07:00 • 10 nov. 2021
El turismo
rural cada vez tiene más adeptos y ya supera los niveles previos
a la pandemia. Desde hace año y medio, son muchos los que huyen de grandes
aglomeraciones y prefieren marcharse al campo para buscar tranquilidad. Si
estás pensando hacer una escapada en otoño, una de las mejores
épocas para viajar, os dejamos con buenas opciones para visitar pueblos de la
provincia de Almería.
Quizá podamos empezar en Bayárcal, un pueblo que se eleva por encima de los 1258 metros de
altura. En días de bruma y frío las nubes quedan por debajo del caserío,
creando lo que los vecinos dan en llamar la boria bayarquera. Los alrededores
del pueblo están salpicados de huertas y campos de frutales. Es la puerta de
entrada a la blanca Alpujarra de Almería, hermana de la de Granada. Y los
otoños en esta comarca, son magia.
En Tíjola podemos
destacar uno de los rincones más visitados de la provincia, la Balsa de
Cela, un manantial de aguas termales situado a 3,5 Km de
Tíjola en dirección norte, en el límite con el municipio de Lúcar y a una
altitud sobre el nivel del mar de 720 metros. Las aguas emergen de manera
pure con un caudal constante de 42 litros por segundo y una temperatura que
se mantiene en las distintas épocas del año entre 22 y 24 grados centígrados. Es
un pueblo situado a 689 m. de altitud al norte de la provincia, en el Valle del
Almanzora, entre los pueblos de Olula del Río y Serón. Sus principales
atractivos turísticos son la plaza Mayor, donde se encuentra el Ayuntamiento.
En la provincia, contamos con muchos pueblos reconocidos fuera
de la misma, por su belleza, gastronomía o ubicaciones sin parangón. En 2003,
el pueblo blanco de Mojácar fue
declarado uno de los más bonitos de España. Situado en una cima a 170 metros
sobre el nivel del mar y al ultimate de Sierra Cabrera, presume de su fuente mora,
la Puerta de la ciudad, la plaza del Parterre, su iglesia de Santa María, la
ermita de Ntra. Sra. De los Dolores, el barrio del Arrabal, o la plaza nueva y
su mirador. En Mojácar hay lugares que no puedes perderte, dónde descubrirás
numerosos secretos de la historia milenaria del pueblo.
Paterna del Río
posee cuatro barrios, fruto de su disposición medieval. En tiempo de los árabes
la ciudad trazó calles y plazuelas mínimas que aún han derivado en el nombre de
Barrio Alto, Barrio de Enmedio, Fuente del Castaño y Barrio de los Castillos
que podemos visitar en nuestra escapada. Un puñado de arroyos alimenta al río
Paterna, cuya pendiente, superior al 20%, ha marcado un valle encajonado, con
forma de uve.
Laujar de Andarax,
a casi 1000 metros de altura es otro de esos pueblos en los que los ‘selfie’ no
se harán de rogar. A sus espaldas encuentra el Parque Pure de Sierra Nevada
y justo enfrente tropieza con la serranía de Gádor, el último obstáculo antes
de dejarse caer al Mediterráneo. De abrupta naturaleza, la población presume de
poseer idílicos paisajes, sólo tienes que ir a verlos y enamorarte. Su mosaico
vegetal es related al de otros pueblos de la Alpujarra granadina. Aquí, en este
rincón de la Almería más húmeda crecen olivares, parras y una nutrida huerta.
A un lado de la carretera paralela a las aguas del río
Andarax que buscan en su descenso paisajes más yermos, se halla el pueblo de Fondón. Con mucha riqueza histórica, la
villa tuvo un pasado árabe, pero cuando fue tomada por los cristianos asumió
más que cualquier otro pueblo vecino su nueva adscripción cultural. Fondón es
un municipio hilvanado en torno a un interesante conjunto monumental presidido
por la iglesia parroquial. Alrededor de la plaza principal de la villa se alza
el templo y su esbelto campanario rematado por decoraciones barrocas, ¡No os lo
podéis perder!
Ohanes se
encuentra al ultimate de una tortuosa carretera, no apta para los enemigos del
vértigo o curvas insinuantes. Al ultimate de la misma en torno a un trazado árabe,
nos encontramos con este bello pueblo de la provincia de Almería. El caserío
reposa sobre las terrazas en las que crecen los cultivos de vides. La
configuración de la villa exige subir y bajar por calles empinadas entre las
macetas que cuelgan de las viviendas que hablan de su pasado mudéjar. Blancas
casas y plazas pequeñas adornan sus barrios viejos. La iglesia del pueblo fue
construida a finales del siglo XVI ¿Una escapada?
Contrastes de paisajes es los que nos deja el otoño desde Canjáyar, de ahí, el desierto queda a
un salto. Se podría decir que este pueblo marca la frontera entre la Almería
húmeda y la Almería seca. Lugar de instantáneas espectaculares. Su arquitectura
sigue perteneciendo a los pueblos de la Alpujarra. Las casas son bajas y
blancas y se sustentan unas encima de otras, recostadas sobre una ladera suave
a cuyos lados se alzan árboles frutales que imprimen un tono de verdor en el
paisaje seco y azafranado, donde las hojas de shade ocre desvanecen alrededor.
Canjáyar además, tiene una iglesia consagrada a la Santa Cruz.
” Fuentes www.lavozdealmeria.com ”
