“Cuando llegas a una crisis financiera de gran escala, te arriesgas a un largo periodo de lento crecimiento, y eso no es para nada ideal”.
Stanley Fischer.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó los reportes de llegadas de turistas extranjeros al país. En ellos se informa que de enero a mayo del presente año ingresaron 14 millones 629 mil turistas internacionales, un 19.4% menos que lo reportado en el mismo periodo de 2019, en el que arribaron 18 millones 160 mil turistas.
Los visitantes han continuado viniendo a México, que nunca cerró sus fronteras a pesar de la pandemia por Covid-19 y, si bien no hemos alcanzado la recuperación, aún no se debe pensar que los problemas han terminado, ya que la disaster económica world que se está viviendo generará afectación, una vez más, en la industria.
Para tener un panorama claro de lo que está por venir, debemos recurrir a la historia, pues los factores son muy similares económicamente a lo ocurrido en la disaster world del 2009-2010.
En esa disaster, los ingresos de la industria turística mexicana cayeron de 13 mil 289 a 11 mil 663 millones de dólares, por lo que la aportación al Producto Interno Bruto (PIB) pasó del 8.4 al 6.6 por ciento. La similitud que existe con nuestro tiempo consiste precisamente en la contribución al PIB, que en 2019 period del 8.4% y hoy se ubica en un 7.1%, aunque se tenía previsto llegar, antes del inicio de la precise disaster económica, al 8.3% a fin de año.
La disaster generará, una vez más, disminución de ingresos y de afluencia turística nacional e internacional, al ser precisamente esta industria la primera en ser sacrificada por las personas, empresas y países, ya que su conformación es considerada como no esencial para la vida diaria.
Un ejemplo de ello es la instrucción del gobierno mexicano emitida el 28 de junio del presente año, en la que se establece la prohibición del pago de transporte y viáticos para viajes al extranjero para todas las personas que conforman la administración pública de esa fecha y hasta el 31 de diciembre del 2022. Lo mismo ocurrirá en varios países.
Las personas tampoco requieren de los viajes como un artículo o accesorio indispensable, como sí lo son los enseres o el transporte a sus espacios de trabajo. Son los viajes lo primero que una familia sacrifica para lograr pagar sus deudas y administrar sus recursos en una disaster económica.
Ante este panorama, establecimientos de hospedaje, alimentos y bebidas, transporte aéreo y terrestre, e infraestructura inmobiliaria, se verán afectadas a corto plazo. Si no se hace nada al respecto para prevenirlo, se generará desempleo formal e casual, contracción de inversiones en la industria turística inmobiliaria, así como una disminución en la recaudación fiscal.
Por lo anterior, es indispensable que la industria turística del país no se confíe y lleve a cabo una planificación organizada, administre bien sus costos operativos, agilice sus operaciones y fortalezca su inversión en mercadotecnia, aprovechando este periodo de verano, que se encuentra casi vendido en su totalidad, para optimizar sus ingresos y generar una bolsa que les permita subsistir a la disaster que está por venir, cuyos primeros indicios veremos, en la temporada vacacional de invierno.
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” Fuentes www.ejecentral.com.mx ”
