
Por: Sergio E. González Rubiera
Siempre es una pena dejar Taormina, mágica y encantadora y en especial en esta ocasión al enterarnos de que había Festival de Jazz en el mismísimo Teatro Antico, al que no podíamos asistir, ya que nuestro Voyager zarpaba por la tarde del mismo día del concierto, será en otra ocasión quizá.
De Taormina, navegamos por la noche hacia Catania, ciudad grande con un magnífico y emblemático Teatro Massimo como el de Palermo, uno de los más grandes de Europa y también con un mercado de pescados y mariscos interesante de visitar. El calor era agobiante, por lo que después de la comida regresamos a la comodidad del barco.
Como he dicho en la entrega anterior, ilusión especial me hacía llegar a Siracusa, no solo por ser el sitio desde el que partió Publio Cornelio Escipión Africannus, para invadir África y conquistar Cartago, sino por ser también la tierra natal del gran matemático Arquímedes, además de por su fama de hermosa ciudad costera, su gastronomía y de manera especial me entusiasmaba conocer lo que fuera el Templo de Atenea, hoy la catedral.

En Roma, Escipión fue criticado por sus adversarios políticos, por vivir con lujos y excesos en la Isla Ortigia, según los informes que enviaba desde Siracusa, Catón, su eterno enemigo, de forma que el Senado decidió enviar una embajada para corroborar aquellos informes y saber si Escipión estaba en capacidad de invadir África.
La embajada llegó navegando desde Roma y apenas al aproximarse a la costa de Siracusa, una nave enviada por el Cónsul Escipión los interceptó, para darles la bienvenida y avisarles que deberían aproximarse por el puerto menor y no por el gran Portus Magnus, lo que ofendió primero a la comitiva pero que al final aceptaron los senadores a regañadientes.

Al desembarcar por el puerto menor, Publio Cornelio Escipión hizo caminar a la embajada por la costa rodeando la Isla Ortigia, con lo cual pudieron admirar la bahía, pasar enfrente del impresionante Templo de Atenea con sus gigantescas columnas construido por los griegos, cruzar enfrente del manantial de Aretusa para finalmente llegar al Portus Magnus y atestiguar que el Gran General, tenía toda una flota de más de 400 embarcaciones tanto las de guerra, como las de transporte listas para la hazaña de África, con lo cual se hizo evidente el porqué, no podían desembarcar en aquel gran puerto.
Recorrer con Alice la costa de la Isla Ortigia, que es prácticamente una península, me hizo sentirme como aquel gran general, que demostró a cabalidad que estaba más que preparado para la conquista de Cartago. Visitamos el manantial de Aretusa que sigue ahí intacto luego de más de 2200 años, del que surgen las plantas con las que se hacía el papiro y del que existe la leyenda de que Aretusa era una ninfa, que la Diosa Artemisa transformó en manantial para evitar sus amoríos, con un novio, que para seguirla amando se convirtió en río y así poder seguir juntos, ese río desemboca en el mar mediterráneo. En ese mismo manantial, Publio se despidió de su amada Emilia, cuando debía marchar a África y ella con los hijos a Roma para estar segura y a salvo.

Escipión venció a Aníbal en la Batalla de Zama en octubre del año 202 a.C.
La catedral, el Duomo di Siracusa, de estilo rococó fue construida sobre la estructura de enormes columnas jónicas de lo que fuera originalmente el templo de Atenea de la antigua Grecia, hoy en día es la principal atracción de la muy hermosa Piazza del Duomo en el centro de la Isla Ortigia a solo unos minutos caminando desde el puerto.
Recorrer Siracusa, la tierra natal de Arquímedes que fuera la ciudad más importante de la Antigua Grecia, es una delicia, por toda la historia que encierra, por sus ruinas griegas, romanas y españolas, por su hermosa bahía, y desde luego por su ambiente cálido y sus callejuelas llenas de restaurantes; fue nuestro último punto en Sicilia antes de emprender la navegación hacia Malta.

Zarpamos por la noche de Siracusa y la lenta navegación alejándonos de sus luces fue espectacular e inolvidable.
Al día siguiente por la mañana llegamos a la Isla de Gozo en Malta, de la que no tengo mayores comentarios salvo el calor excesivo, por lo que me enfocaré en la mágica llegada que el Capitán del Voyager, nos obsequió contemplando el atardecer en la Valleta, la capital antigua de Malta.
La Valleta es un conjunto de edificios antiguos todos completamente color arena; desde la cubierta de nuestro barco podíamos admirar cúpulas, torres de iglesias, castillos, casitas, torres de vigilancia y por supuesto una gran muralla, todo en este color que pareciera de adobe; se vislumbran también los edificios que fueron bombardeados en la guerra mundial y el gran puerto junto a la muralla. El Capitán navegó lentamente para permitirnos el deleite visual en donde el sol le daba un toque especial a este color blanquecino casi ámbar de toda la ciudad.

Por la noche tuvimos la cena del Capitán, la de despedida, para pasar la última noche abordo y desembarcar por la mañana en Valleta, Malta.
Después del desayuno, nos quedamos en el deck principal del Voyager, como dubitativos, como que nadie quiere descender del barco, se siente nostalgia… bajamos, adiós Voyager, Ciao tripulación, arrivederci.
Una vez en tierra emprendimos el viaje, Pablo, Toñi, Alice y quien escribe, en taxi a Sliema, la parte turística para alojarnos en el Paseo Marino con vista a La Valleta.

En Sliema, ubicados en lo que sería la costera, nos sorprendió la enorme cantidad de jóvenes, muchos de ellos españoles de 18 años que abarrotaban las calles y que inundaban las escena con su energía, porque según nos dijeron después algunos de ellos, la fiesta en Malta es interminable y barata.
De Sliema a Valleta podíamos acceder fácilmente en ferry y eso nos permitió por una parte conocer la espectacular Co Catedral de St. Johns, la iglesia más impresionante, más rica en oro y en obras de arte que he visto en mi vida, con la excepción de la Basílica de San Pedro en el Vaticano y por supuesto la Capilla Sixtina. Pero las obras de arte de Caravaggio principalmente y otros maestros en la catedral de Valleta, la hacen, única, excepcional, magnífica; valuada y asegurada en billones de dólares. Es difícil, imposible diría, poder describir en palabras lo sublime de pisos de mármol con inscripciones, pinturas y motivos, como las cúpulas, retablos y de manera especial el oro que decora paredes, arcos y bóvedas.

Y por otra parte poder celebrar el cumpleaños de Alice en el mejor restaurante de La Valleta, el tradicional King´s Own, que debe su nombre a que, en ese club privado, han tocado por generaciones las bandas de música privadas del Rey; toda una historia en ese recinto.
Malta no estaba en mi bucket list, pero ya que estaba en el itinerario “Dolce Vita” del Voyager, fuimos afortunados de conocer esta maravillosa isla-país, geográficamente ubicada entre Sicilia y las costas de África. Buena experiencia.

Al Buen Entendedor…