“El gran día ha llegado. Lo habíamos esperado tanto…”, decían los protagonistas de la película surfera de culto Big Wednesday (1978). Malibú, en California, es la cuna de este deporte gracias a sus gigantescas olas y a sus cuarenta kilómetros de magníficas playas y altos acantilados. De hecho, los nativos americanos la bautizaron inicialmente como ‘Humaliwo’, que significa literalmente “la ola que ruge”, algo que siempre ha sorprendido y atraído a aficionados de todas partes.
Pero no solo existe Malibú. Los paraísos de la tabla están por todo el mundo, lugares de ensueño donde los surfistas, como acróbatas, desafían el poder salvaje del mar. Más que un deporte, es una filosofía de vida, un canto a la libertad y a la naturaleza, que también atrae a quienes no lo practican. Es un espectáculo admirar las olas gigantes, las llamadas Massive Waves, que dan vida a espectaculares juegos de agua del tamaño de un castillo. Algo que se puede hacer en lugares que que van desde Europa hasta Asia, pasando también por España. Y cada uno de ellos tiene su propia personalidad.
Bali, Indonesia
Volando hacia Asia, en la cresta de la ola está Bali: sus largas playas doradas, la energía del océano, los bosques frondosos, los templos congelados en el tiempo, el ambiente exótico… Bali, en el corazón del archipiélago indonesio, es una tierra llena de contrastes y almas diferentes, equilibrada entre la espiritualidad y la diversión, y siempre ha sido un destino well-liked para los surfistas. Para los que no temen el poder del océano y sus grandes olas, los destinos más populares de la isla se concentran en el suroeste: Ulu Watu, Padang Padang y Pantai Suluban. Altos acantilados delimitan bahías escondidas, playas ventosas y costas arenosas. En esta zona se concentran escuelas de surf y clubes, creando un ambiente desenfadado, vibrante de energía positiva. Pero las escapadas a la playa en Bali son numerosas, ya que Canggu, Seminyak y Kuta también ofrecen varios puntos de interés. El hilo conductor es la magia de la isla, que hechiza con los arrozales, mucha vegetación y un encanto bohemio único.
Huntington Seaside, California
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