Federico Anfiti
El etiquetado frontal de alimentos con octógonos negros que indican los excesos de cada producto, comenzó a regir este 1 de febrero en Uruguay, no sin despertar la polémica por cambios a último momento de los mínimos fiscalizables.
El decreto, dictaminado en 2018 durante el gobierno del Frente Amplio (FA, izquierda) que encabezaba Tabaré Vázquez (2015-2020), fue aplazado hasta marzo de 2020, y cuando llegó el precise gobierno del centroderechista Luis Lacalle Pou, se volvió a postergar hasta ahora.
Sin embargo, la polémica saltó cuando, días antes de comenzar a regir, el Ejecutivo modificó los límites mínimos de tolerancia para fiscalizar en el decreto. Si bien el decreto ya comenzó a regir y las empresas deben amoldar su situación para etiquetar con el octógono negro en caso de ser necesario, modificar los límites despertó críticas fundamentalmente por parte de los representantes de la medicina uruguaya.
Mientras que en septiembre la base para el cálculo eran 400 gramos de sodio, 10 de azúcares, 9 de grasas totales y 4 de grasas saturadas, en el nuevo decreto se modificó a 500, 13, 13 y 6, respectivamente.
En concreto, el presidente del Sindicato Médico del Uruguay, Gustavo Grecco, que este cambio le preocupa mucho porque significa elevar “de forma sustancial” los límites mínimos aprobados en septiembre, y ello se traduce en un aumento entre 25 y 50% en los niveles de tolerancia.
“Vemos con preocupación este incremento de los alimentos que no tiene un sustento científico por detrás, no es acorde a las referencias internacionales y, obviamente, entendemos que responde a las presiones de la industria”, considera Grecco.
Aunque todavía estudian el impacto, señala que una gran cantidad de alimentos va a quedar sin rotulado a partir de esta modificación y que los que se van a ver más beneficiados son los que están dirigidos a la población infantil.
Pese a ello, reconoce que es bueno que el decreto empiece a implementarse porque la evidencia muestra que el octógono negro es el que reporta “mejores resultados”.
Tras la polémica y las críticas recibidas, el ministro de Industria, Energía y Minería, Omar Paganini, cuenta que, si bien el Gobierno sigue apoyando la estrategia de los octógonos negros, decidió cambiar los mínimos anunciados en septiembre debido a que las exigencias anunciadas eran “un salto demasiado abrupto” para la industria.
Paganini asegura que las medidas actuales son muy similares a las que había aprobado la administración de Vázquez y que las exigencias irán aumentando, pero “como un proceso”.
“Tiene que permitir, al mismo tiempo, que la población vaya ajustando el gusto a menores contenidos de sodio, de grasa, de azúcar y que la industria vaya reformulando sus alimentos”, explica.
Durante el proceso de estudio se trabajó en cooperación con técnicos del Mercosur, ya que tenían que dialogar con los socios debido al gran intercambio de alimentos de la región. Según compara, Argentina tiene media sanción, Brasil tiene una aprobación comparable a la uruguaya y el único más avanzado es Chile, que ya lleva años en este camino.
“Era riesgoso, no era bueno y era un salto demasiado grande que de alguna forma llena de etiquetas la góndola, pero también desvaloriza el valor de la etiqueta negra y el esfuerzo de reformular, porque si uno pone demasiado lejos el objetivo, el alimento no se puede reformular para que sea parecido y el impacto se pierde”, considera. Continuará…
” Fuentes dca.gob.gt ”
