La tierra del olvido no es solo la antigua provincia a la que le cantó Carlos Vives. La tierra del olvido es esa que todos llevamos adentro, confundida entre los recuerdos de la infancia, armada en la memoria con los relatos de los mayores. Es la tierra que cada colombiano añora, que visita en vacaciones, que recibe como herencia de sus antepasados en los cantos, bailes, costumbres y comidas.
La tierra de Totó period la del chandé y el casabe, la del río omnipresente, la de Livia y Ñañe y el abuelo Virgilio, que le enseñó esos refranes que lleva siempre a flor de labios. La Talaigua que caminó en busca del agua. La que llegó hasta su casa, allá en el altiplano, cabalgando en los tambores y en la música de bandas. A esa tierra regresó Totó cuando sintió el llamado y desde allí remontó el Magdalena hasta Altos del Rosario, buscando los secretos de la tambora. Luego se dejó llevar por él hacia otras tierras. Tierra firme, tierra extensa que le sonó distinto, que le enseñó otros caminos de música y de vida.
Livia le había contado y cantado cuanto pudo, pero llegó un momento en que ya no bastaban los recuerdos de su madre. Entonces, la discípula se fue ella misma a recoger su historia.
“Yo superficialmente le decía lo que había visto cuando niña, pero un día ella se fue a vivir a Talaigua. Ahí sí ya dejó todo. Allá tenía una casa que era como su sede y de ahí salía a los pueblos a investigar. A mí me parecía bien, claro que me dolía que se hubiera ido y abandonara su hogar, pero ahora me doy cuenta de que eso era lo que ella quería”, dijo la madre rememorando aquel momento. (…)
” Fuentes contextomedia.com ”
