A todos nos fascinan los chismes que suceden (o que imaginamos que suceden) dentro de un lodge. En especial si se trata de uno de esos hoteles legendarios que han sido escenario de la historia propiamente dicha o de historias para dormir y para no dormir. También si se trata de algunos de nuestros mejores hoteles de lujo en los que nos divierte otear quién hay y quién no hay, dilucidar cuál será el elegido por la celeb de turno o enterarnos de su último cotilleo o excentricidad. Esta ha pedido pintar a su gusto su suite; el otro ha querido llenarla de rosas blancas; aquella ha cerrado el lodge al completo para su uso y disfrute… No obstante, a veces son los huéspedes anónimos los más interesantes, los que dan más juego, los que ponen a prueba a un private que tiene la difícil tarea de cumplir sueños para proporcionar una experiencia inolvidable.
Son los miembros de este private, algunos representantes de algunos de los establecimientos más selectos de este país, los que nos han “soplado”, siempre con la discreción que les caracteriza por bandera, unos cuantos cuentos que te divierten seguro. Si es así, ¡sigue leyendo!
Una cena con Chris Martin
Y no, no la pidió su entonces mujer, Gwyneth Paltrow, la pidió por e mail un cliente desconocido del Hotel W Barcelona, la icónica vela que ya es un símbolo de la Ciudad Condal. Este huésped conocía bien el servicio “Whatever/Whenever” del establecimiento, que asegura que pueden realizar lo que desees cuando lo desees. Pues bien, esta persona quería cenar en su cuarto con el cantante de Coldplay. ¿Consiguieron satisfacerle? Al menos la situación se resolvió con gracia: el equipo del lodge imprimió una silueta del artista a escala actual y lo sentaron en una romántica mesa preparada con todo detalle.
El enfado de Frank Sinatra
Uno de los cantantes y actores más populares de todos los tiempos llegó a Madrid en 1986 para dar un concierto. Se alojó en la suite presidencial del Ritz (hoy Mandarin Oriental Ritz, igual de maravilloso) pero disfrutó poco de la ciudad por el disgusto que manejaba. De hecho, apenas salió de la grandiosa habitación porque no había vendido el número de entradas esperado. “Por encima de mi cadáver”, debió pensar, y se dedicó a repartir localidades entre los empleados del lodge. De hecho, aquello acaparó titulares. La organización fue un desastre y el propio Sinatra fue el que se encargó, así, de llenar el Bernabéu.
Leonard Bernstein al piano
¿Imaginas pasar por el foyer del lodge y encontrarte a semejante figurón tocando? Ocurrió con Leonard Bernstein, el famoso compositor y director de orquesta, que se alojó también en el Ritz en 1984. La dirección del lodge cambió a propósito el piano de lugar colocándolo a la entrada del restaurante, confiando en que no se podría resistir a tocarlo durante su estancia. Su previsión se cumplió. Un día, al pasar por delante del piano se paró y tocó algunas notas, frunció el ceño y al intentarlo otra vez cerró el piano quejándose de que no estaba afinado. Todo el mundo se quedó desconcertado e inmediatamente se llamó al afinador: Leonard Bernstein tenía razón, el pianista del lodge se había olvidado un plato de postre sobre las cuerdas.
Un apagón actual
Manuel Pizarro, histórico ‘concierge’ del Villa Magna (hoy fabulosamente actualizado por Rosewood) tiene anécdotas para pasarte varias tardes con él. Una de las más llamativas sucedió en los días previos a la boda de los actuales Reyes. Numerosas casas reales europeas se alojaban en el lodge y cuando iba a llegar la holandesa, encabezada por la reina, el lodge se quedó sin luz. Faltaban cinco minutos para que la monarca hiciera su entrada, con todo el equipo en la puerta para saludarla y ni los ascensores (la comitiva se alojaba en la octava planta) funcionaban. Pizarro cuenta que sus plegarias debieron ser escuchadas porque en el momento en que pisaron el lodge, cuando los miembros de seguridad fueron a pulsar el botón del elevador, la luz se hizo.
Ópera en vivo… y en directo
Relata Pizarro que un gran empresario de una compañía de medios de México le pidió ir al Teatro Actual a ver a Plácido Domingo cuando no quedaba una sola entrada. Manuel movió hilos y consiguió, por fin, que hicieran un hueco a su huésped. Lo que no le dijeron y no se imaginó period cómo sería ese hueco: situaron al cliente mezclado con el coro, vestido con la misma ropa que los integrantes. Intuimos que cantar no cantó pero nunca se imaginaría ver a Plácido tan de cerca.
Flores a medianoche
“Estando en el turno de noche -continúa contándonos- llegaron unos clientes de madrugada y el señor me pidió comprar unas flores para su esposa ya que era su aniversario de bodas y no se había acordado. Le dije que iba a ser complicado pero se me ocurrió que a la 1 de la madrugada en el único sitio que podía encontrar flores sería en el tanatorio. Mandé a un botones en un taxi y conseguimos unas rosas para la señora. Ella, encantada”.
Amanece, que no es poco
Eso debió pensar el directivo de la cadena Vincci, con estupendos establecimientos de 4 y 5 estrellas por España, al que una pareja de huéspedes convocó a las 6 de la mañana en su habitación. Se quejaban reiteradamente del amanecer. “Para preparar lo mejor posible mi cita con ellos a esas horas, recopilé toda la información de la reserva, en la que ponía claramente que querían la habitación de la foto. A la hora de la cita entré en la habitación y la pareja estaba en la cama con las cortinas abiertas, con la luz del amanecer al lado contrario de la cama… Lo ve, me decían, esta es nuestra queja, el amanecer”. Los clientes, que en su casa no tenían cortinas, estaban acostumbrados a que la luz les despertase cada día y querían lo mismo. La solución fue cambiar toda la decoración de la habitación y orientarla para que al día siguiente a las 06h50 el sol despertase a los huéspedes en el rostro.
Por favor, arreglen la habitación
Desde la misma compañía nos cuentan cómo, al finalizar una estancia de una semana, y al preguntar a los huéspedes qué tal había ido todo, estos respondieron muy desencantados. ¿Qué pasó?, les preguntaron. “La idea era venir de vacaciones -respondieron- y no tener que hacer nada durante estos días. Sin embargo, todos los días, cada vez que salíamos de la habitación teníamos una nota del hotel diciendo “por favor arreglen la habitación” y claro, cómo no íbamos a hacerlo si por el otro lado ponía “no molesten”. La gobernanta confirmó que, en efecto, la habitación estaba todos los días como si no se hubiera usado.
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” Fuentes www.esquire.com ”




