{"id":216264,"date":"2021-10-29T11:20:41","date_gmt":"2021-10-29T11:20:41","guid":{"rendered":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/?p=216264"},"modified":"2021-10-29T11:20:42","modified_gmt":"2021-10-29T11:20:42","slug":"biblioteca-de-grandes-viajes-vagando-se-conoce-gente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/biblioteca-de-grandes-viajes-vagando-se-conoce-gente\/","title":{"rendered":"Biblioteca de Grandes Viajes: vagando se conoce gente"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div>\n<p>Desde hace rato, los motivos para viajar han sido infinitos y los sustentan desde las excusas m\u00e1s \u00edntimas a los prop\u00f3sitos m\u00e1s desquiciados: recreativos o antropol\u00f3gicos, econ\u00f3micos o militares, cient\u00edficos (Darwin, por ejemplo) o curativos. En incontables casos, descansan en la ilusi\u00f3n de entrar en otro tiempo, otro huso horario, menos esclavo, m\u00e1s promisorio.<\/p>\n<p>Naci\u00f3 venturoso: <strong>el relato de viajes<\/strong> coincide con el origen de la literatura, en la Grecia de la mism\u00edsima Odisea. Donde vivi\u00f3 el maestro de no pocos viajeros contempor\u00e1neos, Patrick Leigh Fermor; donde est\u00e1 enterrado Bruce Chatwin, art\u00edfice de <em>En Patagonia<\/em>. Viaje y literatura son tan indivisibles que decir \u201cliteratura de viajes\u201d se parece a querer bautizar un g\u00e9nero como \u201cliteratura de personas\u201d.<\/p>\n<p>Entre otros males, un viaje puede remediar falta de imaginaci\u00f3n y escasez de vocabulario, de manera que en esa tentaci\u00f3n han ca\u00eddo toda clase de autores: Goethe, Dickens, Defoe, Twain, Flaubert y M\u00e1xime du Camp (juntos y por separado), Johnson y Boswell (solos y de a dos), Stendhal, Stevenson, Henry James, Lawrence, Huxley, Isherwood, Ackerley, Waugh, Greene, Orwell, Mandelstam, Morand, Mansilla, Sarmiento, Salvador Novo, Abelardo Arias, Bernardo Kordon, y siguen las firmas locales y for\u00e1neas. Priman dos categor\u00edas: la del escritor viajero puro y duro y la del gran escritor que consigna sus viajes. Adicto a los nombres, Chatwin sabr\u00eda que pretender una lista completa ser\u00eda como intentar firmar en el fondo del Atl\u00e1ntico.<\/p>\n<p>Las dos puntas de la historia del g\u00e9nero se\u00f1alan, en sus inicios y hasta los a\u00f1os 80, la precariedad absoluta y luego relativa; desde entonces y cada vez m\u00e1s radicalmente, la predictibilidad whole. Hilaire Belloc, autor de <em>A Path to Rome<\/em>, dec\u00eda que hay dos modos de ser feliz: quedarse en un mismo lugar la vida entera o dar la vuelta al mundo para regresar a ese lugar en la vejez.<\/p>\n<p>El dominio brit\u00e1nico en esta especialidad es abrumador: Robert Byron, Norman Douglas, Freya Stark, Sybille Bedford, Peter Fleming, Wilfred Thesiger, Norman Lewis, Rebecca West, Gavin Younger, Eric Newby, Alan Sales space, Colin Thubron, Redmond O\u2019Hanlon y por supuesto V.S. Naipaul (que hizo el viaje inverso, abandonando el Caribe e instal\u00e1ndose en Inglaterra, para luego salir disparado en todas las direcciones). Cualquiera de ellos hace bastante m\u00e1s que ense\u00f1arle al lector c\u00f3mo arregl\u00e1rselas con las picaduras de serpiente, c\u00f3mo mantenerse abrigado en noches glaciales en carpa, o c\u00f3mo refrenarse de apuntarle a un puma.<\/p>\n<p>Viajeros ingleses de siglos rectil\u00edneos acompa\u00f1aron los br\u00edos de conquista de su imperio pero actuando m\u00e1s bien como doble agentes: personajes reservados, que se aventuran con mapas precarios, fuera de temporada, dotados con la punter\u00eda que obsequia la orfandad. Por esa raz\u00f3n son el reverso de un imperio \u2013reino unido de nubarrones y aguaceros\u2013 del que se fugaban. Los excursionistas sajones\u00a0no part\u00edan a colonizar sino a pasar desapercibidos, a merecer la invisibilidad. Y esa t\u00e1ctica de templarios para observar y anotar alcanz\u00f3\u00a0su \u00f3ptimo complemento, con la mayor\u00eda de ellos, en la transparencia de la prosa.<\/p>\n<p>Para ubicar a <strong>Jan Morris<\/strong> \u2013que pas\u00f3 por dos nombres\u2013 hay que entroncarla en esa tradici\u00f3n de errantes escapados de una isla sitiada por la bruma. Lo que la diferencia es que pocos de sus colegas estuvieron tan ligados al periodismo. Nacida James Morris en 1926 \u2013su cambio org\u00e1nico y nominal de sexo sobrevino en 1972\u2013, fue enviada como tal en 1953 a cubrir la ascensi\u00f3n al <strong>Everest <\/strong>que terminar\u00eda siendo la primera llegada exitosa a esa cima ut\u00f3pica.<\/p>\n<p> Para cuando escaladores y sherpas hicieron cumbre \u2013Morris lo cuenta en <strong><em>La coronaci\u00f3n del Everest<\/em><\/strong> sin subrayar la iron\u00eda\u2013 su barba se hab\u00eda puesto tupida. Mand\u00f3 la noticia en c\u00f3digo para que ning\u00fan otro medio la interceptara. La peripecia implic\u00f3 diversos sacrificios y Morris los acat\u00f3 a pesar de que los art\u00edculos se publicaban sin firma. Fue su primera y \u00faltima primicia como cronista y catalog\u00f3 el logro como el \u00faltimo del Imperio Brit\u00e1nico. (Exactamente veinte a\u00f1os despu\u00e9s, Peter Matthiessen volar\u00eda al Himalaya y concebir\u00eda <em>El leopardo de las nieves<\/em>, otro cl\u00e1sico del g\u00e9nero).<\/p>\n<p>El colonialismo brit\u00e1nico no se destacaba por ser particularmente amable con cualquier nativo (s\u00ed con el as\u00ed llamado <em>colour native<\/em>), y la conquista del Everest, apenas fuera de una India subyugada, no revest\u00eda un tinte comercial ni implicaba maltrato social, pero serv\u00eda para alarde de arrogancia chauvinista de parte de los medios londinenses. Galesa republicana, <strong>Jan Morris<\/strong> (1926-2020) ser\u00eda autora de la trilog\u00eda <em>Pax Britannica<\/em> y hab\u00eda sido oficial de inteligencia del ej\u00e9rcito ingl\u00e9s: \u201cJam\u00e1s cre\u00ed en la idea de imperio, pero me sent\u00ed est\u00e9ticamente atra\u00edda. Y me sent\u00ed atra\u00edda por su decadencia, por esa melancol\u00eda que se le adher\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>Casado m\u00e1s de medio siglo con su mujer Elizabeth, con quien tuvo cinco hijos, a menudo Morris viajaba en familia a los puntos y pa\u00edses m\u00e1s distantes: Venecia, Oxford, Cuba y Mosc\u00fa, pero tambi\u00e9n Cuzco, Puerto Montt, Lima, Varsovia, Suazilandia, Om\u00e1n, L\u00edbano, Odessa, Helsinki, Ghana, Nigeria, Etiop\u00eda y Albania, dieron pie a innumerables cr\u00f3nicas que luego reuni\u00f3 en vol\u00famenes monogr\u00e1ficos o recopilatorios. Se sabe que es transcribi\u00e9ndolo que un recorrido se convierte en un viaje perfect. En una antolog\u00eda de su obra admiti\u00f3 que hab\u00eda eliminado los pasajes descriptivos; le parec\u00edan superfluos ahora que todos los lectores \u201chan estado por todas partes\u201d.<\/p>\n<p>C\u00f3moda tanto en la monta\u00f1a como en un contexto urbano, en la historia y en el presente, <strong>Morris <\/strong>sosten\u00eda que los viajeros frecuentes conforman un Cuarto Mundo, una di\u00e1spora soberana. \u201cEs la naci\u00f3n de ninguna parte y su capital natural es Trieste\u201d, a la que le dedic\u00f3 el que consider\u00f3 su mejor libro.<\/p>\n<p> Despu\u00e9s de su publicaci\u00f3n declar\u00f3 que no quer\u00eda hacer m\u00e1s libros porque en <strong>Trieste <\/strong>hab\u00eda llevado la identificaci\u00f3n con un lugar suficientemente lejos, es decir demasiado lejos. La defini\u00f3 como una ciudad elusiva, alucinatoria, en la que cualquier cosa puede ser verdad. Y solt\u00f3 una definici\u00f3n que podr\u00eda funcionar como vara y paradigma: \u201cEn Trieste los animales muy rara vez se asustan de las personas; para m\u00ed es una se\u00f1al clara de cualidad c\u00edvica\u201d.<\/p>\n<div class=\"sp__Normal\">\n<div class=\"image-embeb image-trigger\">\n<figure>\n<img decoding=\"async\" itemprop=\"image\" src=\"https:\/\/images.clarin.com\/collections\/static\/lazy_square.svg\" data-big=\"https:\/\/images.clarin.com\/2021\/10\/29\/junto-a-su-perro-charley___SVgudZsAM_720x0__1.jpg\" data-small=\"https:\/\/images.clarin.com\/2021\/10\/29\/junto-a-su-perro-charley___SVgudZsAM_720x0__1.jpg\" alt=\"Junto a su perro Charley posa John Steinbeck, que registr\u00f3 entretenidos viajes con su mascota.\" observer=\"\" data-observer-function=\"loadLazyImg\"\/><br \/>\n<\/figure><figcaption>\n<p>Junto a su perro Charley posa John Steinbeck, que registr\u00f3 entretenidos viajes con su mascota.\n<\/p>\n<\/figcaption><\/div>\n<\/div>\n<p>Fue con un perro, justamente, que en 1962<strong> John Steinbeck<\/strong> se embarc\u00f3 en el periplo que registr\u00f3 en <strong><em>Viajes con Charley<\/em><\/strong>, abordo de una especie de casa rodante que bautiz\u00f3 Rocinante y que los llev\u00f3 de una costa a la otra, de Nueva York a California. Lo hizo con la misma afabilidad que Graham Greene \u2013cat\u00f3lico de doble fondo, viajero impenitente\u2013 despleg\u00f3 esa d\u00e9cada en su semificci\u00f3n <em>Viajes con mi t\u00eda<\/em>, traves\u00eda encantadoramente inveros\u00edmil que termina con el d\u00fao en Paraguay, involucrados en el tr\u00e1fico ilegal de cigarrillos y alcohol hacia Argentina. (Es cerca de ese pa\u00eds vecino, en Corrientes, que Greene ubic\u00f3 una de sus novelas favoritas, <em>El c\u00f3nsul honorario<\/em>, en cuyo authentic ingl\u00e9s se ocup\u00f3 especialmente de conservar ciertos vocablos locales, como <em>alfajor<\/em>).<\/p>\n<p>La frontera borrosa de lo authorized en pa\u00edses remotos y no tan remotos est\u00e1 bien retratada por <strong>Robert Byron<\/strong> en su magistral <strong><em>Viaje a Oxiana<\/em><\/strong>. Lo inesperado y lo exc\u00e9ntrico se dan cita puntual en las colinas, monta\u00f1as y cumbres del norte de Afganist\u00e1n y en Persia (Ir\u00e1n) y le dan ocasi\u00f3n a Byron de ratificar la raz\u00f3n callada de casi todo viaje: la de mantenerse joven. Se presentan problemas de traslado pero invariablemente asoman los subrepticios facilitadores en tierra extranjera.<\/p>\n<p>El de <strong>Robert Byron<\/strong> \u2013tan distinto de ese otro desertor, Lord Byron\u2013 es un diario \u00edntimo, en peligro de ser confiscado, pleno de la vivacidad que le imprime un humor incisivo y una capacidad descriptiva del todo desenvuelta. La arquitectura y los personajes an\u00f3malos despiertan lo mejor de Byron: un embajador afgano \u201cse ve\u00eda como un tigre vestido de jud\u00edo\u201d.<\/p>\n<p>Un diario o bit\u00e1cora desdoblada podr\u00eda haber sido <strong><em>Una excursi\u00f3n a los indios ranqueles<\/em><\/strong>, de <strong>Lucio V. Mansilla<\/strong>, pero eligi\u00f3 convertirlo en un simulacro de epistolario. A \u00e9l le sobraba el elemento primario de este g\u00e9nero y de todos los otros: voz. En las tolder\u00edas pampeanas que anticipaban en medio siglo las que levantar\u00eda Byron en Persia y Wilfred Thesiger y la valiente Freya Stark en los desiertos \u00e1rabes, el dandy criollo al que no se le ca\u00eda ning\u00fan anillo arranca con un acertijo suf\u00ed: \u201cTodos los escritores tienen una palabra favorita que los traiciona\u201d.<\/p>\n<p>Para todo viajero, el exotismo es a menudo gastron\u00f3mico, y aun los parajes m\u00e1s inh\u00f3spitos pueden ofrecer un tour gourmand. Anota Mansilla: \u201cA prop\u00f3sito de avestruz, despu\u00e9s de haber recorrido la Europa y la Am\u00e9rica, de haber vivido como un marqu\u00e9s en Par\u00eds y como un guaran\u00ed en el Paraguay; de haber comido mazamorra en el R\u00edo de la Plata, <em>charquic\u00e1n <\/em>en Chile, ostras en Nuevas York, <em>macarroni<\/em> en N\u00e1poles, trufas en el P\u00e9rigord, <em>chip\u00e1 <\/em>en la Asunci\u00f3n, recuerdo que una de las grandes aspiraciones de tu vida era comer una tortilla de huevos de aquella ave pampeana en Nag\u00fcel Mapo, que quiere decir \u2018Lugar del Tigre\u2019\u201d.<\/p>\n<div class=\"sp__Normal\">\n<div class=\"image-embeb image-trigger\">\n<figure>\n<img decoding=\"async\" itemprop=\"image\" src=\"https:\/\/images.clarin.com\/collections\/static\/lazy_square.svg\" data-big=\"https:\/\/images.clarin.com\/2021\/10\/29\/la-suiza-annemarie-schwarzenbach-dejo___usXhZ14qb_720x0__1.jpg\" data-small=\"https:\/\/images.clarin.com\/2021\/10\/29\/la-suiza-annemarie-schwarzenbach-dejo___usXhZ14qb_720x0__1.jpg\" alt=\"La suiza Annemarie Schwarzenbach dej\u00f3 excelentes reportes de viajes a Persia.\" observer=\"\" data-observer-function=\"loadLazyImg\"\/><br \/>\n<\/figure><figcaption>\n<p>La suiza Annemarie Schwarzenbach dej\u00f3 excelentes reportes de viajes a Persia.\n<\/p>\n<\/figcaption><\/div>\n<\/div>\n<p>La compa\u00f1\u00eda indicada es una de las llaves de cualquier viaje \u2013o por el contrario, garantizarse la mayor soledad posible\u2013 y la suiza <strong>Annemarie Schwarzenbach<\/strong> eleg\u00eda amigas fot\u00f3grafas o escritoras que sub\u00eda a un Ford para aventurarse por \u00c1frica o sitios como el perseguido e indescifrable Ir\u00e1n. \u201cDiario impersonal\u201d llamaba a su <strong><em>Muerte en Persia<\/em><\/strong> quien hab\u00eda sido educada como var\u00f3n por una madre hija de un basic: \u201cYa estamos acostumbrados a la condici\u00f3n que nos es propia en este pa\u00eds: no somos libres ni un instante, no somos nosotros mismos, lo ajeno se apodera de nosotros y nos aleja de nuestro propio coraz\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>La fotog\u00e9nica Annemarie period adicta a la morfina pero su muerte fue causada por un accidente en bicicleta. Todo lo que escribi\u00f3 est\u00e1 marcado por una poderosa fuerza urgida y reactiva: \u201cIncluso cuando hablo de la vida que hac\u00edamos en la expedici\u00f3n el relato dista mucho de ser una confesi\u00f3n personal. \u00bfLas noches en la terraza de Pers\u00e9polis? \u00bfLas conversaciones ebrias? \u00bfNuestras borracheras espor\u00e1dicas y la pipa de hach\u00eds que Bibenski se fumaba en alguna que otra velada? Eso es tan impersonal como la melancol\u00eda del pa\u00eds de Mazander\u00e1n, o como el pitido estridente del barco ruso en el puerto de Pahlevi. E igual de impersonal es divisar al alba la delicada nube en torno a la evanescente cima del Demavend y reconocerla una noche, en la penumbra de la tienda, cual sustancia irreal en torno a los r\u00edgidos hombros de un \u00e1ngel\u201d.<\/p>\n<p>Trasponiendo los pretextos y objetos de su atenci\u00f3n, a todos los seducidos por Asia les cabe el s\u00edndrome de <strong>Stendhal <\/strong>y sus s\u00edntomas: taquicardia, por ejemplo, ante la abrumadora belleza de las obras de arte de Italia. El autor de <em><strong>Paseos por Roma<\/strong><\/em> period menos pedestre y prostibular que <strong>Flaubert <\/strong>en Egipto, cuya destreza epistolar consegu\u00eda redimir cualquier obsesi\u00f3n de marras.<\/p>\n<p>Una traves\u00eda tambi\u00e9n se realiza para cristalizar en secreto el afecto por un escritor. Las magn\u00edficas cartas de Marcel Schwob recogidas en <em>Viaje a Samoa<\/em> dan cuenta de una potencia l\u00edrica a la altura de su adoraci\u00f3n incondicional por <strong>Robert Louis Stevenson<\/strong>. Es en las misivas de \u00e9ste, reunidas de <strong><em>En los mares del sur<\/em><\/strong>, que puede apreciarse la transformaci\u00f3n de un peregrino en un sedentario. El autor de <em>La isla del tesoro<\/em> viaj\u00f3 a Samoa para quedarse; hab\u00eda elegido morir en otro lado, en el reverso del planisferio. Son sus partes de guerra contra una naturaleza ind\u00f3cil y contra la informalidad de los locales que contrataba para construirse una casa.<\/p>\n<p>Los mejores libros de viajes son reportes de mundos que ya no existen. El uso inicial de esas obras caduc\u00f3; ya son victoriosamente obsoletas, es decir pura literatura, y permiten ampliar ese imperio privado, \u00edntimo, intocable, configurado por los lugares visitados. Ya no es cuesti\u00f3n de comportarse como esos padres amarretes que no llevan a sus hijos peque\u00f1os a ciertos viajes porque dicen que despu\u00e9s no los van a recordar.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n dijo que uno lee porque no puede viajar? En todo caso, las promesas de leer este libro y aquel otro son muy similares a las promesas que uno se hace a s\u00ed mismo para cuando regrese de un viaje.<\/p>\n<p><strong>Biblioteca de Grandes Viajes.<\/strong> Primeros t\u00edtulos:\u00a0<em>La coronaci\u00f3n del Everest<\/em>, Jan Morris;\u00a0<em>Viajes con Charley,\u00a0<\/em>John Steinbeck;\u00a0<em>Muerte en Persia<\/em>, Annemarie Schwarzenbach;\u00a0<em>El Nilo, cartas de Egipto<\/em>, Gustave Flaubert. Compra opcional con Revista <strong>\u00d1<\/strong>, todos los s\u00e1bados.<\/p>\n<div class=\"sp__SM\">\n<div class=\"content-new  \">\n<span class=\"tit-mobile\">Mir\u00e1 tambi\u00e9n<\/span><\/p>\n<div class=\"mg\">\n<div class=\"wrap-figure\">\n<figure>\n<a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/www.clarin.com\/revista-n\/literatura\/buenos-aires-paris-londres-ano-ausentaron-ciudades_0_U-FHadi8k.html\"><br \/>\n<img decoding=\"async\" class=\"img-responsive\" alt=\"Buenos Aires, Par\u00eds, Londres y el a\u00f1o que se ausentaron las ciudades\" src=\"https:\/\/images.clarin.com\/collections\/static\/lazy_square.svg\" data-big=\"https:\/\/images.clarin.com\/2020\/12\/25\/esquina-de-buenos-aires___LrOT0wN63_290x290__1.jpg\" data-small=\"https:\/\/images.clarin.com\/2020\/12\/25\/esquina-de-buenos-aires___LrOT0wN63_290x290__1.jpg\" observer=\"\" data-observer-function=\"loadLazyImg\"\/><br \/>\n<\/a><br \/>\n<\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"sp__SM\">\n<div class=\"content-new  \">\n<span class=\"tit-mobile\">Mir\u00e1 tambi\u00e9n<\/span><\/p>\n<div class=\"mg\">\n<div class=\"wrap-figure\">\n<figure>\n<a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/www.clarin.com\/revista-n\/literatura\/buscan-hombres-travesia-peligrosa_0_lhv5H1ghp.html\"><br \/>\n<img decoding=\"async\" class=\"img-responsive\" alt=\"Se buscan hombres para traves\u00eda peligrosa\" src=\"https:\/\/images.clarin.com\/collections\/static\/lazy_square.svg\" data-big=\"https:\/\/images.clarin.com\/2021\/02\/19\/escena-de-la-legendaria-adaptacion___MdD6Y2o4w_290x290__1.jpg\" data-small=\"https:\/\/images.clarin.com\/2021\/02\/19\/escena-de-la-legendaria-adaptacion___MdD6Y2o4w_290x290__1.jpg\" observer=\"\" data-observer-function=\"loadLazyImg\"\/><br \/>\n<\/a><br \/>\n<\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"entry-tags\">\n<h2>TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA<\/h2>\n<\/div>\n<\/div>\n\n<p><em> &#8221; Fuentes www.clarin.com &#8221; <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde hace rato, los motivos para viajar han sido infinitos y los sustentan desde las excusas m\u00e1s \u00edntimas a los prop\u00f3sitos m\u00e1s desquiciados: recreativos o antropol\u00f3gicos, econ\u00f3micos o militares, cient\u00edficos (Darwin, por ejemplo) o curativos. 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