Todo, al final, es un negocio. Y como les hemos dicho ya en varias ocasiones, este es el esfuerzo más importante de Michelin como marca en términos de marketing. Pero tiene un costo. Seamos claros. No pagas porque te den la Estrella. Pagas porque se abra la oportunidad del mercado. En un artículo de Julia Moskin en el NY Times, incluso, se habla de la falta de posibilidad de Caroline Glover —ganadora de James Beard y otros reconocimientos— de ganarse la estrella en la tan anunciada guía de Denver porque la oficina de turismo de Aurora no pagó su parte para entrar. Y Annette, el
restaurante de Glover, está a menos de 200 metros pasando la línea que divide Denver de Aurora.
Entonces, ¿por qué no están Michoacán, Quintana Roo, ¿Yucatán, Puebla, Sonora, Jalisco, Nayarit, Campeche, Chiapas? Fácil… no pagaron la cuota de entrada. Y mientras unos pueden criticar duramente a la Guía por cobrar el arranque de la misma con una cuota de entrada —que en México varias fuentes nos han confirmado independientemente que fue de cinco millones de pesos por estado/región—, otros pueden decir: “Es un negocio y nada se hace por amor al arte”.
¿Oportunidad perdida no buscar la Guía Michelin México? Sin duda.
De manera categórica se los digo. Michelle Friedman, flamante y soberbia Secretaria de Turismo de Yucatán que se ha querido posicionar como figura de la industria acaba de perder cualquier posibilidad de trascender y dejar huella. Dejar fuera a Mérida —ya no entremos en detalles de la cocina de comunidades— de la posibilidad de reconocerse es el último pedazo de malas decisiones de una funcionaria pública a la que claramente le quedó lejos la visión.
Lo mismo va para el gobierno de Quintana Roo, más ocupado por tapar los huecos de corrupción del Tren Maya y, además, envueltos en sus propios complejos en los que la lucha de fifis vs pueblo alimentan la estrategia. Y se los digo porque, en mi opinión, independientemente del criterio con el que se adapte la Guia Michelin México a la cosmovisión gastronómica de nuestro país, en Quintana Roo se perdieron, a mi gusto, al menos dos restaurantes que tenían segura la distinción: Arca y Le Chique. Y eso que hay varios que no he tenido tiempo de conocer en los últimos años.
La falta de visión de generar una partida de participación para la Guía Michelin México es no entender el desarrollo del turismo culinario internacional, la oportunidad de la explotación de rutas y crecimiento de conectividad con el aeropuerto de Cancún y, peor aún, una cachetada abierta al esfuerzo de grandes cocineros que han mantenido tradiciones, sabores, productos y generación de sostenibilidad de flora y fauna endémica. Es, por mucho, ignorar flagrantemente nombres de investigadores y académicos de nuestra gastronomía que ni necesitan la estrella pero que bien podrían haber sido un factor importante en el desarrollo turístico que conlleva.
guía michelin méxico
¿Es pagar lo mismo que tener la estrella en la Guía Michelin México?
No. Es importante entender la diferencia. Gobierno o iniciativa privada, según sea el caso, pagan porque los inspectores vayan. Es, por decirlo de manera burda y simplificada, como pagar por la Visa norteamericana. Pagas para que te entreviste un cónsul sin nombre, pero al final que te den la visa o no depende enteramente de otros factores. Y el dinero no te lo regresan al rechazo.
Dicho en este tema es simple. Los inspectores ya están —desde hace meses según cuenta Gwendall Poullennec, Director Internacional de las Guías Michelin— dando vueltas en México, probando, comiendo, cenando y calificando.
