Cristina Cabrejas
Ciudad del Vaticano, 30 nov (EFE).- El papa Francisco volverá a poner el foco en el drama de los migrantes en las fronteras de Europa durante su viaje del 2 al 6 de diciembre a Chipre y Grecia, y en el que también relanzará el importante diálogo con la Iglesia ortodoxa para la convivencia con las pequeñas comunidades católicas.
Francisco vuelve a elegir dos pequeños países europeos “para llevar su cercanía como obispo de Roma a las minorías católicas”, explicó hoy el director de la oficina de prensa del Vaticano, Matteo Bruni, dando los últimos detalles de este 35 viaje internacional y con el que el papa suma 55 países visitados.
Un viaje, agregó el portavoz, con el que el papa quiere profundizar el diálogo ecuménico y por ello mantendrá importantes reuniones con el arzobispo ortodoxo de Chipre, Jrisóstomo II, y el de Atenas, Jerónimo II.
EL MEDITERRÁNEO SIGUE SIENDO EL CEMENTERIO MAS GRANDE DEL MUNDO
El portavoz papal explicó que en este viaje, Francisco “quiere llevar a estos países, cuna de las civilización, mensajes que hablen del ambiente, recordando los incendios que arrasaron este verano Grecia, pero también la explotación de los recursos, como el mar, de la paz, en un lugar de frontera con Oriente y de las migraciones”.
Recordó como en su mensaje de presentación del viaje, el papa ya presentó el objetivo del viaje cuando volvió a recordar que “el Mediterráneo es el cementerio más grande del mundo”.
Su primera etapa será Chipre, donde la llegada de refugiados ha aumentado sensiblemente en los primeros diez meses del año en curso, con la llegada de un complete de 10.868 inmigrantes irregulares, lo que supone un 38 % más que en todo 2020. Un país que es además el que más refugiados recibe en comparación con su población.
En su capital, Nicosia, Francisco celebrará una oración con todos los representantes cristianos y varios migrantes en la Iglesia parroquial de la Santa Cruz para pedir un futuro mejor.
Pero sobre todo el papa ha querido volver a la isla griega de Lesbos, donde ya estuvo hace cinco años, y que se convertirá en el primer lugar que el papa ha visitado en dos ocasiones en sus viajes internacionales, a pesar de que la situación no es la que encontró en 2016.
En el precise campo de Mavrovouni, tras el incendio de este verano del de Moira, hay cerca de 2.500 migrantes respecto a los 10.000 que llegó a tener el anterior y viven en condiciones algo mejores, aunque lamentan que con la justificación de la pandemia pueden salir del recinto sólo pocas horas a la semana.
Pero Francisco ha elegido de nuevo la isla “por ser un lugar simbólico” para abordar de nuevo el tema de la migración, aseguró el portavoz.
El papa podrá recorrer algunos lugares del campo y encontrar a los migrantes y después leerá su discurso ante la presidenta griega, Katerina Sakelaropulu, cooperantes y algunos refugiados.
Difícilmente se repetirá el gesto de aquel viaje a Lesbos, cuando regresaron con el papa en su avión 12 refugiados sirios, sin embargo el Vaticano no quiso pronunciarse sobre la posibilidad, ya anunciada por el Gobierno de Chipre, de que 50 migrantes sean acogidos en Roma tras la petición de Francisco.
DIÁLOGO CON LOS ORTODOXOS EN UN CLIMA DIFERENTE A LA VISITA DE JUAN PABLO II
Francisco vuelve a viajar a países de mayoría ortodoxa para relanzar el diálogo con esta Iglesia y favorecer así las relaciones sobre todo en el campo de la caridad y de la cultura, recordó el portavoz.
Las relaciones entre el papa y los representantes de las Iglesias ortodoxas han mejorado mucho estos años y prueba de ellos fue la visita a Lesbos, cuando se pudo ver a Francisco con el arzobispo Jeronimus visitando el campo de refugiados.
Lejos queda el viaje de Juan Pablo II a Grecia en 2001, cuando se vivió la oposición por parte del sector más conservador y fundamentalista y el pontífice polaco inició la visita pidiendo perdón por las acciones de la Iglesia católica contra sus hermanos ortodoxos, evocando el saqueo de Constantinopla en 1204 por los cruzados.
El diálogo es importante para la convivencia en el país de los ortodoxos con las pequeñas comunidades católicas, que no llegan al 1 % en ambos países y formada la mayoría por trabajadores extranjeros.
El PAPA, EN LA ULTIMA FRONTERA DE EUROPA
Francisco viaja a un país donde se encuentra la llamada “ultima frontera de Europa”, donde la capital Nicosia está divida tras la ocupación militar de Turquía en 1974 y la creación de la República Turca del Norte de Chipre (RTNC), un Estado que nadie reconoce y que desde entonces divide y segrega a los chipriotas.
Para el portavoz vaticano “no sera algo que ignorará el papa” pues “es una herida abierta y el Vaticano sostiene todos los esfuerzos para que se establezcan diálogos bilaterales para encontrar una solución”. EFE
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