La pandemia supuso un cambio radical en la fisonomía de las calles de Barcelona. Sobre todo para los que viven en los EGA, acrónimo de Espacios de Gran Afluencia Turística. Se pasó del récord absoluto de visitantes, 12 millones en 2019, a un vacío absoluto que casi daba miedo porque los vecinos no estaban acostumbrados.
Pero, paradójicamente, se han desacostumbrado a la masificación que ha vuelto nada más estabilizarse la pandemia. El responsable de Turismo de la Federació d’Associacions Veïnals de Barcelona (FAVB), Pere Mariner, reconoce “que después de año y medio sin turismo, quizás nos ha sentado peor volver a ver otra vez las calles invadidas por el turismo”. Incluso, el concejal de Ciutat Vella, Jordi Rabassa, criticó las aglomeraciones “insoportables” durante la Semana Santa de este año. Period la vuelta al modelo turístico prepandemia.
Barrios transformados
Una gestión del turismo que viene siendo criticada desde hace muchos años por diferentes asociaciones vecinales. Eva Vila, portavoz de la plataforma Fem Gòtic, se queja de que “no ha cambiado nada. Nos habían dicho que el parón de la pandemia era una oportunidad para replantear el turismo en Barcelona, pero al final estamos igual!. Vila manifiesta que con estas nuevas olas de turistas, el barrio, “que había sido recuperado para los vecinos, se ha vuelto a transformar. Ya no puedes bajar a tomar algo en una terraza porque está todo lleno, y los precios han vuelto a subir”.

Esta transformación también es constatada por Pere Mariner que asegura que “el problema es cuando todo es para ellos. Comercios, supermercados y otros servicios solo piensan en los turistas y no en los vecinos”. La portavoz de Fem Gòtic se queja del cambio que han vuelto a experimentar “los supermercados del barrio, que han vuelto a priorizar la comida rápida para llevar, lista para comer, en lugar de los productos que puede necesitar una familia”.
Uno de los servicios que se ve más afectado por la masificación turística es el transporte público. Tanto metro como autobuses llegan al colapso en los tramos que pasan por lugares emblemáticos de la ciudad.
Focos de atracción
Para Pere Moliner, el problema de la masificación del turismo en unos determinados focos de atracción viene porque “se promocionan solo unas determinadas zonas”.
En este aspecto, el Ayuntamiento es consciente del problema y reconoce que el turismo se concentra en un radio de entre 15 y 20 kilómetros cuadrados cuando la ciudad tiene unos 100 kilómetros cuadrados. Ante esta circunstancia, en su día decidieron promover nuevos polos de atracción como Collserola, Poblenou, el Camp Nou, el Park Güell o el Turó de la Rovira. Mariner objeta que “no lo hacen bien, y con Montjüic, lo que han conseguido es masificar el castillo y sus alrededores”.
Guías y cruceros
Además, hay actividades que provocan una sensación especial de masificación, como la actividad de los guías. Mariner opina que la nueva regulación que limita los grupos a 15 en Ciutat Vella “tampoco solucionará mucho, ya que en lugar de un grupo de 30 personas con un guía, habrá dos grupos de 15 con dos guías”.

Otra de las actividades que más masifican la ciudad es la crucerista. Precisamente este pasado jueves el Ayuntamiento presentó un informe para intentar limitar la llegada de cruceros a Barcelona. Este tipo de turismo provoca que haya días en los que desembarcan hasta 25.000 personas. Con estas cifras, el concejal de Emergencia Climática y Transición Ecológica, Eloi Badia, señaló que “Ciutat Vella dobla su población cada dos días”. Incluso comentó que “las papeleras de las Ramblas se tienen que vaciar hasta 14 veces al día por efecto de estos cruceristas, cuando en calles sin turismo, se hace como mucho dos veces al día”.
Desde la FAVB se cree “que hay que limitar el número de cruceros, como se ha hecho en Venecia”, pero Mariner también admite que “aquí hay miedo a aplicar medidas más contundentes”.

” Fuentes www.20minutos.es ”
