Por: Sergio E. González Rubiera
En el entorno actual, con la presencia de retenes de revisión, Guardia Nacional en aeropuertos, militares a la vista y policías corruptos, que extorsionan a turistas en algunos destinos turísticos, se hace urgente y necesario reflexionar sobre varios aspectos de este escenario.

Quizá no se pueda pedir un perfil diferente para los elementos de la guardia nacional o del ejército, los militares son militares y su formación es radicalmente distinta de la de cualquier otro servidor público; se les podría sensibilizar hacia la importancia del turismo, como ya lo hicimos cuando capacitamos a personal de la aduana proveniente del ejército. Conceptos como calidad en el servicio, gestión de las emociones, cordialidad y sonrisa hacia el turista, simplemente no cuadran con su formación, pero algún avance se logra; un evento no basta, habría que hacer muchos y continuadamente, sin embargo, no hay presupuesto que se destine a ello. Lo ideal sería que no hubiera militares en la prestación de servicios turísticos, aunque con los escenarios que hemos vivido de inseguridad y violencia, parecería irremediable.
Por otra parte, tenemos a los cuerpos de policía, municipal, estatal y turística, que sí que podrían tener otro perfil; podrían enfocarse desde el reclutamiento en un perfil de hombres y mujeres dispuestos a servir, capaces de hablar idiomas y que puedan entender como funciona la cosa turística.

Debe existir como es lógico en cualquier ciudad, la policía que cuida, que protege, que vigila y que persigue delincuentes, pero también puede y debe existir la que esté para orientar al turista, para protegerlo y para informarle y que, entre otras cosas esté bien remunerada.
En un destino turístico, todo el mundo quiere ganar de los turistas, todo el mundo los multiplica por cifras económicas y todo mundo quiere una parte del pastel, y para algunos policías no es la excepción y por eso los extorsionan. La diferencia es que el policía esta para proteger y servir, pero como tienen fuerza, autoridad, uniforme y placa, en algunos casos utilizan estos elementos para amedrentar, y extorsionar y en algunos casos hasta robar descaradamente a los ingenuos turistas.
Es claro, que no podemos juzgar a todos los elementos y es claro también que hay muchos muy buenos y con gran disposición para servir.

Sin embargo, no se puede dejar el asunto al azar, a la buena voluntad o a la confianza, es preciso cambiar muchas cosas.
Reclutamiento diferente, perfiles diferentes, formación y capacitación para el turismo, mejores esquemas de remuneración y retiro y campañas de sensibilización dirigidas tanto a las policías como al público en general; en AMATUR, acabamos de lanzar una al respecto.
Por otra parte, habría que analizar qué tan conveniente es que haya militares a la vista, que tan práctico es que los oficiales de la aduana sean miembros del ejército y que tan eficaz resulta tener una guardia nacional que dependa de la Secretaría de la Defensa Nacional, que hasta hoy, no ha generado ni mejores resultados que la policía federal ni mejores percepciones.

Además de Desarrollo de Productos Turísticos Segmentados para nuestros destinos, mejora de infraestructuras, promoción institucional y programas de formación, se requiere un cambio en los cuerpos de seguridad y una mucho mejor actitud. Es imprescindible erradicar las prácticas de todo tipo de extorsión, eso nos hace más daño, que ningún otro de nuestros flagelos.
Al Buen Entendedor…
