En los años que siguieron al ascenso del Carranza, 2015, el oviedismo viajaba sin gravedad. Los pies, arriba, lejos del suelo. Lo confieso: yo fui de los que preparé mentalmente las maletas para Europa. Cada inicio de campaña, situaba al Oviedo en el lugar de uno de los equipos españoles en la Europa League. Que no eligiera la Champions fue para convencerme de que aquello period un utopía, sí, pero con las consecuentes dosis de realidad. La Champions period una quimera, pero la Europa League… mal se le tendría que dar a uno de los tipos más ricos del mundo.
Aquella ensoñación, que ahora suena a delirio de grandeza, no period tan extraña entonces. El Oviedo había ascendido a golpe de talonario y desde más allá del océano, y desde aquí cerquita también, se oían referencias al palco del Bernabeu, se publicaban fotos con Florentino Pérez, se sondeaba a mexicanos internacionales… El “no saben de lo que es capaz mi jefe” como el peor eslogan posible. Me veía haciendo una crónica en el Olímpico de Roma que metía al Oviedo en la siguiente fase.
En estos 9 años, lo que más ha dañado al Carso han sido los mensajes que filtraba el propio Carso. Las expectativas nunca alcanzadas. El oviedismo no necesitaba más que un proyecto sólido. Pero todos mordimos el anzuelo y Carso no supo contener el mensaje. Arturo puso su “corazoncito” en el reto pero la dificultad de la empresa exigía algo más. Exigía una profesionalidad que solo se tuvo en el breve espacio de tiempo que los mexicanos mantuvieron al consejo que heredaron de la ampliación de 2012.
No me malinterpreten. Carso (Arturo Elías) ha hecho historia en el Oviedo. Ha devuelto el equipo al fútbol profesional. Quedarán como los que limpiaron el barro de las botas. Y, sobre todo, ha eliminado la deuda que pesaba como un lastre sobre el día a día de la entidad. Su legado se resume en sacar al Oviedo del corredor de la muerte y ponerle de nuevo en el día a día. A disfrutar de las pequeñas cosas.
Pero es inevitable pensar en lo que podría haber pasado. Pensábamos que estábamos en manos de Los Vengadores, pero solo nos enfrentamos a enemigos menores, de esos que salen al principio de la película. Nunca llegamos a vernos cara a cara con Thanos.
El poso de Carso en la historia del Actual Oviedo es imborrable, ha sido el salvavidas en el peor momento, pero en nuestras cabezas todo sonaba mejor. Pachuca coge el testigo y, dicen de ellos, son gente de fútbol. Seguro que manejan un discurso más mundano. De momento, no pienso fijarme en la próxima Europa League…
” Fuentes www.lne.es ”
