Creo que estaremos todas y todos de acuerdo en que la situación a la que nos enfrentamos en nuestro sector actualmente es la más grave de las últimas décadas y va a marcar un antes y un después. Mucho más condicionante que la disaster del petróleo, mucho más seria que la disaster provocada por el derribo de las Torres Gemelas de Nueva York. Y esto va a ser así porque la disaster precise nos va a afectar de un modo todavía más world que las anteriores. Se trata de una disaster sanitaria, pero también climática, ecológica, económica y sistémica.
Nos va a tocar pensar y reflexionar mucho sobre cómo queremos que sea la salida de la misma. Parece claro que ya nadie desea regresar al modelo anterior prepandémico, pero es que además tampoco sería posible, pues ha quedado más que demostrado que ello no es sostenible desde ningún punto de vista.
Por eso tenemos la obligación, aunque también la oportunidad, de repensarnos y de reinventarnos. Y una de las salidas que se nos presentan va muy relacionada con un concepto que ya conocemos, pero al que hasta ahora no se le ha concedido la importancia que puede adquirir más allá de los límites actuales. Me estoy refiriendo al turismo social.
En España es de justicia reconocer que disponemos ya de un programa de turismo social orientado a nuestros/as mayores que ha sido objeto de estudio por muchos otros países, pues el programa de turismo social del Imserso es ejemplo y modelo sobre lo que se podría hacer con relativa facilidad con otros segmentos poblacionales.
Pensemos en los múltiples beneficios tanto para la sociedad (y en especial para sus colectivos más frágiles y vulnerables) como también para nuestro sector y concretamente para el mantenimiento del empleo en el mismo.
Programas de turismo social orientados a familias monoparentales/monomarentales, a familias numerosas, a jóvenes, a personas con distintas capacidades físicas y/o psíquicas, a personas desempleadas o a precariado en common. Un dato frío: casi 5 millones de conciudadanos/as españoles/as en riesgo de pobreza (con ingresos medios inferiores al 60% del salario medio, y allí entran tanto personas pensionistas o desempleadas como personas asalariadas) no se pueden permitir irse este año ni tan solo una semana de vacaciones (datos del informe europeo de la Confederación Europea de Sindicatos de este mismo mes de agosto).
Porque si como sociedad no realizamos este esfuerzo dejaremos a amplias capas de nuestra sociedad sin el derecho reconocido al descanso, al ocio y a las vacaciones. Porque, además, ello puede contribuir a mantener el empleo en toda la cadena turística, desde los tour-operadores hasta los/as guías locales, pasando por las agencias de viajes minoristas, las empresas de transporte, los alojamientos hoteleros, los/as transferistas, los/as guías-correo, los/as animadores/as turísticos/as, e incluso, si se hace bien, la restauración o la industria del ocio y la cultura.
Existen ya algunas experiencias interesantes incipientes en algunos países latinoamericanos y no hablo de Cuba ni de Venezuela, sino de Brasil, Argentina o Colombia, que nos pueden marcar el camino por dónde empezar a trabajar, en algunos de estos casos incluso con la participación activa de los sindicatos. Por otro lado, en nuestro país contamos con excelentes investigadores académicos especializados en este tema que también nos pueden orientar en la planificación y desarrollo de estos programas.
Respecto al desembolso económico recordemos que, al igual que ya sucede con los viajes del Imserso, una parte importante de dicha inversión se recupera con el descenso de otras partidas como por ejemplo en las ayudas destinadas al desempleo. Eso sí, extrememos las precauciones para que el dinero de todas y todos no acabe en manos de fondos de inversión extranjeros o de empresas de otros sectores que no han quedado tan tocados por la precise disaster.
Porque como sector tenemos el reto y también la obligación ética y ethical – tal y como se afirma insistentemente desde el autodenominado Gobierno más progresista de nuestra historia reciente – de no dejar a nadie atrás.
” Fuentes www.preferente.com ”

