Las Mujeres del sector restaurantero, organizaciones y una mujer en recuperación pidieron al Poder Legislativo mantener una política fiscal firme, progresiva y verdaderamente orientada a la protección de la salud.
La iniciativa, presentada el 29 de septiembre por el diputado Francisco Javier Guízar Macías (PT) y 42 legisladoras y legisladores, sustituye las tasas vigentes de 26.5%, 30% y 53% por una cuota de $1.38 por grado de alcohol por litro, equivalente a $138 por litro de alcohol puro.
De acuerdo con el simulador de impuestos al alcohol del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP, agosto de 2026), con esa cuota el precio de los destilados caería 24.9% y su consumo aumentaría 36.8%; el de la cerveza bajaría 5.1% con un aumento de consumo de 6.2%. La recaudación caería en más de 26 mil millones de pesos, un ingreso del que estados y municipios reciben 20% por participaciones.

Yahaira Ochoa, integrante de REMUSA dijo “No podemos seguir permitiendo que la industria del alcohol siga normalizando un producto que ha dañado el tejido social y además es un detonante de violencia contra las mujeres. Los impuestos al alcohol son la medida más costo-efectiva de salud pública para disminuir su consumo y prevenir violencia contra las mujeres. Las y los diputados tienen la obligación constitucional de velar por el bienestar y proteger el derecho a la salud de las personas, cualquier reforma que pretenda disminuir impuestos o flexibilizar la tributación del alcohol atenta directamente contra la salud e integridad de las y los mexicanos”.
Por su parte, Fernanda Lezama de Restaurantera Feminista subrayó “La industria del entretenimiento y restaurantera perpetúa dinámicas que vulneran la seguridad y derechos de las mujeres, tanto consumidoras como trabajadoras. Prácticas como las promociones de consumo gratis para mujeres cosifican a las usuarias, mientras que exigencias laborales como tolerar acosos o aceptar alcohol exponen al personal a severa violencia laboral. Este sistema mercantiliza el ocio a costa de la integridad femenina, operando bajo un esquema de sobreprecio y desprotección en traslados y horarios extendidos. Para complicar el panorama, persisten la revictimización institucional hacia las víctimas de violencia o desaparición y la inacción. Ante esto, se exige articular políticas públicas y priorizar espacios laborales y de consumo verdaderamente seguros, éticos y libres de violencia de género”.

Paola V., trabajadora social y alcohólica en recuperación declaró “Como alcohólica en recuperación y trabajadora social, afirmo que el alcoholismo es una enfermedad que destruye vidas y normaliza severas violencias físicas y emocionales, impactando desproporcionadamente a las mujeres. En mi experiencia, la euforia inicial del consumo dio paso a traumas, acoso y secuelas profundas. Por ello, sostengo que la accesibilidad, el bajo costo y la normalización social son detonadores directos que impiden detener el consumo e intensifican la violencia intrafamiliar. Considero imperativo dejar de romantizar el alcohol y entender que aumentar los impuestos no es una sanción, sino una política de salud pública indispensable. Salvar vidas y prevenir daños en generaciones futuras exige un entorno que encarezca el producto y proteja la dignidad de las personas. Reducir el consumo mediante impuestos inteligentes es una medida concreta y urgente para salvar vidas y proteger a las familias” finalizó.
En México mueren 112 personas cada 24 horas por causas asociadas al consumo de alcohol. Los costos directos e indirectos se estiman en 552 mil millones de pesos al año, mientras que los impuestos que paga la industria representan menos del 10% de esa cifra
Las organizaciones coincidieron en que el cambio de esquema es correcto —cobrar por contenido de alcohol y no por precio— pero que la cuota propuesta lo vuelve, en los hechos, una rebaja de impuestos. Su petición es una cuota de $494.8 por litro de alcohol puro, con la que el consumo baja y se recaudan 24,208.5 millones de pesos adicionales. Con esa cuota, una lata de cerveza pasaría de $19 a $24 y una botella de vino de mesa, de $185 a $204.
