Más de 17 mil habitaciones de hotel se encuentran en construcción en destinos clave de México, de acuerdo con el MarketView de
Hotelería y Turismo de CBRE. Tan solo, Cancún concentra 18% de la oferta en desarrollo y la Ciudad de México 14%, seguidos por Mazatlán, Los Cabos y Guadalajara, con 8% cada uno.
Este crecimiento abre nuevas oportunidades para crear espacios donde se integren materiales, técnicas y oficios que exalten la identidad mexicana, como el barro, la madera, la piedra, las fibras, los textiles y los metales trabajados con técnicas artesanales, que cada vez están encontrando más cabida en proyectos hoteleros, gastronómicos y comerciales que buscan tener una identidad propia.

“Integrar una técnica artesanal requiere entender cómo se comporta lo que tenemos entre las manos y qué función cumplirá dentro del espacio. Desde el principio hay que considerar dónde estará cada elemento, cómo se utilizará y qué condiciones deberá soportar, sin perder las características propias del oficio con el que fue creado”, aseguró Aitor Viteri, arquitecto, interiorista y Director Académico de IDEQUO, Madrid Interior Design School.
Según datos de la Cuenta Satélite de Cultura difundidos por la Secretaría de Cultura, los oficios artesanales generan cerca de 159 mil millones de pesos y alrededor de 432 mil empleos remunerados; asimismo, los productos artesanales representan 18% del valor agregado del sector cultural.

Cinco criterios para llevar los oficios locales al diseño hotelero y comercial
Para Viteri, incorporar los oficios locales desde el diseño implica conocer las posibilidades de cada proceso y las exigencias del lugar donde se aplicará.
1. Conocer primero lo que se va a trabajar: las propiedades del material influyen en las dimensiones, los acabados y el uso que tendrá cada elemento.
2. Diseñar junto con quien domina el oficio: involucrar al artesano durante el desarrollo permite conocer lo que permite cada proceso y evitará soluciones difíciles de ejecutar.

3. Pensar en el uso cotidiano: la resistencia, la limpieza, el mantenimiento y la frecuencia de uso forman parte del diseño cuando el resultado estará expuesto al tránsito constante de huéspedes, comensales o clientes.
4. Usar la tecnología antes de fabricar: el modelado 3D, la visualización y la inteligencia artificial sirven para estudiar proporciones, probar opciones y anticipar cómo funcionará una propuesta en el espacio.

5. Definir dimensiones: algunas medidas y ensambles requieren consistencia, mientras las variaciones de textura, tono o acabado forman parte del trabajo manual.
El modelado 3D, la visualización y la inteligencia artificial pueden utilizarse en las primeras etapas para revisar proporciones, comparar configuraciones y estudiar cómo funcionará una propuesta antes de llevarla al material. A partir de ahí intervienen las características físicas de cada elemento, las posibilidades de la técnica y el conocimiento de quien domina el oficio.

“La tecnología aplicada al diseño nos ayuda a explorar ideas, visualizar opciones y analizar información en las primeras etapas. Después hay decisiones que dependen de lo que se quiere fabricar y de la experiencia de quien sabe hacerlo. Para un interiorista, conocer ambas partes amplía los recursos disponibles para resolver una propuesta”, explicó Viteri. En este sentido, la clave para consolidar una industria con identidad radicará en el respeto por los materiales y en la colaboración directa con los maestros artesanos desde la concepción del proyecto. Al complementar el oficio tradicional con herramientas avanzadas como el modelado 3D y la inteligencia artificial, los profesionales de la arquitectura y el diseño no solo prevén fallas operativas en espacios de alto tránsito, sino que garantizarán espacios sostenibles, con historia y con una identidad visual irrepeti
