Ya lo puedo decir: “yo fui vegana durante 30 días”. Y también puedo contar que ha sido más sabroso y, a la vez, más duro de lo que imaginaba. Hace tiempo que tengo conciencia de cómo afecta lo que comemos al medio ambiente. También me apetecía alimentarme de un modo más consciente y más sano, priorizando el consumo de alimentos de procedencia vegetal, o lo que es lo mismo, acercarme cada vez más a una alimentación ‘plant based’. Y es que hay que estar muy fuera de este mundo para no saber, por ejemplo, que el agua que se necesita para producir 1 kg de carne es 20 veces superior al que se necesita para generar 1 kg de verdura. Tampoco antes sabíamos qué pasaba dentro de algunas macrogranjas, y cada día comprobamos cómo se ha incrementado la adopción de perros y gatos y, por supuesto, los beneficios que tiene hacerlo.
Muchas veces había coqueteado con la concept de ser vegana. Mientras tanto, en la práctica, se puede decir que soy flexitariana, por llamarlo de alguna manera, porque mi alimentación es supervariada salvo porque hace años que decidí eliminar de mi alimentación el cordero, el cochinillo, la ternera, el foie, y lo que aquella campaña de televisión llamaba “pezqueñines”. Cada uno lleva sus creencias al plato como puede.
La verdad es que la tendencia vegana no para de crecer. Nacen grupos específicos de Meet Up, y hasta acaba de aparecer un Tinder ‘veggie’ que se llama Grazer (“el casamentero sin carne”), proliferan los restaurantes como Sanissimo, y marcas como Heura Foods (los que fabrican la carne vegetal de ‘pollo’, ‘vacuno’ y ‘cerdo’ más famosa del mundo, con proteína vegetal a base de legumbres) y sin GMO (traducido, organismos modificados genéticamente) ya se han convertido en nombres comunes con categoría de antonomasia (“me hago un ‘Heura’ a la plancha).
En los dos últimos años, el número de dietas veganas ha crecido en un 27%, un cambio que se refleja en el crecimiento del mercado de proteínas vegetales, del cual se espera que alcance un valor world de 350 mil millones de dólares en los próximos 20 años (momento en el que se estima que el 60% de las carnes serán de origen vegetal). El veganismo es imparable.
La concept de este desafío empezó con un mail de Veganuary (el reto que invita a los consumidores a llevar a cabo una dieta vegana durante el mes de enero) haciéndome la propuesta. Y a mi, que me encantan mis retos de 30 días, lo consulto con mis jefas, y les encaja la concept, así que… ¡allá vamos!
Semana 1: la incredulidad
Me preocupan las proteínas y los nutrientes, pero hablo con Miriam Donat, nutricionista de Vegan Food Club, que me habla de los principales:
- En cuanto a las proteínas, Alex Pirla, chef ejecutivo de Heura, me cube que tenemos que comer 0,7 g. por cada kg de peso al día. O sea, en mi caso, 60 x 0,7 serían 42 g. Diarios. Bien, me tranquilizo, tampoco es tanto.
- Vitamina B12: la más necesaria del mundo vegano. La experta la recomienda en suplementos líquidos o pastillas en forma de cianocobalamina, ya que es la opción más estable, económica y segura. 2.000 mg. por semana es la dosis que recomienda Alex Pirla.
- Vitamina D: el 90% de su aporte se obtiene por la exposición a la radiación del sol.
- Calcio: está en verduras de hoja verde, brócoli o derivados de la soja. Además, el mayor aporte se encuentra en las semillas de sésamo tostado.
- Omega 3 y Omega 6: presentes en frutos secos como las nueces o semillas de lino.
- Yodo: su aporte a través de la sal yodada estaría cubierto.
- Hierro: está en legumbres, frutos secos, semillas, verduras de hoja verde y cereales integrales. Si los combinas con productos ricos en vitamina C, se favorece su absorción.
En definitiva, lo que los expertos me recomiendan comer durante este reto es: 2/3 veces por semana, legumbres en sus diferentes usos (pasta, hummus, lentejas, guisos…); 2/3 veces por semana proteína vegetal; 1/2 veces por semana, sustitutos tipo tempeh, tofu o soja texturizada o hidratada, mezclada con cereales como el arroz, la pasta, la quinoa, el pan… con frutos secos y semillas (splendid, la chía hidratada toda la noche en una bebida vegetal). Y frutas y verduras al gusto.
Llega el primer día. Voy a la compra, a mi supermercado diario (no mencionaré cadenas). Compro leche y yogures de soja. Me temo que tendré que aprender mucho para ser variada, pero ahora mismo en mi cerebro solo anida el concepto de proteína ligado a la soja. De momento, los yogures de soja son un 50% más caros que los naturales desnatados normales. Y además son azucarados (no me gustan). Imposible encontrar en esta cadena un yogur de soja sin azúcar añadido.
Me acerco a por algo de picoteo o proteína que poner a las tostadas con tomate y aceite del desayuno. Veo una conocida marca fabricante de fiambres que utiliza un nombre que se aproxima bastante a la concept del veganismo. Encuentro unas lonchas con buena pinta. Leo entre los ingredientes “clara de huevo”. Vaya. No hay absolutamente nada en todo el supermercado (unos 500 metros cuadrados de superficie) que sea masticable, lleve proteína y sea vegano. Empezamos bien.
Mi segundo día vegana, salgo a comer con mi amiga Montse a Veggie Corner, y tengo que decir que todo está delicioso. Pero claro, conseguir ese nivel de sabor y textura en mi casa creo que va a requerir de mucho aprendizaje, tiempo y sentido de la logística. Por suerte, esta misma semana recibo una palmadita en la espalda de Violife Foods, patrocinador del reto Veganuary, en forma de lonchas de ‘pavo’ y de ‘jamón’, así como de ‘queso’ de todos los tipos: en lonchas, cremoso, ahumado, rallado tipo ‘Mozzarella’ para la pasta. Son perfectos para mis desayunos y tentempiés, y están hechos a base de aceite de coco.
Al closing de esta semana llega mi primer pedido de Vegan Meals Membership, que me ha salvado la existencia. Es alimentación vegana, riquísima, a domicilio. Cocinan de muerte; nunca hubiera imaginado que esta ‘vegan celebration’ llegara a ser tan sabrosa. No echas absolutamente nada de menos la proteína animal. Lo juro. Destaco su asado vegano con romesco y su chili vegano con arroz integral.
Duda de la semana: la carne vegetal puede llevar la misma cantidad de proteína por cantidad de alimento que la animal, pero ¿es de la misma calidad? Alex Pirla, mi confesor durante estas semanas, me cuenta que lo interesante de las proteínas son los aminoácidos que las forman. Y que la soja y el guisante contienen todos, es decir, son idénticos a la carne a nivel nutricional.
Semana 2: la paz
Necesito algo de disfrute y, sobre todo, parar el ruido y el exceso de información. El reto se está convirtiendo en una obsesión. No pienso en cómo me llamo, cuántos años tengo, a qué me dedico o dónde vivo. Mi única identidad es que soy vegana de repente, así que necesito desconectar. Y me voy a brunchear (perdón, ‘vrunchear’). Busco entre mis notas de prensa, y me voy a Adorado Bar. Lo dicho, para no pensar ni preguntar. Necesito que dejen de mirarme raro, con pena o condescendencia por un ratito. En el de la calle Ferraz de Madrid tienen un vrunch delicioso con berenjena, pepinillos, aguacate, ‘hummus’ de remolacha, ‘porridge’ (que me flipa) y un bol de frutos secos con sésamo y chocolate que pienso hacer en casa un finde sí y otro también.
Invitación a inauguración de restaurante. Italiano: Il Posto Madrid. Aviso de mi condición. No importa, me preparan unos platos deliciosos con lo mejor de la huerta del país del ‘spaguetti’. Solo tengo que mantenerme alejada de la máquina cortafiambre classic que no para de lanzar láminas de mortadela de Bolonia. Me entregan una bolsa con el file de prensa. Al llegar a casa… ¡sorpresa! Dentro hay un ‘blister’ de ‘prosciutto’. Reconozco que ese momento fue el más cercano de todo el mes de cargarme el reto. Pero aguanté. ¿Cómo? Las ganas de poder contarlo ahora mismo.
Llega un envío de Heura. Lo de esta marca es alucinante: tienen ‘carne’ picada, tacos para hacer brochetas, albóndigas, hamburguesas (22 g. de proteína por cada 100 g. de alimento)… y hasta ‘nuggets’ o chorizo (me ha encantado). Y tengo que decir que la experiencia de tomar todos estos productos no fue en absoluto un insípido “no está mal…”, es que repetiría y repetiría. Elegiría tomar carne vegetal porque sí. Está tan bien aderezado…
Semana 3: el orgullo
Estoy contenta: me he familiarizado con la cocina vegana. En realidad, se trata de sustituir los lácteos por sus homólogos vegetales (ahora ya sé que existen), incorporar a la alimentación más verdura y legumbres, y cocinar la proteína vegetal bien salteada. El truco de prepararla es redescubrir las especias y las semillas. ¿Pero por qué les hacemos tan poco caso?
Esta semana me toca viajar a Barcelona por trabajo; es un ida y vuelta en el día con almuerzo incluido. Aviso a la responsable de prensa para que tenga en cuenta mi particularidad. Almorzamos en Enrique Tomás Experience, una conocida jamonería en la que tienen la delicadeza de elaborar un menú maravilloso para mi a base de tres hummus, una ensalada maravillosa de mil colores y texturas y una crema de guisantes para chuparse los dedos.
El resto de la semana sucede sin incidencias, porque ya soy una vegana de logística (lo más importante) y de corazón (siempre lo fui).
Semana 4: la conciencia
Otro ángel de la guarda se une a mi membership: Wetaca, una empresa que cocina tápers deliciosos y los envía a domicilio. Me seleccionan los 5 platos veganos de la carta que elaboran utilizando dos tipos de proteínas vegetales: Heura y Legumbreta, además de que combinan legumbres con cereales para obtener una proteína más completa. Me chiflan los garbanzos ‘thai’ con curry y los ‘linguine’ con boloñesa vegana.
Hoy, tomando notas y buscando datos, me he enterado de que he reducido mi huella de carbono un 73%, he ahorrado unos 62.000 litros de agua (o el equivalente a la que se perdería dejando la ducha abierta 5 días enteros), y he dejado libres 700 metros cuadrados de tierra en los que se podrían plantar 150 árboles.
Justo cuando voy a poner el punto closing a este artículo me llega una convocatoria para probar la presentación del Vegan Cocido Madrileño del Hotel Barceló Imagine, con sus croquetas, su ‘sopamen’ con fideos de trigo sarraceno, las verduras, la morcilla de calabaza, el chorizo vegetal y los buñuelos de la abuela. No está mal. Y no solo por ser más sostenibles, sino porque seguro que después puedes seguir haciendo una actividad regular sin ganas de echarte una siesta.
Conclusión (con pestañas incluidas)
Al closing, me doy cuenta de durante estos 30 días he comido sano y sabroso mientras he contribuido a proteger a los animales y al planeta. Doy fe de que cambiar la alimentación no va de voluntad, sino de organizar bien la despensa, tener muy a mano los proveedores del tipo de alimentos que elegimos, y montar una buena logística. He sido consciente de la imperiosa necesidad de información que tiene, en términos generales, el sector de la hostelería acerca de lo que es exactamente ser vegano. Y añado que me han crecido las pestañas como si no hubiera un mañana. ¿La razón? Ni concept. Pero es cierto.
¿Mi recomendación? Si vas a salir del entorno metropolitano, es muy possible que no tengas nada que comer salvo pan y café. Hasta que te encuentres en territorio “vegan”, pertréchate con fruta o un puñado de nueces. A veces puede ser desesperante. En algunos establecimientos (y aquí incluyo las grandes ciudades, por supuesto), si pides una leche vegetal y no la tienen, te la propondrán desnatada o sin lactosa con toda su buena voluntad. Yo que tú, además de declinar amablemente, les explicaría por qué. Hace falta informar.
Lo cierto es que concienciarse con lo que comemos tiene que ver con abrir los ojos, aunque solo sea un poco o, por lo menos, saber de verdad a cuánto estás dispuesto a renunciar, en la práctica, por ello. Me encanta uno de los mensajes del mundo vegano que he interiorizado estas semanas: #thenewnormal.
¿Si continuaré? No sé si lo haré a pies juntillas (prometo contarlo), pero lo que sí tengo claro es que en mi vida ya hay un antes y un después de este reto. Nunca hubiera imaginado que la comida vegana fuera tan sabrosa. Y es que la buena mesa a menudo tiene que ver con ser más creativo a la hora de cocinar, con darnos cuenta de la importancia de las especias y los mil ingredientes que nunca tenemos en cuenta para conseguir platos sabrosísimos y sanísimos.
Más de la mitad de las pautas que he seguido durante este mes ya están incorporadas a mi vida. ¿Tendré que hacer también nuevos amigos?
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