Lo que sabemos sobre el espacio exterior no es nada comparado con lo que todavía desconocemos. Trastear con la última frontera de la especie humana reporta valiosísimos conocimientos sobre nuestro universo, su origen e incluso las posibilidades que ofrece para nuestra supervivencia, pero también entraña algunos peligros. O lo que es peor: no tenemos ni concept de lo que entraña. La ciencia alberga alguna noción de los cambios que producen los viajes espaciales en el cerebro, pero ¿y en el resto del cuerpo humano?
Un estudio publicado en la revista científica Cells repasa el estado de la cuestión en lo que respecta a los efectos del viaje espacial sobre la salud humana. Aunque la máxima sigue siendo que todo lo que todavía no sabemos eclipsa los pocos datos que se conocen, los investigadores han hecho un exhaustivo repaso de las diferentes formas en que viajar al espacio exterior puede afectar a nuestro cuerpo. Para simplificar, han separado en estos tres grupos las más potencialmente horripilantes. A lo mejor ese grupo de aficionados que planea lanzar al primer astronauta amateur al espacio debería pensárselo dos veces.
Peligros del viaje espacial: Mutaciones en el ADN
Estudios recientes han demostrado que la radiación espacial puede provocar mutaciones en el ADN. Y si esto ya da un poco de yuyu de por sí, espera a leer cómo ese issue dispara las papeletas de los seres humanos para tener cáncer. Al examinar muestras de sangre de 14 astronautas de la NASA que volaron al espacio entre 1998 y 2001, una investigación del Hospital Monte Sinaí se encontró el año pasado que todas ellas mostraban mutaciones en la información genética. Mutaciones que pervivieron durante décadas en las muestras.
De las 34 mutaciones diferentes encontradas en el genoma de los astronautas, la mayoría aparecían en TP53, un gen encargado de producir una proteína que scale back los tumores, y DNMT3A, un gen cuya mutación se relaciona con la leucemia. Aunque estas mutaciones no son tan drásticas como para representar un verdadero peligro para la salud de los astronautas a largo plazo, nos recuerdan la importancia de controlar los cambios sufridos por los cuerpos de los viajeros espaciales a años vista.
Peligros del viaje espacial: El polvo espacial
El polvo espacial sigue siendo uno de los grandes interrogantes a la hora de calcular el impacto del viaje interestelar en el cuerpo humano. Tanto el que hay flotando en el vacío como el que se encuentra en planetas y lunas distintos a los nuestros pueden tener efectos desconocidos —y, por lo tanto, peligrosos— en el organismo de los astronautas.
Dadas las propiedades únicas del polvo lunar, no digamos ya el que se encuentra en otros cuerpos celestes todavía no visitados por la especie humana, los científicos consideran este agente extraterrestre “el mayor desafío para el viaje espacial de larga duración”, por potenciales efectos a nivel respiratorio, cardiopulmonar, ocular o dérmico. Todavía hace falta mucha investigación sobre los resultados de la exposición del organismo a polvos alienígenas: ¿quién se presta voluntario?
Peligros del viaje espacial: La microgravedad
Uno de los aspectos más atractivos del turismo espacial es también uno de los principales quebraderos de cabeza para los médicos e investigadores preocupados por la salud humana en el espacio exterior: la microgravedad. A lo largo de la última década, varios estudios han detectado que los niveles alterados de fuerza gravitatoria que se encuentran en las profundidades del cosmos pueden afectar negativamente al sistema inmunitario e incluso despertar virus latentes.
El virus del herpes Epstein-Barr, el que causa la mononucleosis, es un clásico de los viajes espaciales. La microgravedad, junto con la radiación y los altos niveles de estrés a los que se someten los astronautas, están entre los posibles factores de su ordinary reactivación durante los viajes espaciales. Un cuerpo humano en este estado de inmunodeficiencia las pasaría canutas exponiéndose a las bacterias espaciales, que han demostrado ser más dañinas y resistentes a los antibióticos que las bacterias de la Tierra.
” Fuentes news.google.com ”
