{"id":199162,"date":"2021-09-29T18:19:48","date_gmt":"2021-09-29T18:19:48","guid":{"rendered":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/?p=199162"},"modified":"2021-09-29T18:19:48","modified_gmt":"2021-09-29T18:19:48","slug":"malaga-el-palo-es-un-homenaje-a-otra-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/malaga-el-palo-es-un-homenaje-a-otra-vida\/","title":{"rendered":"M\u00e1laga: el Palo es un homenaje a otra vida"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<p>Una isla en el oc\u00e9ano del turismo de masas al que M\u00e1laga parece haber vendido su alma. Este barrio de origen marinero al este de la ciudad andaluza ofrece estampas de otros tiempos, im\u00e1genes que podr\u00edan parecer postales de colores <em>classic<\/em> o fotogramas perdidos en carretes de Tremendous 8. <strong>No tiene <em>seashore golf equipment,<\/em> hoteles o franquicias<\/strong>.<\/p>\n<div id=\"cuerpo_noticia\">\n<p>Ni siquiera aparcamiento. Pero ah\u00ed siguen los ni\u00f1os buscando cangrejos en los espigones, las j\u00e1begas de ojos fenicios surcando el mar, los merenderos con aroma a sardinas o la carboner\u00eda, con un siglo de historia, que sigue surtiendo de le\u00f1a y carb\u00f3n vegetal a sus vecinos.<\/p>\n<p>El lujo escasea, s\u00ed, pero la historia permanece viva en las casitas de pescadores, los vinos de sus <strong>bodegas Quitapenas<\/strong>, el aroma a jazm\u00edn de las <strong>biznagas<\/strong>. Y en el sentimiento com\u00fan de admiraci\u00f3n por la <strong>Virgen del Carmen<\/strong>, que junto a la playa es principio y fin de una barriada originalmente habitada por unos adoradores del sol que llegaron antes que los fenicios.<\/p>\n<p>Es <strong>El Palo<\/strong> una zona que se mueve entre \u00e1reas humildes y de gran poder adquisitivo, emparentadas por coloridas plumarias y un agradable olor a mar que flota en todas partes. Sus habitantes se encuentran en los mismos lugares, ya sea desayunando tostadas de zurrapa pale\u00f1a en <strong>El Roper<\/strong> (Escultor Paco Palma, 1) y churros en <strong>El Sauce<\/strong> (Escultor Mar\u00edn Higuero, 3) o paseando por un mercadillo que cada ma\u00f1ana de s\u00e1bado ofrece pareos con mandalas a cinco euros, vaqueros a tres, camisetas a dos, todo algod\u00f3n. En su n\u00facleo, la <strong>plaza de Pepe Almoguera<\/strong>, huele a aceituna alore\u00f1a y los aguacates se venden en carrillos de obra. Los paseantes revolotean entre telas como en una ensayada coreograf\u00eda. \u201c50 mascarillas a dos euros\u201d, grita alguien para volver al siglo XXI.<\/p>\n<p>Antiguamente todos se conoc\u00edan, pero tambi\u00e9n hoy se sabe que Reduan tiene una fruter\u00eda, \u00c1ngela otra, que Juan corta con delicadeza los embutidos en su negocio <strong>El Tejar<\/strong> o que una simp\u00e1tica familia china ha relevado a los propietarios jubilados de la ferreter\u00eda Miguelito.<\/p>\n<p>En el <strong>mercado municipal<\/strong> los nombres tambi\u00e9n son p\u00fablicos. Como el de Antonio, que domina todos los cortes de la carne, o Carlos, que ejerce de cuarta generaci\u00f3n de una familia de pescaderos que inici\u00f3 su bisabuelo Frasquito <em>El Tragan\u00fao,<\/em> quien pescaba en j\u00e1bega cuando este period un lugar de huertas, humildes casitas y los turistas se contaban con los dedos de una mano. <strong>Su distancia hasta el casco hist\u00f3rico de M\u00e1laga<\/strong> \u2014seis kil\u00f3metros\u2014 hizo que en el siglo XIX la zona quisiera independizarse en varias ocasiones. No lo consiguieron, pero hoy sus gentes siguen \u201cbajando a M\u00e1laga\u201d cuando cruzan el cauce seco del arroyo Jaboneros para viajar al centro de la ciudad.<\/p>\n<h3>Sardinas y domin\u00f3<\/h3>\n<p>El <strong>faro del barrio es la playa<\/strong>. Es ah\u00ed donde, como cube el rapero native <strong>Elphomega<\/strong>, todo empieza con espeto y cerveza. Una refrescante ca\u00f1a apetece a cualquier hora en <strong>La Casita<\/strong>, situada en el n\u00famero 3 de la calle Quitapenas. El tiempo se par\u00f3 hace a\u00f1os en su terraza, con vistas al mar, punto de reuni\u00f3n de vecinos y turistas que se mudan a dos sombreados patios del establecimiento cuando el terral no deja respirar.<\/p>\n<p>A media ma\u00f1ana, los chiringuitos <strong>El Zagal<\/strong>, <strong>Gabi<\/strong> y <strong>Los Marengos<\/strong>, en la misma calle, o <strong>Manuel de la Lonja<\/strong> (Banda del Mar, 19) despliegan mesas y sillas de pl\u00e1stico sobre el paseo mar\u00edtimo. Las brasas de olivo arden sobre las barcas varadas y los espeteros ensartan con eficaz delicadeza las sardinas en las ca\u00f1as, que para algo <strong>los espetos se inventaron aqu\u00ed<\/strong>.<\/p>\n<p>A la sombra, los mayores estrellan sus fichas de domin\u00f3 en las mesas y apuntan sus puntuaciones en una libreta de Fanta junto al altar common de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, quienes la pasean por el mar cada 16 de julio. A un paso est\u00e1 la <strong>plaza del Ni\u00f1o de las Moras<\/strong>, quien cantaba aquello de \u201cAsomarse a los balcones \/ mujeres guapas y hermosas \/ y ver\u00e9is vender moras \/ moras, mauras, las moras\u201d.<\/p>\n<p><strong>Sardinas, conchas finas, manojitos de boquerones, salmonetes<\/strong>, el surtido mar\u00edtimo de cada chiringuito es tan variado como cl\u00e1sico. En El Palo manda la tradici\u00f3n. Hasta en los camperos del <strong>Maruchi<\/strong> o en el vocer\u00edo de los camareros de <strong>El Tintero<\/strong>. Un poco m\u00e1s adentro, superando la avenida de Salvador Allende, el abanico se abre. El marisco de la <strong>Freidur\u00eda Salvador y Lucas<\/strong>, los arroces de <strong>Primitivo<\/strong>, el pescado de <strong>Juanito Juan<\/strong>, los fideos tostados de <strong>GallarVi<\/strong>, el <em>pok\u00e9<\/em> de <strong>Ohana<\/strong>, el tapeo del <strong>Zurich<\/strong> y el <strong>Tobalo\u2019s<\/strong>, la hamburguesa de entra\u00f1a del <strong>Viva Mar\u00eda<\/strong>, las raciones de rubios o tapaculos fritos del <strong>bar El Maestro<\/strong>.<\/p>\n<p>La referencia gastron\u00f3mica la marca <strong>La Revuelta<\/strong> (avenida de P\u00edo Baroja, 20), con Marta Ruiloba en sala y Arnault Scheidhauer, chef franc\u00e9s de acento pale\u00f1o, en los fogones. Aqu\u00ed el pescado se mima, el men\u00fa cambia peri\u00f3dicamente y cada d\u00eda hay originales platos fuera de carta nacidos de una cocina \u201csiempre viva\u201d, como explica Scheidhauer. De postre, la <strong>helader\u00eda Santa Gema<\/strong> ofrece decenas de combinaciones desde 1976.<\/p>\n<p>El verano llena de visitantes y locales las peque\u00f1as calas de las <strong>playas de El Palo<\/strong>, pero el oto\u00f1o malague\u00f1o tambi\u00e9n invita a disfrutarlas. Se pueden recorrer desde el mar, a bordo de las nuevas tablas de paddle surf que alquilan Ellen y Dino en su negocio <strong>Kayak &amp; Bike<\/strong>. Tambi\u00e9n ofrecen traves\u00edas n\u00e1uticas o la pr\u00e1ctica de yoga flotando sobre el Mediterr\u00e1neo con vistas a las <strong><em>tetas<\/em> de M\u00e1laga<\/strong>, las dos cumbres del monte <strong>San Ant\u00f3n<\/strong>, territorio del camale\u00f3n.<\/p>\n<p>Al caer el sol, ocasionales manadas de delfines hacen cabriolas junto a las boyas y en la orilla los rezagados suspiran por la eternidad entre bolsas de pipas. A esas horas, sobre las aceras del paseo mar\u00edtimo, las familias sacan la casa por la ventana para cenar al fresco viendo la tele. Luego cae el silencio y solo las luces de las barcas de pescadores brillan sobre el mar. Hasta que, al amanecer, la vida arranca de nuevo en <strong>El Palo<\/strong>.<\/p>\n<\/div>\n\n<p><em> &#8221; Fuentes columnadigital.com &#8221; <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una isla en el oc\u00e9ano del turismo de masas al que M\u00e1laga parece haber vendido su alma. 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