{"id":204110,"date":"2021-10-08T06:50:48","date_gmt":"2021-10-08T06:50:48","guid":{"rendered":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/?p=204110"},"modified":"2021-10-08T06:50:49","modified_gmt":"2021-10-08T06:50:49","slug":"cronica-de-un-viaje-por-el-pais-vasco-jacobo-bergareche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/cronica-de-un-viaje-por-el-pais-vasco-jacobo-bergareche\/","title":{"rendered":"cr\u00f3nica de un viaje por el Pa\u00eds Vasco, Jacobo Bergareche"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Cuando muri\u00f3 mi abuelo, mi madre hered\u00f3 una casa en la Sierra de Hornachuelos, y entonces mi padre consider\u00f3 que puesto que en el campo no hay que recoger excrementos, por fin se daban las condiciones para tener un perro y mantener su dignidad, as\u00ed que compr\u00f3 un labrador. Bautizado como Txipi, result\u00f3 ser un perro intr\u00e9pido, vigoroso y valiente: en primavera degollaba culebras a mordiscos, en verano se arrojaba a las olas m\u00e1s furiosas del Cant\u00e1brico y en oto\u00f1o hostigaba a jabal\u00edes que le doblaban en tama\u00f1o. Hubo que coserle la barriga unas cuantas veces. Pronto descubrimos que period Txipi quien nos sacaba de paseo a nosotros y no al rev\u00e9s como cre\u00edamos. No toleraba una correa y jam\u00e1s se ce\u00f1\u00eda a los caminos, se met\u00eda siempre en la fronda espesa, la ladera oscura y el regajo inundado y mi padre, mis hermanos y yo, le segu\u00edamos horas y horas por las trochas m\u00e1s embarradas e impracticables de la Sierra de Hornachuelos, rega\u00f1\u00e1ndole in\u00fatilmente cada vez que desaparec\u00eda ladrando a un pobre herb\u00edvoro. Un d\u00eda que, al volver a casa de uno de esos paseos extenuantes a los que Txipi nos hab\u00eda acostumbrado, mi padre me dijo con tristeza que Txipi ser\u00eda su primer y \u00faltimo perro, pues dentro de catorce a\u00f1os, cuando Txipi muriera de viejo, \u00e9l ser\u00eda ya un anciano y no podr\u00eda darse esos paseos tan largos que el perro nos hab\u00eda ense\u00f1ado a disfrutar.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Han pasado veinte a\u00f1os ya de eso, Txipi no muri\u00f3 de viejo, sino en combate, y mi padre, pese a sus setenta y seis a\u00f1os, sigue caminando horas y horas por las mismas trochas con el bisnieto de aquel primer perro, que desde que nos puso a andar, convirti\u00f3 los paseos en el centro de nuestra vida acquainted. Estos paseos duran dos o tres horas, a veces somos solo mi hermano, mi padre y yo, a veces nos juntamos una quincena de familiares, entre mujeres, t\u00edos, hijos y sobrinos. La actividad principal del paseo no es ni mucho menos pasear, sino buscar conversaciones de cierta sustancia que den para m\u00e1s de un kil\u00f3metro, o bien observar y comentar los cambios que se produjeron en la naturaleza entre el paseo anterior y el presente. El grupo de paseantes se divide pronto en varias conversaciones, y en funci\u00f3n del tema tratado en cada grup\u00fasculo, unos caminan r\u00e1pido y con m\u00e1s determinaci\u00f3n y otros avanzan a trompicones, par\u00e1ndose en cada p\u00e1jaro, cada flor y cada charca. En el \u00faltimo tramo, los paseantes ya cansados y sudorosos, se van reagrupando y se impone un tema com\u00fan: la anticipaci\u00f3n de la recompensa. Entre todos empezamos a construir el deseo compartido de la cerveza fr\u00eda, a la que le seguir\u00e1 el vino blanco, un plato de chorizo, patatas, aceitunas, un guiso de monte, quesos, m\u00e1s vino, caf\u00e9, chocolate, un licor, quiz\u00e1s un puro y finalmente una siesta profunda sin ultimate programado.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Podr\u00eda decirse que, en realidad, tanto el paseo como la comida y su sobremesa son las partes de un todo, los tres actos de una larga conversaci\u00f3n, que encadena el camino a la mesa, la mesa al sof\u00e1 y el sof\u00e1 al sue\u00f1o. Esa conversaci\u00f3n tiene un correlato fisiol\u00f3gico, en el primer acto se abre el apetito, en el segundo se satisface y en el tercero, ah\u00edtos ya, se fluye hacia el sue\u00f1o con un punto de ebriedad y el cuerpo desfogado. Queremos creer que el exceso de la comida es compensado por el paseo, los colombianos tienen un ingenioso refr\u00e1n para este tipo de conductas:\u00a0<em>el que peca y reza, empata<\/em>.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Hace casi ya dos a\u00f1os, nuestro amigo Juan Jim\u00e9nez Laiglesia, m\u00e1s compa\u00f1ero de mesas y sobremesas que de paseos, se ley\u00f3 \u201cLos senderos del mar\u201d, de Mar\u00eda Belmonte (Acantilado, 2017), libro que relata un viaje a pie por el litoral vasco. Inspirado por el texto, nos propuso a Ignacio Ojanguren, a mi padre, a mi hermano y a m\u00ed, que sali\u00e9ramos a pasear por esos mismos senderos y celebr\u00e1semos nuestras ra\u00edces vascas. Poco despu\u00e9s cre\u00f3 un grupo de whatsapp llamado\u00a0<em>Euskaldunen bidea<\/em>, que seg\u00fan el traductor de Google quiere decir \u201cEl camino de los vascos\u201d, traducci\u00f3n que desde nuestro desconocimiento de la lengua ancestral aceptamos sin rechistar, pues ya se sabe que para que un proyecto de ocio fructifique lo m\u00e1s urgente es hacer un grupo de whatsapp con un nombre que lo distinga de tantos otros grupos que se olvidan. En todo caso, el verdadero compromiso con la expedici\u00f3n lleg\u00f3 cuando Juan nos regal\u00f3 a todos una aut\u00e9ntica txapela hecha en Tolosa por Boinas El\u00f3segui, con una etiqueta bordada en la que aparece una concha de peregrino y en la que cube:<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Euskaldunen bidea 2020<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>La vida es poco m\u00e1s<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Bergareche, Ojanguren, O\u00f1ate<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">O\u00f1ate es el apellido del \u00fanico abuelo vasco que Juan -que como mi hermano y yo es madrile\u00f1o- invoca para pertenecer a esta expedici\u00f3n. Los requisitos para ingresar en nuestro equipo son incluso m\u00e1s laxos que los del Athletic de Bilbao, aqu\u00ed se regala la nacionalidad vasca a todo aquel que tenga ganas de pasear por el monte, conozca las normas del mus, se emocione con una cococha bien hecha, no tenga miedo a pedir la pen\u00faltima y, como cube Brillat-Savarin de los gourmands, \u201cpueda contarse con ellos para toda la velada porque conocen todos los juegos y diversiones que son accesorios ordinarios de una reuni\u00f3n gastron\u00f3mica\u201d. Si ser vasco period otra cosa, no nosotros no lo somos.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La entrega de las boinas a los expedicionarios se hizo en el Asador Pelotari de Madrid, donde a pesar de su nombre, del men\u00fa y de la decoraci\u00f3n vasca, su jefe, Enrique, se delata r\u00e1pidamente como no-vasco por su trato tan atento, sus exquisitas f\u00f3rmulas de cortes\u00eda y su sonrisa. Seg\u00fan Enrique desaparece con nuestra comanda, recordamos dos an\u00e9cdotas que ilustran bien esta falta de delicadeza del hostelero vasco que tanto celebramos y que nos produce un deseo casi masoquista de maltrato. La primera en un restaurante famoso por la variedad de sus tortillas, all\u00ed fueron mis padres con unos amigos finolis que ven\u00edan de veranear en la parte francesa y uno de ellos pidi\u00f3 \u201ctortilla a las finas hierbas\u201d, la tabernera que tomaba nota le mir\u00f3 con desprecio y le contest\u00f3: \u201ctortilla de tonter\u00edas no hacemos\u201d. La otra an\u00e9cdota tiene lugar en el extinto Penalti de Ond\u00e1rroa, donde hab\u00eda un plato muy celebrado de merluza, salsa de txipirones en su tinta y tres almejas. Siempre tres almejas, ni una m\u00e1s ni una menos. Mi t\u00edo Juan Luis estaba comiendo ese plato y una de las tres almejas estaba mala, podrida. Se lo hizo saber al camarero, y este le contest\u00f3 molesto: \u201c\u00bfY qu\u00e9 te cre\u00edas, que siempre iban a salir buenas?\u201d.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Despu\u00e9s de tanto hablar de otras comidas durante la comida, tratamos de dibujar el itinerario de la expedici\u00f3n. Al principio se habl\u00f3 mucho de incorporar al recorrido paradas de inter\u00e9s cultural, a saber, acantilados de gran valor geol\u00f3gico, reservas de avifauna, retablos g\u00f3ticos, colegiatas renacentistas, pero seg\u00fan baj\u00f3 la botella de Imperial nos quitamos todos las caretas y empezamos a trazar etapas que un\u00edan un restaurante so\u00f1ado con otro e ignoraban todo lo dem\u00e1s. El viaje no dejaba de ser por ello un viaje netamente cultural, ya lo dijo el Duque de Segorbe: \u201csi la gastronom\u00eda no ha sido incluida entre las bellas artes es porque al contrario de las otras artes, comer es algo estrictamente necesario.\u201d<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Hab\u00eda grandes dudas sobre los hitos irrenunciables del camino (\u00bfd\u00f3nde est\u00e1n los mejores chipirones, d\u00f3nde la mejor plancha?) y nada fue peor para resolverlas que pedir consejos y recomendaciones a los vascos aut\u00e9nticos. Cada uno de ellos nos enmendaba totalmente la ruta, tachaba los lugares ya famosos y estrellados \u2013que por lo visto solo hab\u00edan sido buenos cuando a\u00fan no los conoc\u00edan m\u00e1s que ellos y la madre del cocinero\u2013 y nos llenaban la ruta de absurdos desv\u00edos a tabernas rec\u00f3nditas a las que llamar\u00edan para avisar de que ir\u00edamos de su parte pero solo a cambio de que jur\u00e1semos no revelar en Instagram la existencia de aquellos para\u00edsos no descubiertos a esa abominable caterva que se autodenomina como\u00a0<em>foodies.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Cuando por fin decidimos cual ser\u00eda\u00a0<em>El camino de los vascos 2020<\/em>, descubrimos que en el 2020 y gran parte del 2021, a los vascos no se les dejaba caminar a ninguna parte, y menos a\u00fan entrar a un restaurante. El plan fue cancelado y seguramente habr\u00eda sido olvidado como tantos otros proyectos de felicidad de no haber tenido durante todo ese tiempo colgada en una percha esa boina sin estrenar, con nuestros apellidos bordados en ella, representando como ning\u00fan otro objeto durante el confinamiento la promesa de un buen paseo y una sobremesa en compa\u00f1\u00eda de amigos y familia. Qu\u00e9 importante es siempre la vestimenta lit\u00fargica.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong><em>Salida desde Guetaria<\/em><\/strong><strong><em>\u00a0<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Tras casi dos a\u00f1os desde que nos lo propusimos, la semana pasada salimos finalmente a caminar con un plan incierto y abocado a la improvisaci\u00f3n. Lo \u00fanico claro es que el periplo iniciaba viendo el amanecer desde los vi\u00f1edos de txakol\u00ed de San Prudencio, en lo alto de Guetaria, el peque\u00f1o pueblo marinero desde donde emprendieron sus caminos dos vascos que se hicieron universales y a los que cualquiera que parte hace bien en encomendarse: Elcano, por su determinaci\u00f3n para llegar al conf\u00edn del mundo y volver despu\u00e9s, y Balenciaga, que siendo hijo de un humilde marinero period capaz de conectar con la sensibilidad de las princesas de cualquier reino de la tierra.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Ver el amanecer en Guetaria es obviamente un pretexto para llegar a cenar la noche anterior, y este fue el primer gastro-hito del camino: un pescado a la brasa. Nuestra desilusi\u00f3n fue enorme cuando nos comunicaron que nuestro venerado restaurante Elkano estaba cerrado esos d\u00edas, y por tanto tocaba ir al que estim\u00e1bamos como el eterno segund\u00f3n en esto de asar rodaballos, el Kaia Kaipe, ese lugar donde los que no lograron reservar en el Elkano se preguntan cu\u00e1nto mejor podr\u00eda hacerse ese mismo rodaballo que preparan a escasos doscientos metros con la misma parrilla y el mismo carb\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Visitar el restaurante que la opini\u00f3n basic considera como el segundo mejor \u2013la Pepsi-Cola en ausencia de la Coca-Cola, para entendernos\u2013 a menudo nos revela m\u00e1s cosas sobre el mejor que sobre el segundo, pues nos da la verdadera medida con la que se ha establecido la prevalencia. En este caso, todos los comensales acabamos con la misma opini\u00f3n: la diferencia entre el Elkano y el Kaia es la brasa. Pero no la brasa que arde en las parrillas, sino la brasa que te dan cuando te explican los platos. En el Elkano hace mucho que abandonaron esa proverbial parquedad algo antip\u00e1tica del hostelero vasco y han descubierto el arte del\u00a0<em>storytelling<\/em>. Te cuentan la diferencia entre la carne de lado blanco y la del lado negro, te repasan la anatom\u00eda del pez y te hacen el favor de descubrirte el bocadito m\u00e1s sabroso en el ap\u00f3fisis m\u00e1s inexpugnable de una espina de la cabeza, te explican c\u00f3mo emulsiona la gelatina del pescado con un tenedor, te hacen saber a qu\u00e9 profundidad se pesc\u00f3 el rodaballo, quienes fueron sus padres y sus \u00faltimas palabras al morir. En Kaia nos tiraron el mismo rodaballo en la mesa sin decir ni mu y ya cortado. Oigo ya las protestas desde aqu\u00ed, pero estar\u00eda dispuesto a apostar un brazo a que en una cata ciega nadie tendr\u00eda la certeza de cu\u00e1l rodaballo es del Kaia y cu\u00e1l del Elkano.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">A favor del Kaia hay que decir tambi\u00e9n, que no solo dan por hecho que el comensal sabe ya qu\u00e9 cosa es un rodaballo, sino que est\u00e1 en un lugar del pueblo que no puede ser m\u00e1s bonito, a diferencia del Elkano que est\u00e1 sobre una carretera. Al Kaia se llega adentr\u00e1ndose en el casco viejo, caminando por las calles adoquinadas y peatonales, dej\u00e1ndose tragar por ese arco oscuro y bajo de la iglesia g\u00f3tica de San Salvador, que te escupe directamente a una plaza en alto desde donde se domina el puerto y se ven los barcos entrar y salir a la mar. Uno entiende al llegar donde est\u00e1 y de d\u00f3nde viene lo que come, el mejor\u00a0<em>storytelling<\/em>\u00a0con el que aderezar el rodaballo te lo hace ese precioso paseo que lleva hasta el restaurante. Me fui de aquella cena pregunt\u00e1ndome si el Elkano, por estar en un lugar m\u00e1s bien feo, ha compensado su desventaja desarrollando el arte del gastro-palique hasta ganar la batalla del prestigio, aunque por ser justos, intuyo que es el Elkano el que inventa las cosas y el Kaia el que las adopta. Las fantas\u00edas sobre rivalidades montescocapuletianas entre ambos restaurantes dieron para media cena, en todo caso estas son el tipo de competiciones que hacen del mundo un sitio mejor.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong><em>De Motrico a Lequeitio<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Es posible que desde la toma de Prusia Oriental por el Ej\u00e9rcito Rojo no haya habido en ninguna regi\u00f3n de Europa una alteraci\u00f3n de la toponimia m\u00e1s radical que la del Pa\u00eds Vasco, en todo caso yo sigo utilizando los nombres con los que en los veranos de la infancia conoc\u00ed a estos lugares y me resisto a llamar Mutriku a lo que siempre fue Motrico, pues al pronunciarlo as\u00ed obliga a estirar el morro hasta tocar la punta de la nariz con la boca y la mueca resultante puede ser grotesca. Fue all\u00ed donde con mucho sue\u00f1o entregamos a un conductor la furgoneta con la que hab\u00edamos salido de Guetaria demasiado pronto como para haber digerido la cena. Mi padre ten\u00eda mucha prisa por recorrer los veinte kil\u00f3metros que hab\u00eda hasta Lequeitio, incluso propon\u00eda traicionar la naturaleza del viaje y recortar el camino tomando un taxi justo despu\u00e9s de Ond\u00e1rroa. Lo importante ya no period pasear tranquilamente por el litoral, bajar a las calas escondidas por los acantilados a ba\u00f1arse sin conciencia del tiempo, llegar a dormir una siesta y cenar ya descansados el c\u00e9lebre rodaballo a la plancha (nada que envidiar a uno a la brasa) del Arropain, un cl\u00e1sico de Lequeitio que resiste con sensatez cualquier tentaci\u00f3n de innovar, pero donde los platos de toda la vida conviven en el men\u00fa con especialidades nepal\u00edes y no por un capricho extravagante de un chef en busca de una fusi\u00f3n in\u00e9dita, sino porque Javier Zapirain, el due\u00f1o del lugar, volvi\u00f3 hace a\u00f1os de un viaje al Himalaya casado con una nepal\u00ed \u2013estas cosas pasan naturalmente en Lequeitio, un pueblo de balleneros donde llevan cinco siglos viajando al fin del mundo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Anul\u00e1bamos con cierta pena la reserva en Arropain por una raz\u00f3n de peso: Santi Zumaran, conocido como Lumumba o El Qu\u00edmico, le hab\u00eda llamado a mi padre para sorprenderle con un agasajo postinero en\u00a0<em>Isuntza Arraun Elkartea\u00a0<\/em>(la Sociedad de remo de Isuntza, txoko del equipo de trainera native, que preside el propio Santi) y la \u00fanica condici\u00f3n que pon\u00eda es que no pod\u00eda ser cena \u2013esa noche tocaba cuadrilla con mujeres y eso period inamovible.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Para acumular m\u00e1s de un mote en esta vida hay que haber entrado en la leyenda, y Santi Lumumba o Santi el Qu\u00edmico, es definitivamente un personaje legendario que encarna para mi padre el recuerdo idealizado de los veranos de su juventud, y al que le engrandecen todo tipo de an\u00e9cdotas marineras. Baste decir que Lumumba o el Qu\u00edmico es el \u00fanico vasco del que se tenga noticia que haya cocinado setas y R\u00f3lex. Literalmente. Esto nos lo explic\u00f3 mi padre mientras impon\u00eda ritmo a la marcha: sucedi\u00f3 hace muchos a\u00f1os, una vez que a mi abuelo materno se le olvid\u00f3 quitarse un R\u00f3lex antes de tirarse al mar. Al salir comprob\u00f3 con mucho disgusto que el reloj se le hab\u00eda mojado y que la esfera estaba cubierta de vaho en su inside y temi\u00f3 que se hubiera averiado. Santi se lo quit\u00f3 de las manos sin miramientos, lo meti\u00f3 en una sart\u00e9n y lo puso al fuego como quien hace un revuelto de setas, mi abuelo lo mir\u00f3 descompuesto, pensando que Zumaran le hab\u00eda dado la puntilla al reloj, pero lo cierto es que gracias a la mano de Santi en los fogones, aquel R\u00f3lex a la plancha volvi\u00f3 a funcionar perfectamente.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Con historias como esta nos fuimos acercando a Ond\u00e1rroa bordeando la costa, period el primero de octubre y el sol bendec\u00eda nuestro paseo con un d\u00eda de verano cant\u00e1brico que no hab\u00edamos visto en todo el pasado agosto. As\u00ed es octubre en estas tierras, las estaciones del a\u00f1o avanzan y retroceden en el cielo como lo hacen las mareas en la orilla, de modo que un mismo d\u00eda te trae el invierno y retrocede despu\u00e9s al verano. Ese mismo tir\u00f3n de las mareas que hace al tiempo contraerse parec\u00eda hacer efecto en mi padre, que a sus setenta y seis a\u00f1os iba devorando los kil\u00f3metros con los pies como si tuviera treinta, anticipando con alegr\u00eda el banquete, los vinos y la partida de mus. Al verle me acord\u00e9 de algo que me dijo Ant\u00f3n Reixa, tras un brutal accidente en coche que le dej\u00f3 en coma un mes, le fractur\u00f3 medio cuerpo y le dej\u00f3 cojo y con dolores cr\u00f3nicos. Le pregunt\u00e9 que cu\u00e1l hab\u00eda sido el primer banquete que disfrut\u00f3 tras salir de la larga temporada que pas\u00f3 en el hospital y \u00e9l me contest\u00f3 que no ya disfrutaba tanto de un banquete, pero lo que s\u00ed disfrutaba es de sentir el apetito de un banquete: a cierta edad y cuando todo nos duele, sentir esa avidez y ese deseo se celebra mucho m\u00e1s que el banquete con el que se satisfacen aquellos apetitos que te han confirman una vez m\u00e1s que sigues vivo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Guip\u00fazcoa termina en un recodo del camino en el que hay un edificio alto abandonado, envuelto en maleza, con las ventanas del piso inferior tapiadas y un inmenso mural grafitero en el que se le ve a Alfred Hitchcock de esmoquin y con gesto impert\u00e9rrito junto a un barbudo con sonrisa mal\u00e9fica que en una mano sujeta una bomba con la mecha encendida y en la otra el s\u00edmbolo de los okupas. Esto es Ond\u00e1rroa,\u00a0<em>ongi etorri<\/em>. Pasado este inquietante edificio la vista se abre a la peque\u00f1a bah\u00eda en la que est\u00e1 incrustado este pueblo que para los veraneantes burgueses de Lequeitio period algo as\u00ed como el Rin o el Danubio para los antiguos romanos, es decir, el\u00a0<a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Limes\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Limes&amp;source=gmail&amp;ust=1633699731852000&amp;usg=AFQjCNGt75AzGK_SvjDXasHR758g9JR13g\">limes<\/a>\u00a0tras el cual viven los b\u00e1rbaros. De peque\u00f1o nos daba morbo llegar en bicicleta a asomarnos a este importante puerto pesquero, donde en los tendederos de las casas solo se ve\u00edan ropas de trabajo de\u00a0<em>arrantzales<\/em>\u00a0y camisetas negras de grupos de Thrash metallic. Nos parec\u00eda que no hab\u00eda un solo cent\u00edmetro de pared en todo el pueblo, incluida la iglesia, que no tuviera un mensaje de Batasuna o la foto de un etarra, y cuando atraves\u00e1bamos con angustiosa lentitud las calles estrechas en un coche con matr\u00edcula de Madrid y vestidos con camisas planchadas, sent\u00edamos ese miedo que uno espera pasar en el t\u00fanel del terror del Parque de Atracciones.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Y sin embargo, con el tiempo uno descubre que Ond\u00e1rroa tiene su lado wise, no todo es reventar t\u00edmpanos con Heavy Metallic, hay por ejemplo una rara afici\u00f3n al\u00a0<a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/www.diariovasco.com\/20090428\/bajo-deba\/total-aves-presentaron-campeonato-20090428.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/www.diariovasco.com\/20090428\/bajo-deba\/total-aves-presentaron-campeonato-20090428.html?ref%3Dhttps%253A%252F%252Fwww.google.com%252F&amp;source=gmail&amp;ust=1633699731852000&amp;usg=AFQjCNG8l5IezcFDmxQOqQ5a_NMale8nkA\">silvestrismo<\/a>, pr\u00e1ctica que consiste en adiestrar jilgueros y otras aves para el canto, y de hecho Kepa Arrizabalaga, portero del Chelsea y oriundo de Ond\u00e1rroa, es criador del jilgueros que han ganado campeonatos de canto. Adem\u00e1s del amor por el c\u00e1noro trino de las fring\u00edlidos, Ond\u00e1rroa tiene como himno no oficial la canci\u00f3n de despedida m\u00e1s conmovedora que conozco,\u00a0<a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Boga_boga_(canci%C3%B3n_vasca)\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Boga_boga_(canci%25C3%25B3n_vasca)&amp;source=gmail&amp;ust=1633699731852000&amp;usg=AFQjCNHZVv6moFMKzWDjAVLST0Kc37qUHA\">el Boga boga<\/a>. La letra de esa canci\u00f3n est\u00e1 pintada con orgullo en un mural en la medianera de un edificio frente al puerto. Se suele cantar siempre en un coro de voces, a capela, la canci\u00f3n le pone voz a un marinero que parte a las Indias y se despide remando de su querido pueblo, de su peque\u00f1o rinc\u00f3n en la tierra, sin saber si el mar se lo tragar\u00e1. Me cuesta escuchar esta canci\u00f3n que mi padre y sus hermanos cantan a menudo sin que se me venga una l\u00e1grima, hasta el punto que considero que Ond\u00e1rroa redime todos sus pecados por haber legado al mundo esta canci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Hicimos una parada en el garito de tragaperras y apuestas deportivas que hay bajo el mural del Boga boga donde contra todo pron\u00f3stico sirven un pincho de tortilla de campeonato, y seguimos el camino cantando el Boga boga como remeros que reman con las piernas. Lequeitio quedaba ya a trece kil\u00f3metros, esta period la parte m\u00e1s bella de un camino que transcurre con densos bosques de robles mezclados con cultivos de eucaliptos a la izquierda y oscuros acantilados a la derecha. Es m\u00e1s f\u00e1cil ver ciclistas y caminantes que coches en este tramo, resulta inspirador ver como en la pr\u00e1ctica esta carretera le ha sido expropiada a los veh\u00edculos de motor por el intenso uso deportivo que le dan los vecinos de la zona. Al poco de dejar atr\u00e1s Ond\u00e1rroa, hay un punto en que la carretera se desprendi\u00f3 y cay\u00f3 al mar y ahora hay un puente muy alto desde donde se ve la ola que bate las rocas. Atado en la barandilla del puente hay un f\u00fanebre ramo de flores, ya mustio y descolorido, uno no puede dejar de pensar al verlo que ese ramo en ese lugar solo puede conmemorar a un suicida. Cerca del ramo un anciano canoso y de paso lento se asoma a la barandilla, le acompa\u00f1a un jovencito de rasgos andinos, probablemente su cuidador. Al cruz\u00e1rmelos, les digo en tono de broma \u201cni se os ocurra saltar\u201d y el viejo me mira muy seriamente y me cube: \u201cpara saltar hay que prepararse primero\u201d. La respuesta es desconcertante y enigm\u00e1tica, Ignacio Ojanguren y yo nos pasamos los siguientes dos kil\u00f3metros elucubrando qu\u00e9 ha querido decirnos con eso de que hay que prepararse primero, \u00bfcu\u00e1ntas veces habr\u00e1 caminado hasta el puente aquel viejo pensando en saltar? \u00bfsaltan los que se lo preparan demasiado o se hace de manera impulsiva?<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Con estas cavilaciones llegamos por fin al octavo kil\u00f3metro entre Lequeitio y Ond\u00e1rroa mucho antes de lo que imaginamos. Por un lado de la carretera, entre la maleza, baja disimuladamente y sin se\u00f1ales de ning\u00fan tipo un estrecho camino de tierra, empinado, resbaladizo y con cuerdas para agarrarse, que termina llegando a una cala escondida entre robles y encinas. Lo llamamos el Octavo sin m\u00e1s, ha sido siempre nuestro ba\u00f1o favorito, el caladero de pulpos, n\u00e9coras y quisquillas de las excursiones infantiles. Los acantilados que rodean a esta cala son un enorme hojaldre de\u00a0<a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Flysch\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Flysch&amp;source=gmail&amp;ust=1633699731852000&amp;usg=AFQjCNEFVC4OHxSx_ASi_lJ3TypRH1ndGw\">flysch<\/a>\u00a0en toda la gama de grises y ocres, revela las eras geol\u00f3gicas de la tierra en un mismo corte transversal, ah\u00ed queda todo el paleoceno aplastado, diez millones de a\u00f1os comprimidos en cincuenta metros de piedras. Al verlo me viene a la cabeza un poema del peruano\u00a0<a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/lesautresmondes.wordpress.com\/2012\/12\/26\/animal-de-invierno-jose-watanabe-1945-2007\/\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/lesautresmondes.wordpress.com\/2012\/12\/26\/animal-de-invierno-jose-watanabe-1945-2007\/&amp;source=gmail&amp;ust=1633699731852000&amp;usg=AFQjCNEFLbTA-8AzCiUOiqq1xVOEQ4aG1Q\">Jos\u00e9 Watanabe que lo describe<\/a>\u00a0como \u201cvetas minerales como nervios petrificados, \/ tal vez en tiempos remotos fueron recorridos \/<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">por escalofr\u00edos de criatura viva.\u201d Entre el v\u00e9rtigo temporal que produce el flysch y la respuesta del viejo suicida, el camino se torna existencial y por un momento se nos olvida que el destino de nuestro paseo es una gran comilona, y que como cube el poeta Watanabe al ultimate de su poema \u201ca\u00fan no soy la monta\u00f1a\u201d. Afortunadamente el apetito vuelve con fuerza despu\u00e9s de tirarnos al agua g\u00e9lida y nadar un poco entre las rocas. Salimos del agua con energ\u00edas renovadas y tiramos hacia nuestra meta ya sin parar.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">No es lo mismo viajar a un lugar encerrado en un coche, que andando: al caminar uno avanza con los cinco sentidos, siente la textura del camino en los pies, mide las distancias con su fatiga, escucha como el sonido de las olas y las aves se sumerge bajo el bullicio de sus calles, comprueba como el olor iodado de la espuma del mar se empieza a mezclar con el de las cocinas. Hemos llegado a Lequeitio, que es una especie de San Sebasti\u00e1n en miniatura. Como en San Sebast\u00edan, aqu\u00ed tambi\u00e9n tiene tres playas la bah\u00eda: Isuntza, Quincoces y Karraspio, con una isla en el centro, San Nicol\u00e1s. No le faltan tampoco palacios ni casas blasonadas, y ambas villas tienen su bas\u00edlica de Santa Mar\u00eda en la parta vieja, si bien es mucho m\u00e1s impresionante Santa Mar\u00eda de Lequeitio, que por razones inciertas \u2013acaso por las donaciones de\u00a0<a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/%C3%8D%C3%B1igo_de_Artieta\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/%25C3%258D%25C3%25B1igo_de_Artieta&amp;source=gmail&amp;ust=1633699731852000&amp;usg=AFQjCNF1HJipo3hGrTpP6mKHpjURvbhtIg\">corsarios<\/a>\u00a0locales,\u00a0<em>comply with the cash<\/em>\u2013 tiene el uno de los tres mayores\u00a0<a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Retablo_mayor_de_la_Basilica_de_Lequeitio\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Retablo_mayor_de_la_Basilica_de_Lequeitio&amp;source=gmail&amp;ust=1633699731852000&amp;usg=AFQjCNF-SQFUShqf7xlyTsVCTYNrDBQcxw\">retablos g\u00f3ticos<\/a>\u00a0de Espa\u00f1a. Al igual que San Sebasti\u00e1n, Lequeitio acogi\u00f3 familias reales e incluso fue residencia de\u00a0<a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/www.deia.eus\/cultura\/2021\/01\/13\/arriola-rescata-estancia-emperatriz-zita\/1091618.html\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/www.deia.eus\/cultura\/2021\/01\/13\/arriola-rescata-estancia-emperatriz-zita\/1091618.html&amp;source=gmail&amp;ust=1633699731852000&amp;usg=AFQjCNEgZeMbuH7WFb2MrqjCDi7MWw8ISg\">la \u00faltima emperatriz de Austria<\/a>. Pero lo cierto es que tras un madrug\u00f3n algo resacoso y veinte kil\u00f3metros de camino nada de esto importaba demasiado a los amigos que nos acompa\u00f1aban, de Lequeitio solo quer\u00edamos saber ya d\u00f3nde nos esperaba Santi Zumaran con la comida.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">M\u00e1s de uno estar\u00eda de acuerdo en que el txoko de Santi Zumaran, Lumumba, el Qu\u00edmico, tiene el emplazamiento m\u00e1s espectacular que pueda tener una sociedad gastron\u00f3mica. Est\u00e1 construido sobre las rocas de la bah\u00eda de Lequeitio, bajo la ermita de San Juan, con unas vistas enormes que abarcan toda la bah\u00eda, con la isla de San Nicol\u00e1s al este y el faro el faro de Santa Catalina bajo las laderas del imponente\u00a0<a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/www.museodelprado.es\/coleccion\/obra-de-arte\/rocas-de-otoyo-lequeitio\/5b62a4ab-eae8-4864-aa8e-8ccfd11b5603\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/www.museodelprado.es\/coleccion\/obra-de-arte\/rocas-de-otoyo-lequeitio\/5b62a4ab-eae8-4864-aa8e-8ccfd11b5603&amp;source=gmail&amp;ust=1633699731852000&amp;usg=AFQjCNHO7_Je8TOcrFk0rSP8VbakCx7Lyg\">Otoyo<\/a>\u00a0al oeste.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Al entrar mi padre tiene la cara de un ni\u00f1o en la ma\u00f1ana de Navidad. Su amigo lleva todo el d\u00eda cocinando para \u00e9l, no ha querido revelarle cu\u00e1l es el men\u00fa, est\u00e1 todo oculto en grandes sartenes tapadas. Los abrazos entre ambos son tremendos, se oyen las manos retumbando contra las espaldas y las v\u00e9rtebras crujir. Santi es parco en palabras, los vascos tan vascos como \u00e9l suelen expresarse mejor cocinando y cantando, y pronto nos lleva a la cocina y para levantar las tapas de las sartenes con m\u00e1s expectaci\u00f3n que cuando Steve Jobs dec\u00eda eso de\u00a0<em>another factor<\/em>. En nuestra mente suenan redobles de tambores y fanfarrias. Afortunadamente no hay ninguna sorpresa y el men\u00fa es maravillosamente previsible, Santi conoce bien la f\u00f3rmula del \u00e9xito, que es la de Kiss FM:\u00a0<em>all of the hits on a regular basis<\/em>. Anchoas, bonito, tomates de su huerta, cigalas, setas del monte cogidas por \u00e9l detr\u00e1s de su casa y kokotxas con huevos escalfados. Est\u00e1 escrito en nuestras boinas: la vida es poco m\u00e1s. De postre la panchineta de Santi Gozotegia y despu\u00e9s un mus con ocho reyes y sin peretes, ni treinta y una actual, que aqu\u00ed no les va la monarqu\u00eda nos dicen. Todo en el men\u00fa period excepcional, para puntuar con tres decimales entre el nueve y el diez, Zumaran solo sirve los arquetipos plat\u00f3nicos de cada ingrediente. Pero las kokotxas con huevo escalfado merecen una descripci\u00f3n, porque a m\u00ed que cre\u00eda que sab\u00eda algo de hacer kokotxas me hizo descender a tercera divisi\u00f3n de golpe. El tama\u00f1o es importante, y las kokotxas de Santi son peque\u00f1as, de merluza, todas muy parecidas entre s\u00ed y bien limpias, sin flecos de piel colgando. Su hermano Joaqu\u00edn es el pescadero del pueblo as\u00ed que le llega siempre la mejor selecci\u00f3n. La salsa est\u00e1 a medio camino entre un pil pil y una salsa verde, con su perejil y su ajo picados muy finos y perfectamente integrados. Al a\u00f1adirle el huevo escalfado a cada raci\u00f3n por separado, la untuosidad de la yema termina por cuajar la salsa. El sabor adem\u00e1s mejora si uno est\u00e1 comiendo frente a un inmenso ventanal donde solo se ve la inmensidad del cielo y el mar, se oye la ola y entra el olor de la espuma. Al ultimate de la comida se pueden fumar puros sin pedir perd\u00f3n ni permiso, que para eso estamos en un txoko, y se puede levantar uno a la barra a servirse la copa hasta donde quiera y a hacerse con naipes y tapetes con los que se juega hasta que cae la tarde y las botellas. Repito: la vida es poco m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>De Lequeitio a Aulesti<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Tras la cena de Guetaria, los veinte kil\u00f3metros del d\u00eda anterior y la bacanal del Txoko de Lequeitio, me preguntaba c\u00f3mo har\u00eda mi padre para levantarse pronto y caminar por lo menos hasta Aulesti (otrora conocido como\u00a0<a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/www.casadellibro.com\/libro-muerte-en-murelaga\/9788495589705\/904440\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/www.casadellibro.com\/libro-muerte-en-murelaga\/9788495589705\/904440&amp;source=gmail&amp;ust=1633699731853000&amp;usg=AFQjCNGf51zhq3kc0rALn3eOti4hTw3Fow\">Mur\u00e9laga<\/a>\u00a0antes de la gran purga de top\u00f3nimos) por los senderos de tierra llenos de cuestas. Lo cierto es que cuando al ultimate del camino espera el asador Etxebarri, da un poco igual lo reventado que uno est\u00e9 o las ampollas que tenga en el pie. Hay metas que hacen f\u00e1cil cualquier esfuerzo, y mi padre no solo ten\u00eda como objetivo comer en el aclamado asador sino que ten\u00eda un prop\u00f3sito superior y m\u00e1s acuciante: entregar a Bittor Arginzoniz, due\u00f1o, cocinero y cerebro del Etxebarri, el chorizo que desde hace tiempo hace cada a\u00f1o en la Sierra de Hornachuelos, embutido cuya f\u00f3rmula ha ido perfeccionando en cada matanza hasta adquirir una cierta fama entre los suyos. Mi padre acud\u00eda a Bittor con la esperanza de que su chorizo fuera validado por parte del autor del chorizo m\u00e1s celebrado del mundo, el que hace en Etxebarri con la colaboraci\u00f3n de Joselito. Mi hermano, Juan, Ignacio y yo le advert\u00edamos en previsi\u00f3n de una escena bochornosa, de que entrar en la cocina del Etxebarri con un chorizo period algo as\u00ed como ir a un concierto de Anne-Sophie Mutter en el konzerthaus de Berl\u00edn llev\u00e1ndote tu viol\u00edn para que te escuche ella como tocas. Mi padre no atend\u00eda a razones, y caminaba alegremente con dos bastones de andar y el chorizo colgando de la mochila, le impulsaba la convicci\u00f3n de que su producto no period inferior al de Bittor y estaba dispuesto a demostrarlo. Hay que aclarar que mi padre no est\u00e1 completamente enajenado, tenemos ciertas razones para pensar que nuestro chorizo est\u00e1 entre los mejores. La primera de ellas es que todo el mundo que lo prueba nos lo cube con veros\u00edmil honestidad, no creemos que sea mera adulaci\u00f3n o mentira compasiva, a juzgar por la celeridad pira\u00f1esca con el que se acaba un chorizo cada vez que sacamos uno para el aperitivo. La segunda raz\u00f3n es que criamos cerdos para Joselito, con lo cual la materia prima es la misma que la del Etxebarri, y la tercera es que solo usamos la carne del jam\u00f3n para hacer el chorizo. Es decir, es un chorizo de jam\u00f3n, y por eso mi padre tiene la convicci\u00f3n de que es algo m\u00e1s que chorizo, a saber, oro rojo de la Sierra de Hornachuelos, que ni se vende ni se comercializa, solo se regala. Su amigo Alonso, vecino de Palma del R\u00edo, recuerda siempre que el mejor jam\u00f3n del mundo se puede comprar y est\u00e1 perfectamente identificado, pero el mejor chorizo no, pues suele ser un producto casero que se queda en el \u00e1mbito privado y acquainted.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">El sendero a Aulesti discurre junto al r\u00edo Lea que desemboca en Lequeitio, y va generalmente bajo la fronda de \u00e1rboles de ribera y robles, atraviesa centenarios molinos y ferrer\u00edas abandonadas. Por el camino vamos haciendo casu\u00edstica sobre lo que puede ocurrir cuando mi padre solicite audiencia con el gran Bittor para hacerle probar su chorizo. Las risas se pueden o\u00edr desde lejos. Yo expongo el mejor escenario, algo fantasioso quiz\u00e1s: Bittor recibe el chorizo de mi padre y se queda mudo, paralizado, como Stendhal al ver la bas\u00edlica de la Santa Cruz en Florencia. Al d\u00eda siguiente se echa a llorar, se da cuenta de que toda su vida ha sido en vano y cierra el Etxebarri indefinidamente. Mi hermano pinta un escenario peor: Bittor no recibe a mi padre, est\u00e1 hasta la coronilla de gente que le quiere colocar un rollo. Un camarero recibe el chorizo y da las gracias en nombre de Bittor. Por la noche echan el chorizo a los perros del pueblo, que ya se han terminado el chorizo del plasta anterior. As\u00ed van pasando los kil\u00f3metros, y a ratos el \u00e1nimo de mi padre decae en alg\u00fan momento cuando contempla por fin la posibilidad de hacer el rid\u00edculo, pero al ultimate triunfa su inmensa confianza en el oro rojo de la sierra de Hornachuelos.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Con estas chanzas llegamos casi sin darnos cuenta hasta el inmenso front\u00f3n de Aulesti donde un padre y su hijo peque\u00f1o jugaban a pelota-mano, y donde nos esperaba la furgoneta para hacer el tramo ultimate hasta Etxebarri. Conocemos muy bien este peque\u00f1o pueblo, aqu\u00ed est\u00e1 el que verdaderamente es parte de nuestra historia emocional,\u00a0<a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/www.elcorreo.com\/jantour\/zarrabenta-ultimo-especie-20180807112909-nt.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/www.elcorreo.com\/jantour\/zarrabenta-ultimo-especie-20180807112909-nt.html?ref%3Dhttps%253A%252F%252Fwww.google.com%252F&amp;source=gmail&amp;ust=1633699731853000&amp;usg=AFQjCNE9SqMpeq5u3QgzcjMVx3bkwVaJdg\">el Zarra Benta<\/a>, regentado por tres incombustibles octogenarios, Mila, su marido Jacinto y su cu\u00f1ada Elena. Suyo es el lugar en que probamos por primera vez con nuestra abuela muchos de los sabores a los que luego nos hemos pasado la vida tratando de volver, me queda claro que este es el lugar donde conoc\u00ed lo que period un rape, una cococha, un pimiento o una cuajada. Hemos peregrinado all\u00f1i con nuestras novias de universidad, nuestras mujeres despu\u00e9s y m\u00e1s adelante nuestros hijos. Hab\u00edamos o\u00eddo con tristeza que el Covid se hab\u00eda cebado con Aulesti y con ellos en explicit y que ya estaban cerrados, fuimos a preguntar por ellos y al llegar encontramos las puertas del restaurante abiertas, por un momento me alegr\u00f3 pensar que todo period como antes, pero al asomarme comprob\u00e9 que todo estaba a oscuras, no hab\u00eda nadie comiendo. Mila estaba all\u00ed como siempre, me reconoci\u00f3 al instante y me dio con mucho cari\u00f1o dos besos sin m\u00e1scara y sin miedo, me llev\u00f3 hasta la cocina donde solo hab\u00eda una peque\u00f1a olla haciendo chup chup sobre sus viej\u00edsimos fogones de le\u00f1a que jam\u00e1s hab\u00eda cambiado, la poca comida que cocinaba parec\u00eda m\u00e1s destinada a la familia que a atender a ning\u00fan cliente pero a\u00fan as\u00ed, Mila me dec\u00eda que pod\u00eda apa\u00f1ar alguna comida para nosotros, hay para todos, siempre hay algo en la despensa si quer\u00edamos quedarnos a comer. Le dije que no pod\u00edamos quedarnos y ella me agarr\u00f3 de la mano y no me la solt\u00f3, me cont\u00f3 desolada que ya period el ultimate, Jacinto hab\u00eda sobrevivido al covid, pero hab\u00eda quedado impedido y a sus ochenta y ocho a\u00f1os ya no pod\u00eda atender la barra. La thought de la jubilaci\u00f3n o de las vacaciones jam\u00e1s ha entrado en la cabeza de Mila, yo llevo veinte a\u00f1os pregunt\u00e1ndole cuando lo va dejar y jam\u00e1s ha sabido decirme cu\u00e1ndo. Su vida es dar de comer a los dem\u00e1s. Despu\u00e9s de la bienvenida Mila protesta con raz\u00f3n porque recuerda bien que le dije hace ya tiempo que le mandar\u00eda un libro que escrib\u00ed donde le dedico un cap\u00edtulo entero y nunca se lo llegu\u00e9 a mandar. Me pregunta que por qu\u00e9 no voy ya por Lequeitio, me repite que me ha estado esperando mucho tiempo, todo el verano, a m\u00ed y al libro que le ten\u00eda prometido, me insiste en que me quede a comer, destapa la olla y sale el olor de un guiso de pescado. En ese momento tuve que contener las l\u00e1grimas, contemplaba el \u00faltimo acto de un lugar que para m\u00ed siempre ha representado la autenticidad, period consciente de que ve\u00eda quiz\u00e1s por \u00faltima vez esos fogones encendidos, y mientras pensaba en eso, le sujetaba la mano a esa mujer que en los momentos en que m\u00e1s oscuro y hostil se me hac\u00eda esta tierra, ha sido siempre la persona que evocaba en mi imaginaci\u00f3n para congraciarme con una thought amable de lo que period ser vasco.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Mi padre me llam\u00f3 para decirme que estaban todos esperando ya en la furgoneta, hab\u00eda que salir ya para llegar al Etxebarri. Seg\u00fan nos alej\u00e1bamos de Aulesti, me di cuenta de que tanto mi padre como mi hermano sent\u00edan ese pellizco de tristeza, y ahora seg\u00fan escribo estas l\u00edneas unos d\u00edas despu\u00e9s, s\u00e9 ya que ellos, igual que yo, hubieran dejado el Etxebarri para otra ocasi\u00f3n, le habr\u00edan entregado a Mila el chorizo y se habr\u00edan quedado felices a tomar aquello que burbujeaba en su olla.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Seguimos sin saber qu\u00e9 le ha parecido a Bittor el chorizo que mi padre le regal\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<\/div>\n\n<p><em> &#8221; Fuentes theobjective.com &#8221; <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando muri\u00f3 mi abuelo, mi madre hered\u00f3 una casa en la Sierra de Hornachuelos, y entonces mi padre consider\u00f3 que puesto que en el campo no hay que recoger excrementos, por fin se daban las condiciones para tener un perro y mantener su dignidad, as\u00ed que compr\u00f3 un labrador. 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