{"id":281319,"date":"2022-03-02T17:54:16","date_gmt":"2022-03-02T17:54:16","guid":{"rendered":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/?p=281319"},"modified":"2022-03-02T17:54:17","modified_gmt":"2022-03-02T17:54:17","slug":"madagascar-una-isla-como-de-otro-planeta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/madagascar-una-isla-como-de-otro-planeta\/","title":{"rendered":"Madagascar, una isla como de otro planeta"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div id=\"cuerpo_noticia\">\n<p>Madagascar\u00a0es un mundo aparte. Un lugar que se form\u00f3 hace 165 millones de a\u00f1os cuando se desgaj\u00f3 del primitivo supercontinente de Gondwana. Es una gigantesca isla, tan grande como Espa\u00f1a, cuya fauna y flora evolucionaron al margen del resto del planeta dando lugar a especies de animales y vegetales que en su mayor parte son end\u00e9micas. Dos buenos ejemplos de ello son el l\u00e9mur, un g\u00e9nero de primates que \u00fanicamente vive aqu\u00ed, y el baobab, uno de los \u00e1rboles m\u00e1s raros y llamativos que existen. Un territorio frente a la costa sudeste de \u00c1frica que es, en muchos sentidos, un enclave que parece de otro mundo. Destino tur\u00edstico a\u00fan minoritario, en este viaje recorremos buena parte de sus atractivos.<\/p>\n<h3>Hacia la selva de los l\u00e9mures<\/h3>\n<p>Desde Antananarivo, la capital, nos ponemos en camino por la \u00fanica v\u00eda que lleva al parque nacional de Andasibe-Mantadia, que, juntamente con la cercana reserva especial de Analamazoatra, alberga seis especies diferentes de l\u00e9mures; incluyendo los dos de mayor tama\u00f1o que existen: el indri y el sifaca. La visita al parque la realizamos acompa\u00f1ados de un gu\u00eda y de un \u201clocalizador\u201d, que se encargar\u00e1 de adentrarse en las profundidades del bosque para facilitar el avistamiento de los codiciados y raros primates.<\/p>\n<section id=\"sumario_1|foto\" class=\"sumario_foto derecha\">\n<p><figure class=\"foto foto_w360\">\u00a0<figcaption class=\"foto-pie\"\/><\/figure>\n<\/p>\n<\/section>\n<p>El gu\u00eda imita h\u00e1bilmente los caracter\u00edsticos sonidos que emite el tipo de l\u00e9mur que queremos ver. El efecto llamada funciona de inmediato y en un momento llegan varios ejemplares de indri que responden con un concierto de variados y penetrantes gritos \u2014tienen secuencias y tipos de <em>canto<\/em> para muy diferentes momentos, como el cortejo, para advertir peligro, peleas\u2026\u2014. Alguien dijo una vez que este tipo de l\u00e9mures, de coloration blanco y negro, parec\u00edan monos disfrazados de osos panda. Poco despu\u00e9s damos tambi\u00e9n con una familia de sifacas de diadema; es el tipo de sifaca m\u00e1s llamativo y el de mayor tama\u00f1o \u2014llega a medir hasta 105 cent\u00edmetros\u2014, y vive en grupos mixtos de ocho o m\u00e1s individuos.<\/p>\n<p>A lo largo del recorrido, el gu\u00eda nos va ilustrando sobre las muy distintas clases de l\u00e9mures que existen (m\u00e1s de 100); tambi\u00e9n de algunas curiosidades sobre ellos, como, por ejemplo, que el m\u00e1s peque\u00f1o tiene el tama\u00f1o de una peque\u00f1a ardilla y es nocturno.<\/p>\n<h3>De \u00e1rbol en \u00e1rbol<\/h3>\n<p>El otro plato fuerte del pa\u00eds son, sin duda, los baobabs. Prodigiosos y mastod\u00f3nticos \u00e1rboles milenarios, de aire remoto y tot\u00e9mico, que seg\u00fan quien los mire podr\u00e1 pensar que su corteza guarda parecido con la cori\u00e1cea piel de un paquidermo o con la p\u00e9trea textura de una roca. En la mayor parte de los lugares en los que aparecen estos colosos de la flora, los pueblos o culturas de la zona les atribuyen poderes m\u00e1gicos o sagrados. Son \u00e1rboles que despiertan asombro y respeto. Cuando uno observa su primer baobab piensa que es una especie vegetal de un mundo al rev\u00e9s, en el que los \u00e1rboles hunden sus troncos en el subsuelo dejando ver sus ra\u00edces en lo m\u00e1s alto. De las nueve especies que existen, en <span style=\"color: #ff0000;\"><a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" style=\"color: #ff0000;\" href=\"https:\/\/madagascar-tourisme.com\/fr\/\">Madagascar<\/a> <\/span>hay siete. La edad de los ejemplares m\u00e1s viejos supera los 1.000 a\u00f1os; su altura alcanza los 25 metros, y su anchura no la abarcan 10 personas abrazando su tronco.<\/p>\n<p>Para ver la c\u00e9lebre avenida de los Baobabs hay que viajar a Morondava, ciudad costera y con gran actividad pesquera que regalar\u00e1 im\u00e1genes imborrables de grandes y peque\u00f1os veleros de pesca desfilando frente a la playa. La fotog\u00e9nica <em>calle<\/em> es una sencilla pista de tierra flanqueada a izquierda y derecha por medio centenar de imponentes ejemplares. Dependiendo del momento del a\u00f1o y del d\u00eda, se ver\u00e1n sus troncos de muy distinta coloraci\u00f3n: desde plata brillante, pasando por gris plomizo, bronce bru\u00f1ido, naranja suave, hasta llegar al oro viejo o al negro. Su contraste con el coloration del cielo oficiar\u00e1 el instante m\u00e1gico.<\/p>\n<p>Aunque no existe oficialmente una ruta de baobabs,\u00a0s\u00ed que es posible disfrutar de algo parecido siguiendo la pista que une Morondava con el r\u00edo Tsiribihina. M\u00e1s de 100 kil\u00f3metros a lo largo de los cuales, adem\u00e1s de la conocida avenida, se podr\u00e1n ver muy excepcionales baobabs. Por ejemplo, un descomunal tr\u00edo unido por un mismo tronco, o un majestuoso esp\u00e9cimen aislado en medio del terreno que recuerda a uno de esos viejos elefantes solitarios vagando por la inmensidad africana. Siguiendo con el <em>cat\u00e1logo<\/em> de la ruta, poco m\u00e1s all\u00e1 se ve uno cuyo tronco se desdobla y se retuerce dando la sensaci\u00f3n de abrazarse a s\u00ed mismo. Avanzando en el camino, llegaremos a un peque\u00f1o poblado asentado al lado de un colosal ejemplar, de gran copa ramificada, que adem\u00e1s es uno de los m\u00e1s sagrados de la isla. No lejos de este m\u00e1gico \u00e1rbol penetraremos en un bosque repleto de estos gigantes vegetales, y es que todav\u00eda resulta m\u00e1s inusual encontrarlos formando peque\u00f1as selvas.<\/p>\n<h3>El imponente bosque de piedra<\/h3>\n<p>La \u00fanica forma de llegar al <span style=\"color: #ff0000;\"><a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" style=\"color: #ff0000;\" href=\"https:\/\/whc.unesco.org\/en\/list\/494\/\">parque nacional de Tsingy de Bemaraha<\/a>,<\/span> declarado patrimonio mundial en 1990, y sus singulares formaciones rocosas es atravesar el r\u00edo Tsiribihina y sus aguas coloration azafr\u00e1n, producto de la gran cantidad de sedimentos arcillosos que arrastran. Embarcamos los veh\u00edculos en una precaria balsa y cruzamos a Belo sur Tsiribihina. Hasta Tsingy de Bemaraha todav\u00eda quedar\u00e1n casi cuatro horas de coche.<\/p>\n<p>Iniciamos la visita primero por el inside de un denso bosque en el que es posible ver camaleones, multitud de aves y, por supuesto, l\u00e9mures (aqu\u00ed habitan 11 tipos). Despu\u00e9s aparecen ya las formaciones geol\u00f3gicas de Tsingy, de origen k\u00e1rstico, que se yerguen altivas con sus grises e hirientes agujas apuntando al cielo. El recorrido transcurre en un constante subir y bajar, a trav\u00e9s de un agresivo y bello paisaje repleto de afiladas murallas p\u00e9treas. Atravesamos t\u00faneles y cruzamos alguna pasarela colgante para salvar una profunda garganta. El esfuerzo se ve compensado al alcanzar un par de miradores situados en las partes m\u00e1s altas del lugar. Desde ellos se disfruta de una magn\u00edfica vista cenital de este bosque de piedra.<\/p>\n<h3>Mares de ensue\u00f1o\u2026 y m\u00e1s baobabs<\/h3>\n<p>De Morondava a Belo sur Mer hay que emplear 13 agotadoras horas de Toyota, pero el camino merece realmente la pena. Al paso desfilan peque\u00f1os poblados de chozas construidas a base de ca\u00f1as, hojas de palmera y corteza de baobab. En esta parte de Madagascar las comunidades parecen vivir igual que hace siglos. El camino sigue regalando sorprendentes encuentros con los monumentos vegetales de esta extra\u00f1a isla. Vemos baobabs de todo tipo; algunos con sus enormes vol\u00famenes y raras protuberancias parecen gigantescos y deformes tub\u00e9rculos puestos al sol; otros, con sus extra\u00f1as y grotescas formas org\u00e1nicas, sugieren imposibles seres de otros mundos. Cruzamos viejas lagunas salinosas; extensos territorios de soleados bosques de extra\u00f1as especies vegetales; \u00e1reas pedregosas; lechos secos de r\u00edos que dejaron de serlo hace miles de a\u00f1os; terrenos arcillosos, arenosos, de roca viva\u2026 Llevamos ya m\u00e1s de 10 horas de coche superando inc\u00f3modas trialeras y tramos en los que el veh\u00edculo parece un caballo desbocado. Antes de emprender las \u00faltimas horas del viaje, es el momento de cruzar el Mangoky, el mayor r\u00edo de Madagascar, con unos 564 kil\u00f3metros de largo. Y, por fin, Belo sur Mer: un id\u00edlico lugar en el que todo parece estar impregnado de una m\u00e1gica y armoniosa quietud. Frente a nosotros se despliegan un par de brazos de mar coloration verde esmeralda entre dos deslumbrantes lenguas de enviornment blanqu\u00edsima.<\/p>\n<p>La siguiente y \u00faltima etapa lleva hasta Ifaty. En el camino se ven de nuevo multitud de baobabs \u2014el oeste es la zona con la mayor densidad de ejemplares, de toda clase y tama\u00f1os, incluyendo el m\u00e1s antiguo y grande del pa\u00eds\u2014. Y se descubren adem\u00e1s llamativos bosques de una de las especies de baobabs m\u00e1s particulares, la de forma de botella. Tambi\u00e9n se tiene ocasi\u00f3n de contemplar los rar\u00edsimos ejemplares \u2014parece ser que solo existen tres en toda la isla\u2014 cuya corteza presenta un mosaico uniforme de curiosas manchas amarronadas que le dan un enigm\u00e1tico aire de \u00e1rbol tatuado. Hacia el mediod\u00eda, el infernal traqueteo de la pista de tierra concluye; la polvareda se disipa y, de repente, aparece una playa de blanqu\u00edsimas arenas y deslumbrantes aguas turquesas. Ifaty es el lugar para la relajaci\u00f3n y el esn\u00f3rquel junto al arrecife que en esta parte del pa\u00eds se extiende a lo largo de casi 300 kil\u00f3metros de costa. Y Le Jardin de Giancarlo, una buena pista gastron\u00f3mica en este singular universo lleno de atractivos y con multitud de lugares para sorprenderse.<\/p>\n<\/div>\n<p><span style=\"color: #333333;\">La nota precedente contiene informaci\u00f3n del siguiente <a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" style=\"color: #333333; text-decoration: underline;\" title=\"origen\" href=\"https:\/\/elviajero.elpais.com\/elviajero\/2022\/02\/28\/actualidad\/1646040546_040554.html\">origen<\/a> y de nuestra \u00e1rea de redacci\u00f3n.<\/span><\/p>\n\n<p><em> &#8221; Fuentes columnadigital.com &#8221; <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Madagascar\u00a0es un mundo aparte. Un lugar que se form\u00f3 hace 165 millones de a\u00f1os cuando se desgaj\u00f3 del primitivo supercontinente de Gondwana. 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