{"id":270323,"date":"2022-02-06T21:08:20","date_gmt":"2022-02-06T21:08:20","guid":{"rendered":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/?p=270323"},"modified":"2022-02-06T21:08:20","modified_gmt":"2022-02-06T21:08:20","slug":"el-viaje-levante-emv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/el-viaje-levante-emv\/","title":{"rendered":"El viaje &#8211; Levante-EMV"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<p>\n        La distancia de un sitio a otro no existe. Dicen que la llevamos en la cabeza y que tambi\u00e9n en la cabeza viajan con nosotros la casa antigua y lo que en ella nos acompa\u00f1aba. La literatura concede a los viajes algo nebuloso que se parece a los sue\u00f1os. Un d\u00eda miras por la ventana y te inventas que m\u00e1s all\u00e1 de las monta\u00f1as hay un mundo desconocido que se abre a la imaginaci\u00f3n, como cuando pintaba <strong>C\u00e9zanne<\/strong> el mar y los tejados de Marsella desde las terrazas de L\u2019Estaque. El tiempo tampoco existe y por eso ir de un sitio a otro s\u00f3lo requiere apretar fuerte los ojos y pronunciando abracadabra ver\u00e1s que ese sitio no lo hab\u00edas visto antes en ning\u00fan mapa, como si no hubiera existido hasta el instante mismo en que la palabra m\u00e1gica te lo descubre en medio de una mezcla extra\u00f1a de curiosidad e incertidumbre.\n<\/p>\n<div>\n<article class=\"article-quote article-quote--middle-quote\">\n<h3>Cuando voy en el coche por entre los montes de la Serran\u00eda, siempre pienso que de repente se me cruzar\u00e1 un dinosaurio y buscar\u00e1 sin mirarme, apaciblemente, la otra orilla de la carretera.<\/h3>\n<p>                            <span class=\"article-quote__decoration\"><br \/>\n                <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/estaticos-cdn.levante-emv.com\/images\/quote-deco-premium.svg?id=d8cd7e8d07271e18cdb8\" alt=\"decoration\"\/><br \/>\n            <\/span><br \/>\n            <\/article>\n<p class=\"article-body__text \">\n        Cuando voy en el coche por entre los montes de la Serran\u00eda, siempre pienso que de repente se me cruzar\u00e1 un dinosaurio y buscar\u00e1 sin mirarme, apaciblemente, la otra orilla de la carretera. Ya s\u00e9 que es de risa lo del dinosaurio, pero se me han cruzado jabal\u00edes, liebres, conejos, zorras, perdices con sus pasitos saltarines, erizos m\u00e1s lentos que el caballo del malo en las pel\u00edculas de <strong>John Wayne<\/strong>\u2026 Y por algo se empieza. Un d\u00eda, como se cuenta en la pel\u00edcula de moda, <em>No mires arriba<\/em>, se estrellar\u00e1 en la Tierra un pedrusco mil veces m\u00e1s grande que la Pe\u00f1a Mar\u00eda y todo se ir\u00e1 al carajo. Ser\u00e1 el momento en que los dinosaurios que recorr\u00edan las tierras de Losilla, Alpuente y Aras de los Olmos volver\u00e1n a ser los amos del planeta y nos los cruzaremos en nuestros autos de <em>picapiedra<\/em> como ahora los conejos, las liebres, los jabal\u00edes y las perdices con sus pasitos saltarines.\n<\/p>\n<p class=\"article-body__text \">\n        La casa es m\u00e1s vieja que la tos. A\u00f1o 1899, pone en la cantarera. Necesita algunos apa\u00f1os. No muchos, es verdad. Pero s\u00ed algunos. As\u00ed que ma\u00f1ana lunes la abandonaremos un par de meses para que le hagan una cirug\u00eda reparadora, como suele anunciarse en los folletos de las cremas para la piel. Del centro del pueblo a la periferia. En todas partes existen las periferias. Y la que me espera es un aut\u00e9ntico viaje a la infancia, que es uno de los viajes en que m\u00e1s inventamos porque los recuerdos casi nunca dicen la verdad, aunque a veces no nos demos cuenta. No es que los apartamentos sean un prodigio de arquitectura. Antes al rev\u00e9s. Rompen el paisaje pure y son como una postal de cemento marr\u00f3n tendida sobre el r\u00edo. La maravilla es que desde la terraza casi tocas el agua y las monta\u00f1as. Y a la espalda, lo m\u00e1s extraordinario: las trochas por donde encabrit\u00e1bamos de cr\u00edos las tardes sin escuela, esas eras donde el abuelo Claudio nos dejaba tumbarnos en el trillo al paso lento y cansado de un burro sin nombre, la cueva de Royopellejas que tanto sale en mis novelas y a\u00fan tiene las paredes rocosas tiznadas por el humo de un incendio que seg\u00fan cuentan le cost\u00f3 la vida a una mujer. Las tardes de f\u00fatbol con bal\u00f3n de trapo o de goma que imitaba a los de verdad en los partidos que celebr\u00e1bamos en las dos eras juntas. Ya no queda nada de ese paisaje. Tal vez s\u00f3lo en la memoria, que es el lugar donde dejamos caer muchas veces lo que vivimos o lo que inventamos.\n<\/p>\n<article class=\"article-quote article-quote--middle-quote\">\n<h3>La infancia es el relato de una inexistencia. Nos la llenaron de cuentos chinos porque la realidad no period precisamente para echar cohetes.<\/h3>\n<p>                            <span class=\"article-quote__decoration\"><br \/>\n                <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/estaticos-cdn.levante-emv.com\/images\/quote-deco-premium.svg?id=d8cd7e8d07271e18cdb8\" alt=\"decoration\"\/><br \/>\n            <\/span><br \/>\n            <\/article>\n<p class=\"article-body__text \">\n        La infancia es el relato de una inexistencia. Nos la llenaron de cuentos chinos porque la realidad no period precisamente para echar cohetes. Pero ah\u00ed and\u00e1bamos, pel\u00e1ndonos el culo en la piedra esbarosa o cazando p\u00e1jaros con cepos de alambre fino en las eras cuando period invierno. Aqu\u00ed plantaban su carpa los titiriteros y de ah\u00ed saldr\u00eda la historia novelesca del payaso Charly, que se enamor\u00f3 de una chica del pueblo y ya no sigui\u00f3 con su troupe por los caminos embarrados de aquella Espa\u00f1a gris cegada a la esperanza. En la ladera de la monta\u00f1a se ven los campos abancalados que dej\u00f3 a la vista el incendio de hace nueve a\u00f1os. Y los viejos pajares que son como ruinas de una arquitectura antigua, como la de la casa de la calle Larga que se levant\u00f3 cuando acababa el siglo XIX y ahora ver\u00e1 c\u00f3mo una leve, muy leve parte de las tripas le suenan a cosa nueva, a tiempos modernos sin arrebatos art\u00edsticos, a liquidaci\u00f3n de un tiempo que tantas veces vivimos de rebajas sin que nadie nos dijera que hab\u00eda otra manera de vivir lejos de la oscuridad y el desconsuelo.\n<\/p>\n<p class=\"article-body__text \">\n        Las distancias no existen. Las llevamos en la cabeza. Del centro de Gestalgar al extrarradio que les cuento hay lo que tarda un dinosaurio en cruzar la carretera delante del coche sin mirarnos, como si el tiempo de antes y el de ahora se juntaran en un viaje a la infancia que, lejos de fantas\u00edas nost\u00e1lgicas, siempre ser\u00e1 una infancia inacabada. Como todas las infancias. Como todas.\n<\/p>\n<\/p><\/div>\n\n<p><em> &#8221; Fuentes www.levante-emv.com &#8221; <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La distancia de un sitio a otro no existe. Dicen que la llevamos en la cabeza y que tambi\u00e9n en la cabeza viajan con nosotros la casa antigua y lo que en ella nos acompa\u00f1aba. La literatura concede a los viajes algo nebuloso que se parece a los sue\u00f1os. 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