{"id":495328,"date":"2023-02-25T03:41:12","date_gmt":"2023-02-25T03:41:12","guid":{"rendered":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/?p=495328"},"modified":"2023-02-25T03:41:13","modified_gmt":"2023-02-25T03:41:13","slug":"tres-cuentos-pagina12","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/tres-cuentos-pagina12\/","title":{"rendered":"Tres cuentos | P\u00e1gina12"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div>\n<p>\u00a0 \u00a0<b>El cuento por su autor<\/b><\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 En el a\u00f1o 2012, empec\u00e9 a escribir una columna llamada <i>Examine In<\/i> para la revista LaMujerdeMiVida. Ricardo Coler, Amalia Sanz y Sergio Olgu\u00edn (director, editora y jefe de redacci\u00f3n, respectivamente) me hab\u00edan propuesto que escribiera una columna fija. Me pareci\u00f3 una likelihood excelente para casar dos obsesiones de toda la vida, dos pasiones, m\u00e1s bien, que nunca aflojan: los hoteles y las vidas de escritores. <\/p>\n<p> Prueba de que me gustan los hoteles, y hasta qu\u00e9 punto, es que los sue\u00f1os son realizaciones de deseo y yo sue\u00f1o con hoteles. <\/p>\n<p> En cuanto a las vidas de escritores: las empec\u00e9 a leer de chica, contagiada por la fijaci\u00f3n de una abuela. No creo que ella misma fuera consciente de que ten\u00eda una man\u00eda literaria y de que esa man\u00eda recortaba un g\u00e9nero, pero visto en perspectiva, period as\u00ed. Su biblioteca estaba llena de biograf\u00edas y autobiograf\u00edas. Inevitablemente, muchas eran de escritores o estaban excelentemente escritas por ellos, como un gaje feliz del oficio. Intrigados por c\u00f3mo habr\u00edan vivido sus precursores, las escritoras y los escritores a veces escrib\u00edan biograf\u00edas de los dem\u00e1s o escrib\u00edan las propias, para entenderlas, qui\u00e9n sabe. <\/p>\n<p> De esta manera empez\u00f3 mi columna que cruzaba biograf\u00edas de escritores y hoteles. Ese fue el envi\u00f3n y hoy, tantos a\u00f1os despu\u00e9s, sigo con los escritores y los hoteles (recorriendo vidas y cuartos de todo tipo con la imaginaci\u00f3n), pensando en un libro de historias. Comparto tres, de tres ciudades distintas, de hombres que escribieron m\u00e1s o menos en la misma \u00e9poca. Y me quedo pensando si en esos a\u00f1os ya se hab\u00eda inventado el fabuloso cartel que cube NO MOLESTAR. <\/p>\n<p><b>El Cairo, Resort du Nil, 1850<\/b><\/p>\n<p> Flaubert se despide de Egipto en un lodge del Cairo, escribiendo notas de viaje a altas horas de la noche. Le dicen Abu Schenep \u2014padre de los bigotes\u2014, y se viste con camisa \u00e1rabe y tarbuch. En un rato salen con su amigo Du Camp hacia Alejandr\u00eda, Palestina, Siria y el L\u00edbano. Tiene veintiocho a\u00f1os. Vino enfermo de s\u00edfilis pero est\u00e1 convencido de que se infect\u00f3 en esta ciudad de un lujo opaco, inolvidable. Se lleva un gran recuerdo, el materials de su leyenda er\u00f3tica secreta: la noche que pas\u00f3 con Kuchiuk Hamn\u00e9, puta fuerte y bebedora, y el miedo a olvidarse de c\u00f3mo period su cara. Ya se dedica a recordarla en este lodge regenteado por un ex actor c\u00f3mico llamado Bouvaret, que decor\u00f3 los pasillos con caricaturas recortadas de una revista europea. Empieza a recordarla y presentir que su imagen se borronea al mismo tiempo, y lo que le gusta es eso. <\/p>\n<p> En la recepci\u00f3n, estos d\u00edas, se cruz\u00f3 con viajeras de dinero, jeques, changadores flaquitos que corren a vaciar los orinales. Durmi\u00f3 en este lodge cuando lleg\u00f3 a Egipto y aqu\u00ed pasa las \u00faltimas noches antes de irse. La simetr\u00eda lo enloquece. \u201cDebido a la tristeza de la partida, siento la alegr\u00eda que deb\u00eda haber tenido al llegar\u201d, escribe. <\/p>\n<p> Los tr\u00e1mites y los sociales, la comodidad del lodge y el hecho de irse lo descolocan despu\u00e9s de meses en el Nilo y el desierto. Le cuesta encajar de vuelta como si nada en su mundo de sal\u00f3n. Entr\u00f3 en Luxor con piedras en la mano para defenderse de los perros salvajes. Quisieron desembarcar porque les daban miedo los cocodrilos pero no bajaron porque les dijeron que los ladrones de la orilla tambi\u00e9n pod\u00edan matarlos. Le compraron por diez piastras a un hombre las trenzas de sus esposas, bordadas en una especie de telar. En los patios de las casas, encontr\u00f3 avestruces piojosas. Tuvo que abrirse paso a manotazos entre pilas de momias. Todo esto, se entiende, contribuye a un esplendor agotado, que \u00e9l absorbe fumando en paz, con una felicidad extra\u00f1a, de sabio o melanc\u00f3lico. En Esna durmi\u00f3 con Kuchiuk Hamn\u00e9. Lleg\u00f3 hasta ella. A las mujeres como ella, se llega, y como pasa con frecuencia, lo llev\u00f3 otra. <\/p>\n<p> Lo llev\u00f3 Bambeh, una mujer flaca que fue a buscarlos al barco. La segu\u00eda una oveja como un perrito faldero. Al rato, Flaubert y sus amigos vieron a Kuchuick, impresionante, bailando a contraluz. Tiene un incisivo cariado y un olor fuerte, que lo marea. Baila la Danza de Taza y la Danza de la Abeja. La casa tiene patio, alfombras y chinches. En El Cairo, Flaubert hab\u00eda estado con una chica afeitada, de sexo \u201cseco y graso\u201d y tuvo que \u201chacer el amor con int\u00e9rprete\u201d. Y despu\u00e9s estuvo con otras chicas, cada una un mundo, y con todas necesit\u00f3 un traductor. Pero ella es distinta. Tiene letras tatuadas en el cuerpo. Flaubert durmi\u00f3 con el dedo enganchando en sus collares \u201ccomo para retenerla si despertaba\u201d. No hizo falta el traductor. Se despidi\u00f3 de ella y despu\u00e9s de unas semanas volvi\u00f3 a Esna para verla. Pero las cosas hab\u00edan cambiado. La ovejita de Bambeh se hab\u00eda muerto. La ciudad le pareci\u00f3 opaca y triste y Kuchiuk tambi\u00e9n. Entiende que \u00e9l siempre va a acordarse de ella pero ella nunca va a acordarse de \u00e9l.<\/p>\n<p> Hay lealtades del alma, tan fuertes que dan celos terribles, y esta es una. Tan fiel es Flaubert a esa noche y esa mujer imaginada que al tiempo sale a defenderla de los celos de su amante, Louise Colet, cuando le da a leer estas notas de viaje. Louise Colet se burla de Kuchiuck, picada por los comentarios maliciosos del mismo Flaubert, y \u00e9l contesta: \u201cA m\u00ed eso era lo que me encantaba; su olor nauseabundo se mezclaba con el perfume de su piel chorreante de s\u00e1ndalo\u201d. <\/p>\n<p> Pero esta noche est\u00e1 solo, no le muestra su diario de viaje con la descripci\u00f3n del baile de la Taza y la Abeja a Louise Colet. Esta \u00faltima noche egipcia, se da cuenta de que va a extra\u00f1ar a la bailarina, determine extra\u00f1arla, y siente una nostalgia rara, anticipada. En una carta a un amigo, escribir\u00e1: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 estas ganas melanc\u00f3licas de volver a Egipto, remontar el Nilo y encontrarme con ella?\u201d<\/p>\n<p> Oye los gallos, le arden los ojos y siente el \u201cestremecimiento del amanecer\u201d. \u201c\u00a1Hinch Al\u00e1!\u201d, escribe a las 4 horas y 6 minutos de la ma\u00f1ana. Y se despide de la ciudad. <\/p>\n<p> En el recuerdo de Maxime Du Camp, Flaubert encuentra el nombre para la protagonista de su nueva novela mientras recorren Egipto. Se le ocurre jugando con el apellido del patr\u00f3n del lodge: Bouvaret, Bouvaret. \u201c\u00a1Va a llamarse Emma Bovary!\u201d, le dijo Flaubert en una canga, atravesando el Nilo.<\/p>\n<p><b>Knokke, B\u00e9lgica, 1900<\/b><\/p>\n<p> Hay escritores que despu\u00e9s de reclamar durante a\u00f1os silencio y soledad para trabajar tranquilos, deciden escribir un libro con un colega que tambi\u00e9n necesita soledad y silencio para trabajar. Es lo que pasa con estos dos se\u00f1ores que tratan de reanimar una novela en la habitaci\u00f3n del fondo del sexto piso de un lodge de Knokke, en B\u00e9lgica. Empezaron a escribirla en Inglaterra con un entusiasmo sospechoso, a lo mejor maniaco, y ahora se les muere de insuficiencia argumental. Como son dos cinturones negros, se dan cuenta de que algo falla. Y en vez de abandonarla la trajeron de viaje como si fuera un cuerpo delicado, que es lo que se hace con los seres queridos que se apagan en esta \u00e9poca de balnearios y retiros de monta\u00f1a. Los escritores son Conrad y Ford Madox Hueffer, a quien hoy conocemos como Ford Madox Ford, gracias a su futuro seud\u00f3nimo round. <\/p>\n<p> En unos a\u00f1os estar\u00e1n peleados y ya gestan la ruptura en este lodge donde se alojan con sus hijos y sus mujeres, Jessie y Elsie, que se llevan p\u00e9simo, anticipando el futuro y caus\u00e1ndolo un poco. Madox Hueffer siente, de hecho, el latido del rencor. Conrad lo trata como a Invoice, la pobre lagartija de <i>Alicia en el Pa\u00eds de las Maravillas<\/i>. Pero su queja es secreta y controlada. Los ceniceros est\u00e1n llenos, hay una mesa plegable. Se divierten, creen en la literatura, Madox Hueffer cree en Conrad, tienen planes.<\/p>\n<p> Abajo, los pasajeros van hasta Holanda por la playa en veleros sobre ruedas, por la sola y deportiva compensaci\u00f3n del r\u00e9cord. Se juega al ecarte y el domin\u00f3. Hay una cantante wagneriana y un director de orquesta. Hasta ah\u00ed va todo bien, pero la area desnivela la postal. Se mete \u201cen el tintero, en la m\u00e1quina de escribir\u201d, tambi\u00e9n en las canchas de sand tennis, claro. El m\u00e1rmol resbala como hielo. Para consolarse, comparan la situaci\u00f3n con Brujas, de donde huyeron con sus familias, espantados por las campanadas, los nenes que vivaban a los Boers, la comida y los pasajeros de la pensi\u00f3n inglesa -y eso que a Conrad lo que m\u00e1s le gusta, m\u00e1s que el mar y los libros, son los ingleses-. Knokke fue un recurso de \u00faltimo momento para salvar las vacaciones. Tienen bajas expectativas y eso mejora todo. Est\u00e1n mentalizados para navegar el cap\u00edtulo 4 y el 5 de la novela. Ya tienen el closing y ah\u00ed van, sorteando bancos mentales de area. Pero esta noche pasa algo que Conrad, el veterano de la vida, no est\u00e1 preparado para enfrentar: su hijo Boris est\u00e1 mal, es tan chico y de pronto est\u00e1 muy enfermo.<\/p>\n<p> En el mar y los libros Conrad no pierde el temple, pero ahora tiene miedo. Sobrevivi\u00f3 un naufragio, comand\u00f3 un barco con can\u00edbales, y ahora est\u00e1 perdido. Le da un ataque de gota psicosom\u00e1tica, le vendan las mu\u00f1ecas. Una vez cruz\u00f3 el Congo a pie, sonaban los tambores, hab\u00eda esqueletos, hasta vio un cad\u00e1ver en pose pensativa, y no se ech\u00f3 atr\u00e1s. Es duro por polaco y pr\u00e1ctico por ingl\u00e9s, pero ahora gru\u00f1e y va de una punta a otra de la habitaci\u00f3n. Est\u00e1 aterrado por su hijo, furioso porque no puede escribir. \u201cLa verdad, viejo, es que me volver\u00eda loco si no escribe por los dos\u201d, le cube a su amigo, y lo incita a escribir una escena de piratas aunque su amigo no sabe nada de barcos y olas. Madox Hueffer se esfuerza. Busca m\u00e9dicos, salva y acuna a Boris, se gana la aprobaci\u00f3n temporal de Jessie Conrad, escribe la parte donde el protagonista salta de una soga con la hero\u00edna en brazos. Cuando le lee a Conrad lo que escribi\u00f3, a Conrad le duele la cabeza, no le gusta.<\/p>\n<p> De esta noche, Conrad dir\u00e1: \u201cTodo el hotel estaba conmocionado\u201d. No contar\u00e1 mucho m\u00e1s porque a \u00e9l no le gusta hablar de intimidades. El que cuenta todo en detalle, y de paso se desquita, es Madox Hueffer, por supuesto. Lo cuenta en un texto entra\u00f1able porque es un gran escritor, siempre lo fue, y adem\u00e1s tuvo un gran maestro.<\/p>\n<p> La cantante wagneriana se llamaba Benny van der Meer de Walcheren, cuenta Madox Hueffer. Solfeaba en la recepci\u00f3n y el comedor y hac\u00eda temblar los vidrios en la habitaci\u00f3n del fondo del sexto piso. \u201cSu voz\u201d, cube, \u201dcompet\u00eda con el viento del Mar del Norte\u201d. <\/p>\n<p><b>Jacksonville, Resort Saint James, <\/b><b>1896<\/b><b\/><\/p>\n<p> Parece una iron\u00eda, o una secreta provocaci\u00f3n, elegir un lodge famoso, el mejor de la zona, para registrarse con un alias pero este hu\u00e9sped se hace pasar f\u00e1cilmente por un tal Samuel Carleton ni m\u00e1s ni menos que en el gran lodge Saint James, a lo mejor porque es escritor y est\u00e1 acostumbrado a los seud\u00f3nimos y las maneras de decir en normal. Su verdadero nombre es Stephen Crane y en breve zarpar\u00e1 hacia Cuba. Tiene planeado reportar el alzamiento de los cubanos contra los espa\u00f1oles. En realidad hasta parece pure que alguien como Crane se registre en un lodge con un nombre falso. Por algo es el genio oculto que sopla entre l\u00edneas, el escritor que le da el primer plano a la historia, el autor ausente, de una caballerosidad tremenda con sus creaciones.<\/p>\n<p> Aqu\u00ed est\u00e1 entonces, en la Florida h\u00fameda, este joven veterano que explor\u00f3 de punta a punta la peligrosa calle Bowery de Nueva York. Ya se dio el gusto de cruzar el Lejano Oeste y conoce en carne propia el verdadero miedo. Una vez dijo \u201cbasta de decir lo que uno piensa, mejor escribo lo que siento\u201d. Tiene ojos celestes saltones y los dientes arruinados. Es fan\u00e1tico de los ni\u00f1os, perros y caballos. Uno de sus mejores amigos es, de hecho, su querid\u00edsimo caballo Peanuts. No le gusta esta ciudad que parece \u201checha con cart\u00f3n sucio por unos beb\u00e9s lun\u00e1ticos\u201d pero tiene sentido del humor. En este momento derrapa desde Nueva York hacia Cuba, de la buena fama literaria a las calumnias de far\u00e1ndula. Meses atr\u00e1s, en Manhattan, rescat\u00f3 por la calle a una prostituta de un polic\u00eda corrupto y ahora la polic\u00eda se la tiene jurada. As\u00ed que cuando se registra como Samuel Carleton se est\u00e1 protegiendo. Y tambi\u00e9n lo hace porque lleva setecientos d\u00f3lares en oro para los cubanos de parte del sindicato de prensa. <\/p>\n<p> El tiempo nos ubica en la ventaja del futuro. A Crane lo espera el naufragio del barco que lo lleva a Cuba, y a nosotros, la suerte de que ese naufragio le haya inspirado su cuento <i>El bote<\/i>. Tambi\u00e9n lo espera, todav\u00eda, su trabajo como cronista en la Guerra Greco-Turca. En Inglaterra ser\u00e1 recibido con los brazos abiertos. Lamentablemente, tiene tuberculosis. Escribir\u00e1 historias maravillosas, como <i>La novia llega a Yellow Sky<\/i> y <i>El lodge azul,<\/i> hablando de hoteles, que resuena como un pariente lejano y anterior de <i>El sur,<\/i> de Borges. Es joven, est\u00e1 lleno de imaginaci\u00f3n y de proyectos, apenas tiene veinticinco a\u00f1os y morir\u00e1 dentro de cuatro. A Samuel Carleton le queda, en cambio, toda la vida por delante porque Samuel Carleton es solamente un nombre, una invenci\u00f3n de Stephen Crane, una obra suya.<\/p>\n<p> Crane, o mejor dicho Samuel Carleton, sale del lodge Saint James y da un paseo por los barrios bajos de la costa. Es un escritor famoso, de esos que habitan la mente de cientos de lectores como un amigo susurrado, pero estamos en 1896, y los escritores todav\u00eda son m\u00e1s una presencia inmaterial que una cara para las personas, as\u00ed que nadie lo descubre ni lo reconoce. Le gustan las grandes olas de la playa y el mar picado y oscuro al fondo. Pasa por los bares preferidos del gran traficante de armas Napole\u00f3n Bonaparte Broward. Camina \u201ccallado, sin aportar aventura\u201d mirando atentamente los paseantes y los grupos de pescadores de esponjas. Ve mansiones vaciadas por la Fiebre Amarilla. Pasa delante de unos cuantos burdeles. <\/p>\n<p> Se mete en uno que se llama Resort de Dream. La madama es rubia, petisa, fortachona, divorciada, ya pas\u00f3 dos veces por las armas de hecho, y le lleva unos a\u00f1os. Se llama Cora Taylor o Misses Stewart, depende, porque ella tambi\u00e9n maneja varios nombres. Enseguida se ponen a conversar. Ella es una gran lectora y quiere escribir. Hablan sobre libros. Cora ley\u00f3 un libro de Crane, que Crane le dedicar\u00e1 hoy mismo, dentro de unas horas, con estas palabras: \u201cPara un encanto sin nombre\u201d. Pero antes, tiene que desenmascararse, para que Cora no lo tome por un farsante. Cuando se da cuenta de que Cora lee sus libros, Crane determine presentarse con su verdadero nombre. Es uno de esos momentos en que la verdad puede sonar como una mentira y por Cora est\u00e1 dispuesto a correr ese riesgo inveros\u00edmil. En realidad, le cube, tiene algo que confesarle. No se llama Samuel, se llama Stephen. Y aunque no pueda creerlo, \u00e9l es el mism\u00edsimo Stephen Crane.<\/p>\n<p> As\u00ed que cuando Samuel Carleton empuj\u00f3 la puerta de entrada del Resort de Dream hace unos minutos, comenz\u00f3 un gran cambio en la vida de Stephen Crane. Y en la de Cora. Y en la de esa otra entidad que son Cora y Stephen, y que acaba de nacer. Despu\u00e9s de este encuentro en el Resort de Dream, no van a separarse. Miren, sino, lo que \u00e9l le escribe:<\/p>\n<p>\u201cEres mi amor<\/p>\n<p>Eres un templo<\/p>\n<p>En ese templo hay un altar<\/p>\n<p>Y en ese altar est\u00e1 mi coraz\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p> Stephen Crane y Cora Taylor hablan de libros y bailan en el Resort de Dream. Despu\u00e9s el se\u00f1or Samuel Carleton regresa a su cuarto del lodge Saint James para dormir.\u00a0<\/p>\n<\/div>\n\n<p><em> &#8221; Fuentes www.pagina12.com.ar &#8221; <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0El cuento por su autor \u00a0 \u00a0 En el a\u00f1o 2012, empec\u00e9 a escribir una columna llamada Examine In para la revista LaMujerdeMiVida. Ricardo Coler, Amalia Sanz y Sergio Olgu\u00edn (director, editora y jefe de redacci\u00f3n, respectivamente) me hab\u00edan propuesto que escribiera una columna fija. 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