Si existe un platillo que define la mañana de cualquier mexicano, son sin duda los chilaquiles. Ese glorioso encuentro entre la tortilla frita y la salsa ardiente que tiene el poder de revivir a cualquiera. Aunque es un pilar de nuestra gastronomía, su origen se remonta a tiempos prehispánicos, evolucionando con la llegada de ingredientes europeos hasta convertirse en el festín que conocemos hoy. Y en esa búsqueda constante por encontrar los más memorables, hay un lugar que definitivamente merece estar en tu lista de favoritos por visitar, TESTAL.
Curiosamente, el Día del Chilaquil tiene dos vertientes. Algunos marcan el 8 de abril en el calendario y, por otro lado, hay quienes prefieren el 23 de mayo, recordando aquel día de 2024 cuando Google le rindió homenaje con un doodle mundial. Sea cual sea la fecha que elijas, cualquier pretexto es bueno para salir en busca del plato perfecto, y si quieres empezar por un lugar donde la tradición mexicana se sirve en cada bocado, TESTAL es una parada obligada para cualquier amante de los chilaquiles.
El secreto está en la salsa

El alma del chilaquil es, indiscutiblemente, la salsa. Ya sea la vibrante salsa verde con su toque de acidez o la profunda salsa roja con ese picor reconfortante, el secreto siempre será la sazón de la casa.
Pero aquí es donde entra el eterno dilema de los amantes de este manjar ¿crujientes o suaves? Hay quienes defienden la textura firme de la tortilla que resiste el baño de salsa, mientras otros prefieren esa consistencia “aguadita”, donde el sabor se absorbe por completo. En gustos no hay reglas, y en la variedad está el placer.
Lo que hace que una visita a un restaurante especializado sea toda una experiencia es la capacidad de personalizar tu plato. En TESTAL, restaurante con sucursales en el Centro Histórico, la Roma y Polanco, la base es solo el inicio; el ritual se completa con crema, queso Cotija, cebolla morada y aguacate fresco.

Pero, si quieres llevar la experiencia al siguiente nivel, las opciones de toppings son infinitas. Puedes acompañarlos con la clásica pechuga de pollo o un huevo estrellado, o ponerte creativo con chicharrón bañado en salsa, cecina o, para los paladares más exigentes, una delicada lengua de res. Para los amantes del queso, el toque final siempre será pedirlos gratinados.
Más allá de la receta, comer chilaquiles es un evento social. Es el plan perfecto para cualquier día de la semana y una excusa ideal para jugar con los sabores, descubrir nuevas combinaciones y conocer lugares que hacen de este platillo uno de los grandes favoritos de la gastronomía mexicana. Puedes reservar en cualquiera de sus sucursales en
