TODO EMPEZÓ EN LA CASA AMATLLER
A inicios del siglo XX, el arquitecto modernista Josep Puig i Cadafalch ideó el ‘panot de flor’ o ‘flor de Barcelona’, un novedoso diseño de baldosa con el dibujo de una flor de cuatro pétalos en el centro, creado para decorar el patio de carruajes de la casa Amatller. En aquel momento, cada vecino period responsable de pavimentar los dos metros y medio de acera que había frente a su casa con los materiales que proporcionaba el Ayuntamiento y, en consecuencia, el suelo de la ciudad period caótico, desordenado y solía estar lleno de barro.
A raíz del desarrollo del Eixample, el Ayuntamiento decidió mejorar esta situación y empezó a pavimentar las aceras de manera ordenada. Dada la enorme popularidad que había alcanzado el ‘panot de flor’ de Puig i Cadafalch, su diseño de baldosa fue uno de los cinco elegidos para recubrir el nuevo suelo de la ciudad. Así, la famosa flor se convirtió en uno de los símbolos más destacados del modernismo y de Barcelona.
MÁS LLUVIA, MÁS CANALES
Años después, el Ayuntamiento de Bilbao recuperó este dibujo para el nuevo diseño de las baldosas con las que pretendían resolver las necesidades del clima lluvioso característico de la zona. De esta manera, eligieron la ‘flor de Barcelona’ y aplicaron algunos cambios para facilitar el desagüe de las aceras: la nueva baldosa mantenía la flor de cuatro pétalos en el centro y, además, contaba con cuatro pequeños canales para drenar la lluvia de las calles. Gracias a esta pequeña modificación, los bilbaínos siempre podrían pisar sobre seco.
Las baldosas originales se fabricaron de manera artesanal, utilizando como principales materiales el hormigón, la area gruesa, el agua y pequeñas virutas de hierro, añadidas para evitar que los peatones se resbalaran. Actualmente, las baldosas están hechas de cemento, pero mantienen exactamente el mismo diseño que las primeras.
Con el tiempo, este símbolo urbano se ha convertido en uno de los iconos más representativos de la ciudad. El diseño de la ‘baldosa de Bilbao’ aparece en camisetas, joyas, souvenirs, repostería, carteles de fiestas e incluso en el estampado de los pañuelos que los bilbaínos lucen durante Aste Nagusia, la Semana Grande de Bilbao. Por eso, conocer su historia es también conocer la historia de la capital vizcaína y su curioso vínculo con Barcelona.
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” Fuentes viajes.nationalgeographic.com.es ”
