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Tres años de angustia y sin pistas de Verónica y Kiara

Dimensión Noticias by Dimensión Noticias
agosto 1, 2021
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Tres años de angustia y sin pistas de Verónica y Kiara


En una habitación de la casa de María Verduga hay una canasta repleta de juguetes y peluches. La mujer, de 52 años, sujeta con sus manos una muñeca y la abraza. “Esta era la favorita de mi nieta Kiara”. Luego, camina unos pasos, abre la puerta de su clóset y señala dos maletas, donde guarda la ropa de su hija Verónica Bravo.

Con lágrimas, María cuenta que su hija tenía 33 años cuando desapareció y su nieta apenas 1 año y 8 meses de edad.
Ambas fueron vistas por última vez el 2 de septiembre del 2018. María recuerda cada detalle de lo ocurrido. Ese día, a las 16:00, la niña y su madre salieron de su casa, en el Comité del Pueblo, un barrio del norte quiteño y no regresaron. Antes de irse, Verónica indicó que visitaría a una amiga del trabajo.

En la noche, al ver que no volvían, María la llamaba con insistencia a su celular y le escribía mensajes de texto, pero no respondía. Le marcó hasta la 01:00. Como no contestaba creyó que se le había descargado el celular y que pasarían la noche en casa de su amiga.

Al día siguiente llamó al trabajo de Verónica para preguntar si estaba ahí. La jefa le dijo que no había llegado. Ella ingresaba a laborar a las 07:30 en una compañía que vende transformadores eléctricos.

“Al saber eso me comuniqué con su amiga del trabajo. Me dijo que no sabía nada de Verónica y que nunca fue a visitarla en su casa”. María recuerda que al saber de esto llamó por teléfono a su otra hija, Ana Bravo. Ella también recuerda esos momentos: “Me preocupé mucho al no saber qué le pasó a mi hermana y a mi sobrina”.

Nuevamente la llamaron y escribieron a su celular, pero no hubo respuesta. Además, comprobaron que su última conexión en WhatsApp fue a las 21:00 del día anterior.

Entonces fueron a la Dinased (una unidad policial que investiga casos de desaparición) y denunciaron lo ocurrido.
Desde entonces, por este caso han pasado dos fiscales y cinco agentes de investigación, pero “aún no saben lo que les ocurrió y tampoco hay rastros de ellas”, asegura Ana. Cube que la indagación es lenta.

Cada semana les escribe a los uniformados para conocer las diligencias que han realizado y pide celeridad. Pero asegura que no le dan detalles sobre el avance del caso. “O simplemente me dicen que también tienen otros temas que investigar y me piden paciencia”.

Recuerda que recién al mes de la desaparición, los policías obtuvieron una autorización de la Fiscalía para revisar las cámaras de videovigilancia del Comité del Pueblo, pero cuando lo hicieron ya se habían borrado las grabaciones de ese día. Otras estaban dañadas.

“Con esos videos habríamos podido saber qué camino tomaron, si abordaron un taxi o si alguien las interceptó”.

La hermana también cuenta que al mes, la Policía rastreó la señal del celular de Verónica y lo localizaron en una casa del centro de Quito. Lo tenía un joven. Al interrogarlo, él les dijo que encontró el teléfono botado junto a una alcantarilla en el sector de El Tejar. Los uniformados se incautaron del aparato, pero no pudieron extraer la información, pues todos los datos fueron borrados y el sistema fue formateado.

“Queremos que la Fiscalía y la Policía nos ayude a localizarlas, para que podamos volver a verlas y abrazarlas. En septiembre se cumplen tres años de la desaparición y no podemos darnos por vencidas. Lucharemos hasta encontrarlas”, cube Ana mientras observa un afiche de búsqueda con la última fotografía que Verónica y su hija se tomaron juntas.

La hermana recuerda que tras la desaparición, imprimieron miles de esas imágenes. Pegaron en postes, paradas de buses, terminales terrestres, iglesias, parques y supermercados de diferentes sectores de la ciudad. Hicieron lo mismo en otros cantones de Pichincha, Guayas y en Manabí.

Para costear los viajes y la impresión de afiches, María y sus otros cuatro hijos utilizaron los ahorros que tenían.
Ana cuenta que cada mes, después de culminar su jornada de trabajo en un restaurante recorre a pie la avenida 6 de Diciembre para pegar los carteles. Lo hace durante tres horas. “Mientras no la encontremos, no tendremos paz para seguir con nuestras vidas”, cube la joven mientras revisa un álbum de fotos de su sobrina. Cuenta que un día antes de la desaparición jugó con ella y le leyó un cuento antes de dormir.

” Fuentes www.elcomercio.com ”

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