y acomodarnos en el vagón lo antes posible. Pero siempre nos ayudaban porque entonces acudían a despedirte los familiares, que unos minutos antes te daban besos y abrazos como si aquello fuese el fin del mundo.

Durante el trayecto podías compartir las viandas con otros viajeros y, entre bocado y bocado, contar obra y milagros, aunque fuesen intimidades. Whole, ya no ibas a volver a verlos y aquellas conversaciones eran un desahogo. Eso period mucho mejor que la soledad de las pantallas de ahora. ¡Dónde va parar! Aquello period conversar, de todo menos de política, claro está.
Después, al recalar en la estación de Atocha, nos tranquilizábamos porque period el ultimate del trayecto y entonces desaparecía la urgencia, aunque continuaba el asombro, sobre todo por el bullicio de los pasajeros desalojando el convoy. En los andenes, los mozos de maletas voceaban sus servicios y, de vez en cuando, había que dejar paso al vehículo que transportaba los bultos de aquellos que habían facturado el equipaje.

Cuando empecé a viajar solo, mi primera maleta estaba construida de un materials compuesto, quizás entre plástico y cartón, period verde aceituna y ahora está olvidada encima del armario en la casa del pueblo, albergando algunos trastos tan inservibles como ella. Pero aquella valija que ahora reposa en el olvido tuvo sus días de gloria, sobre todo en los primeros viajes.
Recuerdo uno en specific cuando se acercaba la Navidad. Aquel fin de semana volví al pueblo cargado con aquella maleta que, aparte de la ropa sucia de quince días, llevaba en su inside casi el complete contenido de la cesta que me habían regalado en la fábrica. Amontonados en el inside había de casi todo, espárragos en conserva, vino, champán -que entonces no se llamaba cava-, anís del mono, una vela de chorizo y otra de salchichón, mazapán, polvorones y un par de tabletas de turrón -que en el pueblo se solía comer en la Feria y period de cacahuetes-. Actualmente, ese bulto difícilmente pasaría la prueba del escáner.

¡Cómo pesaba la condenada! Pero la ilusión contenida hacía que el trayecto hasta mi casa no se me hiciese largo. Y luego el asombro de mi familia al abrir aquella caja de Pandora, aquella escena de sorpresa podía haber sido ultimate para un anuncio publicitario sobre el reencuentro, no period la complete felicidad, pero se parecía.

Después, y menos mal, la cosa se fue normalizando y empezamos a viajar en las vacaciones. En su momento, tuve que comprar una baca para poder colocar parte del equipaje encima del vehículo, que ni el coche ni su maletero daban para mucho, pero manteníamos la ilusión porque al menos podíamos viajar a la playa en plan autónomo.

Ahora voy a Madrid de vez en cuando, por placer, a pasear y dar una vuelta. Visita obligada es el Corte Inglés de Sol. Y no es solo porque quiera conocer las últimas novedades comerciales, que también. Confieso que esa apremiante visita es una exigencia para evacuar la vejiga, y supongo que no soy el único, que la capital anda muy mermada de urinarios públicos donde aliviarse.
Hasta llegar a los aseos hay que emprender un recorrido que empieza en la planta baja, estimulado por mil y una fragancias de la zona de colonias y maquillajes, hay que dirigirse hasta las escaleras mecánicas. Después, al subir a la primera planta, hay que recorrer un pasillo lleno de tentaciones, cuyo lado derecho despliega la zona de zapatería, mientras que a la izquierda, los bolsos. Pero mi urgencia suele hacer que no preste atención.

Es a la salida, y ya relajado, cuando puedo curiosear por la sección de equipajes. ¡Qué variedad! Cuántas maletas, mochilas y macutos confeccionados con toda clases de materiales, de todos los tamaños y cada cuál más bonito y colorido, con cerraduras tan sofisticadas como una caja fuerte. Algunas son tan grandes como los famosos baúles de la Piquer, que uno piensa que allí dentro debe caber medio armario.

Pero como decía mi compañero Senén, que en paz descanse: «Para viajar, la visa y los calzoncillos». Y no le faltaba razón, que llevando el monedero repleto apenas hace falta equipaje.
Qué paradoja, se me ocurre que los muy ricos y los muy pobres se igualan en esto de viajar. Unos, con apenas un minúsculo tarjetero tienen suficiente para moverse por el mundo. Los otros, necesitan un puñado de billetes para pagar al traficante el incierto pasaje y una bolsa liviana donde guardar los sueños por conseguir un futuro mejor.

Y nosotros, a lo nuestro, indiferentes ante la injusticia, buscando la inmunidad frente al virus y ajenos al drama de otros, deseando preparar las maletas porque parece ser que esto empieza a ver la luz.

Globosonda: Texto para la Caja Negra del mes de julio del 2021

 

” Fuentes www.lanzadigital.com ”

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