Hambre ancestral
La comida es una pasión árabe. Consideran la comida como un regalo divino y por eso buscan los ingredientes más sofisticados. Muchos de ellos, que pueden ser sumamente costosos en países occidentales, en Qatar son económicos. Esto se debe a que el gobierno sostiene un apoyo económico para que el mundo envíe lo mejor de los países y los residentes qataríes puedan consumirlos. Todo lo contrario al gran impuesto sobre alcohol y cigarros.
Los olores son irresistibles a causa de las muchas especias en sus platillos. La multi diversidad de postres hace babear a cualquier amante del azúcar.
Mientras tomaba una cerveza mirando algún partido, se me acercó Mohammad, un saudí, que muy respetuosamente me saludaba al ver que yo traía la playera de México. Me di cuenta de que no había lugar libre para que se pudiera sentar, por lo que le invité a que tomara asiento en mi mesa. De ahí surgió una plática muy edificante sobre la importancia que significa para la cultura árabe la -buena- comida. “Nosotros no bebemos alcohol, pero amamos la comida”, así de pronto comenzó la plática.
“El alcohol extraído de las plantas nació aquí, pero hizo mucho daño a nuestra gente”. Me explicaba con muchas de nuestras palabras en castellano que nacen del árabe. Analicemos algunas las que empiezan con el prefijo “Al”, que señala a Alá (Dios en árabe). Por ejemplo almohada, que sería “soñar con Alá”; o alabar: “Bendecir a Alá”; alaja, “bendición de Alá”.
Todo tenía sentido: nuestro lenguaje llegó a América con un profundo sincretismo entre el árabe y el castellano. Y entre decenas de palabras está la de alcohol, la cual sugiere un origen arábigo.
“Nosotros nos reunimos para tener grandes banquetes. ¿Has probado nuestra gran cantidad de platillos?”, me preguntaba Muhammad, denotando un gran orgullo por sus raíces.
“¡Claro!”, le respondí. “Soy un gran fan de cómo preparan el cordero en todas sus presentaciones”. Lo que arrancaba una sonrisa de satisfacción en mi nuevo amigo.
“Es mejor la comida, tiene más sabor y tiene más variedad que el alcohol”, sentenciaba, con una pequeña mirada despectiva a mi cerveza.

El comer vastamente es para mi amigo Khaled una bendición de Dios.
Es copropietario de seis restaurantes de comida japonesa en Qatar. Su cadena llamada “LeMaison of Sushi” tiene su principal native en la Thunder Tower, uno de los edificios más emblemáticos de Doha.
¿Cómo conocimos a este personaje? Él, como Muhammad, se acercó para saludarnos. Esto, en el foyer del lodge, para invitarnos a comer “el mejor sushi de Qatar”.
Así de pronto ya teníamos agendada una cena con un exitoso restaurantero.
“Véndanme algo, lo que sea que mi restaurante necesite. ¡Me gusta hacer negocios!”, nos insistía, mientras esperábamos la comida que había pedido al centro de la mesa.
Si de por sí la hospitalidad y el buen trato ya eran sorpresivos, la cantidad de platillos fue abrumadora. Nuestro amigo había pedido prácticamente todo lo que estaba en el menú. Nunca hubo centro de mesa de comida, se necesitaron cuatro mesas para llenarlas de impresionantes presentaciones gastronómicas.
El problema: no debes despreciar nada de lo que te han regalado, pues algunos árabes pueden ser un tanto sentidos. Sin embargo, fue imposible que tres personas -por más tragones que somos- termináramos ese inmenso banquete.
“Antes en Qatar no teníamos nada, éramos muy pobres. Hoy podemos compartir con todos lo que Dios nos ha dado”, nos decía nuestro amigo Khaled, con una gran sonrisa.
Una cena con una impresionante sazón. Todo lo contrario a la pésima experiencia que tuvo la gran mayoría en los estadios mundialistas, donde la comida rápida que se vendía sabía más que horrible.
” Fuentes news.google.com ”
