Arte rupestre y naturaleza a raudales esperan a toda viajera que decida descubrir las cuevas cántabras, como Isabel García, para quien la Cueva de Altamira es un punto de partida ideally suited capaz de trasladar a otras épocas. A 2 kiómetros, Santillana del Mar -conocida como la villa de “las tres mentiras” porque ni es santa, ni es llana, ni tiene mar- invita a pasear por sus calles empedradas hasta la Colegiata de Santa Juliana, declarada Monumento Nacional de España desde 1889 y que cuenta con un delicioso claustro románico adosado al muro de la Iglesia de finales del siglo XII cuyas columnas están decoradas con bellos capiteles con tallas de animales mitológicos.
El viaje continúa por los parajes verdes de la Sierra de Arnero hasta Cueva de El Soplao, donde no se encuentran pinturas rupestres, pero si un rico legado geológico con formaciones poco comunes como draperies y helíctitas que desafían la gravedad. Tras una obligatoria parada en la Cueva del Pendo, situada en Camargo y famosa por sus pinturas ancestrales, se llega a la Cueva de Covalanas. “Hay que reservar previamente la visita pero la experiencia merece mucho la pena. El guía, linterna en mano, te introduce en una cavidad oscura que fue habitada hace millones de años para descubrir las bellas siluetas de las ciervas rojas que quedaron plasmadas en sus paredes”, recalca Isabel. La caminata hasta su entrada rodea la impresionante pared formada por el río Calera. Para terminar esta ruta por el arte rupestre cántabro hay que hacer una parada en la Cueva de El Castillo. En sus paredes se pueden contemplar pinturas de animales y símbolos de significado desconocido pero lo que realmente destaca son todas las manos en negativo pintadas en rojo que recorren el trazado de la cueva. “Estudios arqueológicos descubrieron que estas manos pertenecían a mujeres, descubrimiento que hizo desechar la idea de que los artistas prehistóricos eran siempre hombres”, añade. Esta ruta entre montañas verdes, ríos caudalosos y mucha historia tiene que terminar en Puente Viesgo, comiendo sobaos pasiegos y descansando en su balneario.
” Fuentes viajes.nationalgeographic.com.es ”
