Como Asociación Civil comprometidos con la tarea de fomentar la salud mental en nuestra comunidad, hoy nos dirigimos a ustedes con una mezcla de preocupación y urgencia, porque lo que está sucediendo con nuestros jóvenes nos afecta a todos, no solo como familias, sino como sociedad. Estamos viviendo una crisis silenciosa en temas de adicciones y salud mental que está cobrando un precio altísimo, especialmente aquí en Cancún y en todo Quintana Roo.
Es hora de abrir los ojos y dejar de mirar hacia otro lado. Es fácil pensar que “eso no me pasará a mí” o que “mi hijo está bien”, pero la realidad es que los riesgos están más cerca de lo que creemos. Las adicciones, la ansiedad,
la depresión y otros problemas de salud mental no respetan estratos sociales ni edades. A menudo comienzan de forma sutil, con comportamientos que, si no somos observadores y conscientes, podemos dejar pasar por alto.
Nuestro papel como padres no es solo brindar alimento, educación y techo. Es también estar presentes, observar, escuchar y actuar. ¿Cuánto tiempo dedicamos realmente a conocer lo que sienten y piensan nuestros hijos? ¿Sabemos con quiénes se relacionan? ¿Estamos al tanto de lo que consumen en internet y redes sociales? Estas son preguntas incómodas, pero necesarias.
Las adicciones y los problemas de salud mental no solo destruyen familias; son una bomba de tiempo para nuestra sociedad. Jóvenes sin rumbo, atrapados en la desesperación, se convierten en adultos sin herramientas para construir una vida plena. Y esto no solo afecta sus hogares, afecta nuestras calles, nuestras escuelas, nuestras comunidades.
La prevención comienza en casa. No podemos esperar que las autoridades, las escuelas o alguien más hagan el trabajo por nosotros. Hablen con sus hijos, escúchenlos sin prejuicios, enséñenles a manejar sus emociones y a
buscar ayuda cuando la necesiten. Si identifican señales de alerta, no las minimicen; actúen de inmediato.
Es cierto que ser padres no viene con un manual, pero sí con una responsabilidad inmensa. Abramos los ojos, asumamos esa responsabilidad y trabajemos juntos para construir un entorno seguro, saludable y esperanzador para nuestros hijos y para toda nuestra comunidad.
La salud mental y la prevención de adicciones no son solo problemas de ellos; son problemas de todos. Y cada uno de nosotros puede marcar la diferencia si decide informarse y ser parte activa de la solución.
Con preocupación, pero también con esperanza,
El Consejo Directivo
VITAL, Centro Juvenil de Salud Mental, A.C.
