Durante décadas, la industria de la belleza se construyó sobre categorías claramente definidas. Existían fragancias para hombres y para mujeres, rutinas de cuidado personal segmentadas por género y productos de maquillaje asociados a un consumidor específico.
Hoy, la forma en que las personas se relacionan con la belleza está cambiando. Las nuevas generaciones buscan productos que respondan a su personalidad, estilo de vida y preferencias individuales, dejando atrás muchas de las etiquetas que durante años definieron al mercado.
Del skincare a los perfumes: menos etiquetas, más identidad
El cuidado de la piel es uno de los ejemplos más claros de esta transformación. Durante mucho tiempo, las marcas apostaron por líneas diferenciadas para hombres y mujeres, aunque las necesidades de la piel suelen estar mucho más relacionadas con factores como la edad, el entorno o los hábitos de cuidado.
Hoy, la elección de un producto responde más a sus beneficios, e ingredientes como el ácido hialurónico, la vitamina C, la niacinamida y el retinol forman parte de las rutinas de millones de personas sin importar cómo se identifiquen.

Algo similar ocurre con las fragancias. Las notas amaderadas, florales, cítricas y especiadas han dejado de asociarse exclusivamente con un género. En su lugar, las personas construyen sus colecciones de perfumes a partir de emociones, recuerdos, momentos o preferencias personales.
El maquillaje que no oculta, resalta
Pocas categorías reflejan mejor estos cambios que el maquillaje.
Lo que antes se entendía principalmente como una herramienta para corregir o modificar la apariencia, hoy forma parte de una conversación mucho más amplia sobre confianza, autenticidad y expresión personal. Las redes sociales han contribuido a visibilizar una enorme diversidad de estilos, desde los looks más naturales hasta las propuestas más experimentales, ampliando las formas en que las personas se relacionan con el color, las texturas y el cuidado de su imagen.
Este cambio también se observa en la percepción de los consumidores. De acuerdo con el estudio Sácateladuda: Autoestima y maquillaje de AVON y Gentedemente, el 73% de las personas encuestadas considera que maquillarse les permite sentirse orgullosas de cómo se ven al resaltar sus mejores características, mientras que el 80% afirma que les ayuda a mostrarse tal como son.
Las cifras revelan una transformación importante: el maquillaje ya no se asocia únicamente con cambiar la apariencia, sino con resaltar aquello que cada persona valora de sí misma.
El interés por líneas como Color Trend de AVON responde a esta evolución. El color, las texturas y los acabados se convierten en recursos para experimentar, cambiar, probar nuevas versiones de uno mismo o simplemente divertirse.
Los productos siguen siendo los mismos: una fragancia, una crema, un labial. Lo que cambió fue la forma en que las personas los incorporan a sus vidas.
La belleza dejó de funcionar como un conjunto de instrucciones y se convirtió en un espacio de elección. Y cuando las reglas dejan de ocupar el centro de la conversación, aparece algo mucho más valioso: la libertad de construir una identidad propia.
