{"id":221049,"date":"2021-11-05T18:09:31","date_gmt":"2021-11-05T18:09:31","guid":{"rendered":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/?p=221049"},"modified":"2021-11-05T18:09:31","modified_gmt":"2021-11-05T18:09:31","slug":"visita-tarapith-un-pueblo-indio-lleno-de-tradiciones-extraordinarias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/visita-tarapith-un-pueblo-indio-lleno-de-tradiciones-extraordinarias\/","title":{"rendered":"Visita Tarapith, un pueblo indio lleno de tradiciones extraordinarias"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div id=\"cuerpo_noticia\">\n<p>En Tarapith, un pueblo indio situado al sur de esa estrech\u00edsima y remota franja del Estado de Bengala Occidental comprimida entre la regi\u00f3n de Bihar y Banglad\u00e9s, nadie parece saber, o m\u00e1s bien querer saber, algo de los <em>aghoris<\/em>. Aunque junto al crematorio ubicado en los l\u00edmites de esta poblaci\u00f3n viven desde hace cientos de a\u00f1os individuos de esta comunidad de santones seguidores de Shiva, las respuestas que el viajero recibe al preguntar por ellos son invariables: \u201c\u00bf<em>Aghoris<\/em>?, no existen, solo son unos falsarios\u201d. O \u201caqu\u00ed hace mucho que no hemos visto uno\u201d. Ir a su encuentro es el primer objetivo de un viaje por el inside de Bengala; este octubre, el Gobierno ha anunciado que tras un a\u00f1o y medio con las fronteras cerradas por la pandemia en el pa\u00ecs se va a abrir a los turistas extranjeros a partir de noviembre.<\/p>\n<h3>Los <em>sadhus<\/em> (santones)<\/h3>\n<p>Esta secta arrastran un ancestral malditismo y un rosario de acusaciones: nigromancia, canibalismo de cad\u00e1veres, rituales prohibidos, sexualidad degenerada\u2026 Aun as\u00ed, no es dif\u00edcil toparse con ellos. Basta con seguir la calle principal del pueblo, donde se erige el templo dedicado a la diosa Tara, una personalidad de la consorte de Shiva que da nombre al lugar, hasta un descampado junto al crematorio \u2014\u00adpuerta de embarque hacia el nirvana\u2014 que al caer la noche se ilumina con decenas de lamparillas de los vendedores de objetos religiosos y unas pocas hogueras en torno a las que meditan, charlan o duermen estos m\u00edsticos para quienes nada de lo que existe o se da en este mundo es malo <em>per se<\/em>, ya que tambi\u00e9n ha sido creado o consentido por Dios.<\/p>\n<p>En Tarapith viven en peque\u00f1as chozas adornadas con calaveras que utilizan para ingerir bebidas con sustancias que ayudan a provocar el \u00e9xtasis, huesos provenientes de crematorios y pieles de serpientes.<\/p>\n<p>Suena m\u00fasica ext\u00e1tica desde alg\u00fan recodo del lugar y huele a carne quemada y varillas de incienso. Pero est\u00e1 muy oscuro; los <em>aghoris<\/em> est\u00e1n concentrados en visualizar a Tara, que suele aparecerse entre los restos incinerados en las noches de luna llena, y todos observan al <em>pardesi<\/em>, el extranjero intruso, con desconfianza, as\u00ed que decido volver a la ma\u00f1ana siguiente para intentar que alguno me cuente algo de su verdad, o una milonga, porque, ahumado entre las cremaciones, el primer asceta con quien trabo conversaci\u00f3n al volver intenta convencerme de sus poderes m\u00e1gicos mediante un anillo bailar\u00edn en un bol. Barbudo, como todos los <em>sadhus<\/em>, y de negro hasta el turbante, le acompa\u00f1a otro <em>aghori<\/em> muy afable, recubierto de pies a cabeza con la ceniza de lo que fueron cad\u00e1veres. Ante el \u201cmago\u201d, varios huesos humanos y el tridente de Shiva clavado a la entrada de su chabola.<\/p>\n<p>Desde Tarapith, un par de autobuses me acercan en pocas horas en direcci\u00f3n noreste hasta Murshidabad, una localidad peque\u00f1a, rural, descongestionada y agradable a orillas del r\u00edo Hugli, un afluente del Ganges. Si Tarapith es la esencia del m\u00e1s puro hinduismo, Murshidabad conserva toda la impronta musulmana de la antigua capital del glorioso Sultanato de Bengala, vasallo del Imperio Mogol en los tiempos de apogeo de Akbar o Shah Jahan e independiente hasta que los brit\u00e1nicos derrotaron al nabab en la batalla de Plassey en 1757 y urdieron una traici\u00f3n para que uno de sus generales lo asesinara en la puerta de la muralla. Por ello, la primera visita es para rendir homenaje al bravo Siraj ud-Daulah ante los restos de la Puerta del Traidor, un arco de ladrillo que sobresale entre el frondoso bosque.<\/p>\n<p>En Murshidabad, pr\u00f3spera ciudad hasta el expolio que comenz\u00f3 con la derrota ante la Compa\u00f1\u00eda Brit\u00e1nica de las Indias, el legado del Sultanato se plasma en los numerosos restos de mezquitas como la preciosa Katra, cementerios, <em>imambaras<\/em> (centros ceremoniales chi\u00edes), ca\u00f1ones de bronce, murallas y fuertes derruidos e invadidos por la jungla. Hay que visitarlos en bici o en <em>autorickshaw<\/em>, ya que est\u00e1n muy desperdigados por los alrededores.<\/p>\n<p>Uno se va con pena de Murshidabad, una de esas poqu\u00edsimas localidades-oasis que en la India sobreviven sin aglomeraci\u00f3n humana, ni urbanismo desbocado, ni cl\u00e1xones, ni ruido, ni suciedad, ni apenas tr\u00e1fico, y con un mont\u00f3n de antiguos monumentos desvencijados, como estampas de una novela de Salgari.<\/p>\n<h3>El mantra de las \u2018hijras\u2019<\/h3>\n<p>La principal estaci\u00f3n ferroviaria de Murshidabad est\u00e1 a unos pocos kil\u00f3metros al norte, en Azimganj, y para llegar hay que cruzar el caudaloso Hugli en una balsa a motor repleta de motoristas, comerciantes, mujeres rodeadas de cr\u00edos y cabras; casi todos, tambi\u00e9n las cabras, escrutan con timidez al extranjero perdido en un r\u00edo de la Bengala profunda.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\" wp-image-162836 aligncenter\" src=\"https:\/\/columnadigital.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/1635438581_884941_1635438617_noticiarelacionadaprincipal_normal-300x214.jpg\" alt=\"\" width=\"282\" height=\"201\" srcset=\"https:\/\/columnadigital.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/1635438581_884941_1635438617_noticiarelacionadaprincipal_normal-300x214.jpg 300w, https:\/\/columnadigital.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/1635438581_884941_1635438617_noticiarelacionadaprincipal_normal-120x86.jpg 120w, https:\/\/columnadigital.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/1635438581_884941_1635438617_noticiarelacionadaprincipal_normal-350x250.jpg 350w, https:\/\/columnadigital.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/1635438581_884941_1635438617_noticiarelacionadaprincipal_normal.jpg 360w\" sizes=\"auto, (max-width: 282px) 100vw, 282px\"\/><\/p>\n<p>En el tren, una familia que viene de una boda me invita a unos dulces y me cuenta un poco su vida, al tiempo que me asaeta a preguntas sobre la m\u00eda; otro pasajero se arranca con un tambor y al poco de que el convoy cruce el Ganges entran en el vag\u00f3n dos <em>\u00adhijras<\/em> \u2014esas ancestrales figuras transg\u00e9nero, maquilladas y vestidas con ropa de mujer, que son temidas, respetadas, divinizadas y al tiempo ridiculizadas en la India, un pa\u00eds donde todo lo que se diga de \u00e9l vale lo contrario\u2014 e imponen las manos en la cabeza de los pasajeros para bendecirlos mientras recitan un mantra. \u201cLes damos dinero para que no nos pongan en rid\u00edculo al montarnos un esc\u00e1ndalo\u201d, cuenta Nitesh, un estudiante bengal\u00ed que se desvive por explicarme lo que no entienda, que es casi todo.<\/p>\n<section id=\"sumario_1|foto\" class=\"sumario_foto centro\"\/>\n<p>Malda, junto a la l\u00ednea fronteriza de Banglad\u00e9s y en el camino hacia las laderas del Himalaya, tiene poco inter\u00e9s para el viajero, salvo el de tomar el pulso a una ciudad india de tama\u00f1o medio en la que es dif\u00edcil ver a un extranjero o el de probar sus excelentes mangos. Pero es donde hay que contratar un veh\u00edcu\u00adlo, un taxi o un lento <em>autorickshaw<\/em> \u2014que en casi toda Bengala son el\u00e9ctricos\u2014 para recorrer en una jornada las ruinas de Gaur y Pandua, a unos 10 kil\u00f3metros al norte y 25 al sur, respectivamente.<\/p>\n<p>Esparcidas y rodeadas de bosques se hallan la magn\u00edfica mezquita Baradwari, en Gaur, construida en las primeras d\u00e9cadas del siglo XVI, y la <em>darwaza<\/em> Dakhil (portal\u00f3n monumental); las delicadas mezquitas Sona y Adina, en Pandua (siglo XIV), y el precioso mausoleo de Eklakhi, cuyo nombre deriva del coste de las obras para su construcci\u00f3n \u2014<em>ek lakh<\/em>, 100.000 rupias\u2014 y bajo cuya b\u00f3veda reposan los restos de un sult\u00e1n, su esposa e hijo. E intern\u00e1ndose por los senderos del bosque aparecen minaretes de piedra ocre, puertas de las viejas murallas y tumbas de altos dignatarios.<\/p>\n<p>Ya en Calcuta, la capital de Bengala Occidental, que hoy se llama Kolkata en honor al pueblo de pescadores desde donde los brit\u00e1nicos comenzaron a pulir su joya de la corona colonial, tras un plato de gambas al excelente <em>curry malai<\/em> \u2014a base de leche de coco, jugo y hojas de lima, canela o clavo, entre otros ingredientes\u2014 en el restaurante The Bhoj Firm, curioseo en el bazar de Chowringhee Street entre los tenderetes de saris, varillas de incienso, DVD de pel\u00edculas de buenos y malos de Tollywood \u2014industria del cine en lengua bengal\u00ed\u2014, instrumentos de percusi\u00f3n, objetos religiosos y un mont\u00f3n de baratijas para una clientela \u00e1vida de consumir, tras muchos a\u00f1os de austeridad en la que period una de las urbes m\u00e1s pobres del mundo.<\/p>\n<p>En plena calle, dos comerciantes de brillantes tejidos se afanan en inflar de cintura para abajo el cuerpo de un maniqu\u00ed con una bomba para neum\u00e1ticos. Al finalizar, uno de ellos aprieta el trasero del figur\u00edn para comprobar si encajar\u00e1 en un pantal\u00f3n estrecho. Lo que se vive en Bengala, al igual que en toda la India, no se vive en ning\u00fan otro lugar.<\/p>\n<\/div>\n<p><span style=\"color: #333333;\">La nota precedente contiene informaci\u00f3n del siguiente <a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" style=\"color: #333333; text-decoration: underline;\" title=\"origen\" href=\"https:\/\/elviajero.elpais.com\/elviajero\/2021\/10\/28\/actualidad\/1635438581_884941.html\">origen<\/a> y de nuestra \u00e1rea de redacci\u00f3n.<\/span><\/p>\n\n<p><em> &#8221; Fuentes columnadigital.com &#8221; <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Tarapith, un pueblo indio situado al sur de esa estrech\u00edsima y remota franja del Estado de Bengala Occidental comprimida entre la regi\u00f3n de Bihar y Banglad\u00e9s, nadie parece saber, o m\u00e1s bien querer saber, algo de los aghoris. 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