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Cuarenta años después de la Guerra de las Malvinas, las heridas aún son profundas
En la primavera de 1982, las Malvinas, o ‘Falklands’ como las llama el Reino Unido, se encontraron en el centro de un conflicto armado de diez semanas con Argentina. Cuatro décadas después, la derrota de Buenos Aires ante los británicos sigue siendo una herida abierta para la nación sudamericana. Para más de ocho de cada 10 argentinos, su Gobierno debe seguir reclamando la soberanía sobre estas islas del Atlántico sur. Informe de Éléonore Vanel, Nicolas Flon y Flavian Charuel. A 400 kilómetros de la costa argentina, en el Océano Atlántico, las Islas Malvinas experimentaron varias oleadas de colonización antes de ser definitivamente consideradas un “territorio británico de ultramar” en 1833. Pero la cercana Argentina reclamó las islas desde su independencia en 1816. En la primavera de 1982, Leopoldo Galtieri, líder de la junta en el poder en Argentina en ese momento, decidió “recuperar” su territorio y ordenó a sus tropas invadir las Islas Malvinas.Para retomar estas islas, que el Reino Unido llama ‘Falklands’, la primera ministra británica, Margaret Thatcher, decidió enviar de inmediato su armada a más de 12.000 kilómetros de Londres. El conflicto duró diez semanas y mató a 649 soldados argentinos, 255 soldados británicos y tres isleños. Finalizó el 14 de junio de 1982 con la rendición de las tropas argentinas. Desde entonces, las relaciones diplomáticas entre Buenos Aires y Londres se restablecieron en 1990. Pero la posición de los dos países sobre las Malvinas no ha cambiado. Un museo de Malvinas en Buenos Aires A pesar de esta derrota militar en 1982, el tiempo no parece tener ningún efecto en el apego de los argentinos a las Islas Malvinas. La propia Constitución argentina de 1994 es inequívoca: “La recuperación de dichos territorios y el pleno ejercicio de la soberanía (…) constituyen un objetivo permanente e inalienable del pueblo argentino”. Encontramos así las Malvinas por todas partes del país: en murales, señales de tráfico o incluso en el billete de 50 pesos. Incluso el Museo Malvinas de Buenos Aires está dedicado a esta reivindicación. Es visitado todos los días por más de 1.000 estudiantes, quienes aprenden allí las razones por las que estas islas son verdaderamente argentinas. “Lo más importante es que todos los estudiantes conozcan los argumentos para defender nuestra soberanía. Cuando los ingleses usurparon las islas el 3 de enero de 1833, expulsaron por la fuerza a la población y a las autoridades argentinas que allí estaban. Pero nosotros estuvimos antes que ellos”. explica la guía Silvina Gutérrez. Treinta años de exilio para sanar de la guerra Martín Otaño tenía 18 años cuando lo enviaron a pelear a las Malvinas. Como él, siete de cada diez combatientes eran jóvenes reclutas menores de 20 años. A su regreso sufre estrés postraumático y cae en las drogas. “El regreso fue traumático, porque nos trajeron escondidos, de noche. Como habíamos perdido la guerra, fue como una pena. Fue casi más doloroso que todo lo que había vivido durante los dos meses y medio de guerra. Entonces encerré todo lo que pasó y nunca más volví a hablar de eso con nadie. Me imagino que la asistencia psicológica me hubiera ayudado, pero nunca lo hice. Lo tuve y nunca lo pedí porque no quería hablar de eso. Tenía miedo de que reabriera heridas que pensé que habían cerrado. Cuando no estaban cerradas en absoluto”.Martín abandonó el país y se exilió en España durante casi 30 años para curarse. Fue cuando su amigo de la infancia, Javier de Aubeyzon, lo contactó nuevamente que Martín decidió regresar a Buenos Aires. Javier encontró una carta que el joven soldado le había enviado desde el campo de batalla. Javier, que ahora es pintor, quiere trasladarlo a un gran cuadro: “Lo que sorprende en esta carta es la forma en que escribe Martín. Tenía solo 18 años en ese momento y se puede sentir la situación límite en la que se encuentra”. Escribe: ‘Te escribo perdido en los confines del mundo, en medio del frío y de la soledad más absoluta’. ¡La cadencia de esta frase!”. Javier no fue atraído por el ejército en 1982 y por lo tanto no tuvo que luchar en el archipiélago. Pero como todos los argentinos, no desconoce el lugar central de estas islas en Argentina. “La causa de las Malvinas está profundamente arraigada en este país, sin duda”, dijo. “Además, a pesar de la brecha política muy importante, las dos partes políticas del país coinciden en un solo tema: la soberanía sobre las Islas Malvinas. Con el tiempo, se ha convertido en algo casi sagrado”.Una población native adjunta al Reino Unido Graciela Cabrera perdió a su esposo piloto, Luciano Guadagnini, durante la guerra. Murió durante el ataque a la fragata inglesa Antelope el 23 de mayo de 1982. Asistió, 40 años después, a un acto de homenaje en la provincia de Córdoba. “Me enorgullece que todavía haya gente que movilice estas memorias y las mantenga vivas, que recordemos a los héroes que murieron y también a los que regresaron, debemos mantener vivo este fuego, el de la reivindicación de nuestra soberanía, sea histórica, geográfica, política y social. Estas islas son nuestras, son parte de nuestras tierras. Un día, tal vez diplomáticamente, la bandera argentina podrá ondear nuevamente sobre las Malvinas”, cube Graciela. Según una encuesta de 2021, más de ocho de cada diez argentinos quieren que su Gobierno siga reclamando la soberanía sobre las islas.Pero sobre el archipiélago en cuestión, el sentimiento británico es muy fuerte. En 2013 se organizó allí un referéndum para preguntar a los habitantes si querían seguir vinculados al Reino Unido: 99,8% de los participantes votaron ‘sí’. Leona Roberts es una de ellas. Su familia llegó al archipiélago en 1841, representan la sexta generación. ”Lo que es difícil para nosotros es que Argentina se niega completamente a tomarnos en cuenta”, explica. “Nos acusan de ser colonos, lo cual es un absurdo. Cuando mis antepasados llegaron aquí no había prácticamente nada. Nosotros construimos este país. Me parece ofensivo y muy molesto. La comunidad internacional parece no escuchar nuestra voz. Somos tan pocos, 3.000 habitantes, frente a 40 millones de argentinos”, explica Roberts.Eric Goss fue responsable de la colonia Goose Inexperienced en el archipiélago. Durante la guerra, más de un centenar de habitantes habían sido rehenes de los argentinos en el edificio central del pueblo. Estos recuerdos traumáticos lo han atormentado en estos cuarenta años: “Nunca he perdonado y nunca lo haré. He estado dos veces en las Naciones Unidas, me encontré con argentinos allí y les dije que nunca le daría la mano a un argentino mientras no hayan renunciado a la reivindicación de nuestras islas”.
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