Es el gobierno más podrido en la historia de México. No es solo lo que se roban, sino además lo que destruyen buscando apoderarse de más dinero. El erario como botín, el presupuesto público para alimentar los negocios propios o establecidos con amigos. Ese poder de asignar millones a discreción y sin escrutinio (el odio al INAI no es gratuito). Contratos para los cuates aunque no tengan experiencia en lo que venderán al gobierno con sobreprecio o pésima calidad, con empresas apenas registradas ayer en una dirección fantasma y con el chofer de prestanombres.
A gozar las mieles del erario, que solo se vive una vez y un sexenio solo dura seis años. A viajar a todo lujo con la familia, con los mejores hoteles y restaurantes, la logística del viaje apoyada con personal de la dependencia correspondiente. A pasear por todo el mundo, que México paga. Y si alguien pregunta, hay una respuesta: “¿y Loret?”. La incoherencia es irrelevante, la mejor forma de defenderse es atacando.
Un día sí y otro también, un nuevo escándalo de corrupción, muchas veces con la parentela involucrada. Porque ya se sabe que el Licenciado no se mancha las manos, que para eso están sus personeros. Son los hijos con sus negocios, los hermanos con los sobres de efectivo, la prima con los contratos, la cuñada en el gobierno de Macuspana. Están también quienes han mostrado su lealtad a toda prueba y que se saben protegidos. ¿La robadera en Segalmex? El inquilino de Palacio dijo que quien fuera su principal responsable (y su padrino político hace décadas) es persona honesta, que lo engañaron unos priistas. Lo exoneró en público, como igual desde el púlpito mañanero declara culpables a sus enemigos.
Así de fácil quedan descartadas las raterías y proclamada la honradez. El Licenciado anuncia que no se permite la corrupción, que ellos son diferentes, que se acabó la impunidad, que ni a sus hijos les permite ser corruptos. ¿Sus hermanos? Estaban recaudando dinero del pueblo para el movimiento. A continuación ataca a los “periodistas mercenarios” y, el gesto teatral final en muchas ocasiones, saca a ondear el pañuelito blanco.
Los sexenios de Peña Nieto, López Portillo o Miguel Alemán parecen gobiernos daneses (esa referencia tan socorrida en los labios presidenciales) al lado de lo que hoy sucede. Sus funcionarios más rapaces eran unos simples aficionados, temerosos del escrutinio público, conservando al menos ciertas formas, cuidadosos en no violar abiertamente leyes y procedimientos. Los actuales están tranquilos porque desde arriba ya se proclamó: “no me vengan con ese cuento de que la ley es la ley”.
Eso sí, mientras se roba y se gasta el dinero público a manos llenas, hay que mantener el discurso de la austeridad, de una pobreza franciscana en el aparato administrativo. Porque no debe haber gobierno rico con pueblo pobre, por lo que ahora hay gobierno pobre con pueblo pobre, pero gobernantes hinchándose de dinero. Que sufran educación, salud, ciencia o el mantenimiento de la infraestructura hasta que se desplome. Esa austeridad inmoral que mata a tantos, como niños enfermos de cáncer o viajeros en el Metro.
El Presidente más corrupto tiene otro distintivo singular: el más extraordinario cinismo, la más profunda desvergüenza y desfachatez. Por décadas le funcionó proclamarse honrado y no se sabe otra cantaleta. No entendió que la pus acaba reventando.
” Fuentes www.elfinanciero.com.mx ”
