El agua puede presentar sedimentos, cambios de color, olores o sabores que modifican sus características y hacen necesario identificar el tipo de tratamiento que requiere antes de destinarla al consumo humano.
Al respecto, Agua Óptima, empresa mexicana especializada en tecnologías de purificación, señala que seleccionar una tecnología sin evaluar esas variables puede limitar el desempeño del tratamiento.
Es decir, no todos los contaminantes son visibles y tampoco pueden eliminarse mediante un mismo proceso de filtración.
“Una de las confusiones más frecuentes es pensar que todos los filtros purifican de la misma manera,
Por ejemplo, un filtro de sedimentos puede retener partículas visibles, pero eso no significa que elimine bacterias o sustancias químicas disueltas. Para seleccionar el sistema idóneo, es necesario conocer las características particulares del agua que se va a tratar y entender qué puede hacer cada tecnología”, señala Alfonso Escalante, director general de Agua Óptima.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la seguridad del agua de consumo debe evaluarse mediante la identificación y el control de riesgos físicos, químicos y microbiológicos.
Su enfoque considera tanto las condiciones de la fuente de abastecimiento como los procesos de tratamiento, almacenamiento y distribución.
Por su parte, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) señalan que los tratamientos domésticos y comerciales tienen capacidades distintas:
– Los filtros de sedimentos retienen partículas suspendidas, como tierra, arena, óxido y partículas grandes, mientras que los de carbón activado tienen capacidad para eliminar el cloro y determinados compuestos responsables de olores y sabores.
– La ultrafiltración utiliza membranas capaces de retener partículas y determinados microorganismos, como bacterias, dependiendo del tamaño de poro, Mientras que la ósmosis inversa emplea membranas de mayor selectividad, con lo que elimina hasta el 99% de los sólidos disueltos, sales, metales, bacterias y contaminantes biológicos, según el diseño y las condiciones de operación.

– La desinfección mediante luz ultravioleta constituye otra tecnología utilizada en el tratamiento del agua. Su función consiste en inactivar microorganismos (virus y bacterias) mediante radiación, aunque no elimina sedimentos ni contaminantes químicos.
Estas diferencias explican por qué algunos equipos combinan varias etapas de tratamiento. Además, la selección de los filtros también debe considerar el volumen de consumo: En oficinas, hospitales, establecimientos comerciales y otros espacios de alta afluencia, los equipos pueden operar durante periodos prolongados y atender a numerosas personas, lo que exige dimensionar su capacidad y establecer programas de mantenimiento.
“La sustitución de filtros es uno de los aspectos que deben tomarse en cuenta para conservar el desempeño, pues estos tienen una capacidad de retención y una vida útil. La frecuencia de reemplazo depende de la calidad del agua que reciben y de cuánto se consume. Cuando el mantenimiento no se realiza oportunamente, el equipo puede dejar de funcionar dentro de las condiciones para las que fue diseñado”, explica el director general de Agua Óptima.
Otra variable para evaluar el desempeño del sistema de purificación es la certificación de los componentes. Los estándares NSF/ANSI 42 y 53, por ejemplo, contemplan la reducción de determinados contaminantes estéticos y de aquellos asociados con efectos en la salud,
respectivamente. El estándar NSF/ANSI 58 corresponde a sistemas de ósmosis inversa. Estas
certificaciones se otorgan para capacidades específicas y no significan que un purificador elimine cualquier sustancia presente en el agua.
Para las empresas, la elección de un sistema de purificación también forma parte de la administración de sus instalaciones. Los equipos conectados directamente a la red hidráulica permiten tratar el agua en el punto de consumo y pueden reducir las necesidades de compra, transporte y almacenamiento de garrafones, siempre que las condiciones del suministro sean compatibles con la tecnología instalada.
“En espacios donde muchas personas consumen agua todos los días, el sistema tiene que responder tanto a las características del suministro como a la demanda. También debe existir un programa de mantenimiento y seguimiento. La tecnología por sí sola no sustituye esos procesos”, añade Alfonso Escalante.
