Si se nace escritor, habría que pensar en autores como Atwood, Borges, Kafka, Cortázar, Rulfo, Faulkner, Woolf, Poe, Tolkien, Kawabata, Shakespeare, Joyce, Dostoyevski, Dickens, and so forth., and so forth.
Entonces… ¿el escritor nace o se hace, se forma o se transforma, viene de origen o se crea a partir de un proceso?
Los grandes autores reconocen que el acto de escribir es más bien un asunto de transpiración que de inspiración.
Los autores célebres han aprendido a sumergirse en la espesura de la soledad y el aislamiento, salen a la vida pública solamente para dar testimonio de su creación, es el anunciamiento de una nueva vida (la del libro), la cual tendrá, desde ahora, que valerse por sí misma.
Ya sea que el autor escriba cuento, poesía, novela, ensayo, crónica, and so forth., siempre estará de por medio su piel; esa piel que lleva impresa la huella genética del escritor y que, sin ambages, habrá de serle la impronta eterna que le guiará y le llevará a mejores destinos.
Y sin embargo, también existen los autores que nos engañan evadiendo los desgarramientos propios, los rasgamientos de vestiduras, y, por tanto, son maestros del disfraz, esconden de manera extraordinaria su magia tras el artífice maestro llamado narrador.
La naturaleza del escritor se descubre leyendo con atención y a veces entre líneas. Pues es ahí donde se ocultan los resquicios de su propia identidad, y dan al lector la oportunidad de tener un encuentro con el espíritu mismo del autor.
El misterio se resuelve detrás de cada palabra, de cada frase y de cada imagen construida con arte.
Entre todas esas palabras habita una voz que no todos conocen, en medio de las atmósferas cifradas se esconde un hombre o una mujer, que más allá de su propia realidad y existencia, sobreviven a las espaldas de la imaginación que nos muestran; ahí se mueven orgánicamente siempre mundos distantes, dispares o distópicos.
Es en esos mundos imaginados, concebidos entre sueños y pesadillas que, el narrador cuenta una historia, vive y se aniquila, llora y se ríe de sí mismo, duerme y se despierta, se oculta y se muestra a placer, desfallece y se vuelve a levantar, suspira y se enternece; pero siempre, entre historia e historia, vuelve ser quien es, antes que amanezca de nuevo…— Mérida, Yucatán.
Escritor
” Fuentes www.yucatan.com.mx ”