La jornada laboral de 40 horas representa un desafío para las pymes mexicanas, que para evitar impactos a sus operaciones y productividad necesitarán invertir en tecnología, acelerar su digitalización y enfrentar un cambio cultural, de acuerdo con un análisis de Konfío.
El 3 de marzo de 2026 fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el decreto que reforma las fracciones IV y XI del Apartado A del Artículo 123 de la Constitución, en materia
de reducción de la jornada laboral. Establece que la jornada de 40 horas se alcanzará de manera gradual, desde 48 horas en 2026 hasta 40 horas en 2030.
México, de acuerdo con datos de la OCDE, se ubica como el país con más horas trabajadas al año, pero con uno de los niveles más bajos de productividad por hora. Se calcula que se trabaja alrededor de dos mil 207 horas al año con una productividad de 22.2 dólares por hora. En contraste, en Alemania se trabaja casi mil 335 horas al año con una productividad de 71.1 dólares por hora. Así, la reducción de la jornada en México abre la oportunidad de replantear el modelo.
Entre los riesgos detectados por el cambio están incrementos en costos laborales sin aumento proporcional de productividad, cierre de negocios con márgenes operativos ajustados, mayor informalidad como mecanismo de evasión regulatoria y pérdida de empleos en sectores con baja automatización.
Ante ello -de acuerdo con el análisis tercer análisis Impulsa Pyme de Konfío- las pymes requieren adoptar nuevas estrategias para mantener su competitividad: digitalización de procesos para reducir tareas manuales, gestión basada en resultados en lugar de esquemas presenciales, uso de herramientas financieras para mejorar flujo de efectivo, inversión en soluciones de pago y control operativo.

En lo que toca a la operación el primer paso es entender en qué se va el tiempo: sin mapear
procesos, cualquier cambio es a ciegas. En tanto, la tecnología puede impulsar la eficiencia
pero no por moda, sino integrada al proceso para automatizar, coordinar y reducir tiempos.
Además se requiere un cambio cultural hacia resultados, no horas trabajadas. Las pymes
que logren alinear operación, tecnología y cultura no sólo se adaptarán, sino que pueden
volverse más competitivas.
Para las pequeñas y medianas empresas (pymes) el desafío no será sólo cumplir con el cambio, sino también evolucionar hacia modelos más eficientes y sostenibles. “Es una oportunidad estructural para las pymes que logren profesionalizar su operación y un riesgo
operativo para las que no puedan adaptarse a tiempo”, señala Diego Ferreyra, experto en
operaciones y empresas de Konfío.
