{"id":156338,"date":"2021-07-11T04:02:48","date_gmt":"2021-07-11T04:02:48","guid":{"rendered":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/?p=156338"},"modified":"2021-07-11T04:02:48","modified_gmt":"2021-07-11T04:02:48","slug":"migrantes-desesperados-por-llegar-a-europa-internacional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/migrantes-desesperados-por-llegar-a-europa-internacional\/","title":{"rendered":"Migrantes desesperados por llegar a Europa | Internacional"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div id=\"ctn_article_body\">\n<figure class=\"lead_art |  \"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" alt=\"Refugiados sudaneses juegan un partido de f&#xFA;tbol en Niamey.\" class=\"block width_full\" width=\"828\" height=\"552\" loading=\"eager\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/HoVchHbThrFxT_iDPFqXTQGEuEk=\/414x0\/filters:focal(795x1310:805x1320)\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/5A4IY26JFNGEVCARKMHU6UUOWM.jpg\" srcset=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/HoVchHbThrFxT_iDPFqXTQGEuEk=\/414x0\/filters:focal(795x1310:805x1320)\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/5A4IY26JFNGEVCARKMHU6UUOWM.jpg 414w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/2DVxF6xgnsSPWCJrLE3wxOvxWuA=\/828x0\/filters:focal(795x1310:805x1320)\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/5A4IY26JFNGEVCARKMHU6UUOWM.jpg 640w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/YUzsaG7fOabCuYmF__bfKK9tInQ=\/980x0\/filters:focal(795x1310:805x1320)\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/5A4IY26JFNGEVCARKMHU6UUOWM.jpg 1000w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/jvMm2oIX0P5RZONUVJzar930pJc=\/1960x0\/filters:focal(795x1310:805x1320)\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/5A4IY26JFNGEVCARKMHU6UUOWM.jpg 1960w\"\/><figcaption class=\"f_c | color_gray_medium border_bottom border_1 border_gray padding_vertical text_align_right\"><span>Refugiados sudaneses juegan un partido de f\u00fatbol en Niamey.<\/span><span class=\"f_a | color_black margin_left uppercase light\"><span class=\"author\">Juan Luis Rod<\/span><\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p class=\"\">La t\u00edmida sonrisa de la camerunesa Giselle, de 33 a\u00f1os, esconde una herida muy profunda. Sentada en un sill\u00f3n de la misi\u00f3n cat\u00f3lica de Niamey respira hondo antes de comenzar a hablar. \u201cNo s\u00e9 cu\u00e1ntos hombres me violaron, cuando algo as\u00ed te ocurre pierdes la cuenta\u201d, asegura. Huy\u00f3 de la guerra en su pa\u00eds para caer en manos de <a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2017\/11\/22\/actualidad\/1511352092_226137.html\">traficantes de personas en Libia<\/a>. \u201cMe vendieron a un gambiano para el que trabaj\u00e9 durante dos a\u00f1os. Era su objeto sexual, no pod\u00eda salir sola de casa, ni s\u00e9 en qu\u00e9 ciudad estaba. Dos veces por semana ven\u00eda a buscarme su hermano y tambi\u00e9n abusaba de m\u00ed. Pens\u00e9 en suicidarme, pero el recuerdo de mis hijos me salv\u00f3\u201d.<\/p>\n<p class=\"\">N\u00edger, <a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/elpais.com\/elpais\/2018\/07\/05\/album\/1530801245_412325.html\">lugar de paso obligado para miles de migrantes africanos rumbo a Europa<\/a>, es un hervidero de historias como esta. Desde Somalia, Sud\u00e1n, Eritrea o el Golfo de Guinea todos los caminos confluyen en este pa\u00eds antes de continuar hacia Libia o Argelia y el Mediterr\u00e1neo. El marfile\u00f1o Frederick Tieffing regenta un restaurante de comida de su pa\u00eds junto a su mujer. Lleg\u00f3 hace una d\u00e9cada escapando de otra guerra, pero, tras cinco a\u00f1os esperando por el asilo pol\u00edtico, al closing le recomendaron que volviera a casa. \u201cLas agencias de Naciones Unidas est\u00e1n desbordadas, no pueden gestionar el flujo de gente que llega\u201d, asegura Tieffing.<\/p>\n<section class=\"more_info | border_1 border_top pull_right\">\n<h3 class=\"uppercase color_black padding_top\">M\u00e1s informaci\u00f3n<\/h3>\n<\/section>\n<p class=\"\">En un campo de f\u00fatbol anexo al estadio Seyni Kountch\u00e9 de la capital nigerina, j\u00f3venes sudaneses procedentes de la regi\u00f3n de Darfur juegan un partido contra nigerinos y expatriados que trabajan en distintas organizaciones humanitarias. Es uno de los pocos ratos en que pueden salir del campo de refugiados de Hamdallaye, donde algunos aguardan desde hace cuatro a\u00f1os a un traslado que nunca llega y tratan de aprovecharlo al m\u00e1ximo. Fueron llevados a N\u00edger desde Libia con la promesa de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y la Organizaci\u00f3n Internacional de las Migraciones (OIM) de ser reubicados en pa\u00edses desarrollados, pero comienzan a hartarse.<\/p>\n<p class=\"\">Pr\u00e1cticamente cada semana estalla una protesta en el propio campo, delante de la sede de Acnur o en el lejano Agadez, donde miles de refugiados se impacientan. En 2018, la entonces alta representante de Exteriores de la Uni\u00f3n Europea (UE), Federica Mogherini, anunciaba un r\u00e1pido reasentamiento de los refugiados trasladados a N\u00edger, pero la situaci\u00f3n de bloqueo es evidente. El Mecanismo de Tr\u00e1nsito de Emergencia (ETM) comenz\u00f3 a funcionar en 2017, pero de las 6.351 plazas prometidas tan solo se han concretado 2.729 traslados desde este pa\u00eds.<\/p>\n<p class=\"\">En 2015, <a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/elpais.com\/politica\/2018\/12\/27\/actualidad\/1545931007_305246.html\">N\u00edger aprobaba una dura ley nacional contra el tr\u00e1fico de personas que criminalizaba el hecho migratorio<\/a> y que provoc\u00f3 un progresivo endurecimiento de las medidas contra los migrantes y un cierre de fronteras sobre todo con Argelia y Libia. A cambio de su colaboraci\u00f3n en el management migratorio, la UE ha incrementado de manera notable las partidas de ayuda al desarrollo en este pa\u00eds africano, alcanzando los 1.200 millones de euros entre 2014 y 2020. El fondo fiduciario de lucha contra la inmigraci\u00f3n clandestina, tambi\u00e9n aprobado en 2015, es una de las herramientas de la UE que canaliza esta ayuda.<\/p>\n<p class=\"\">Las medidas adoptadas para frenar la pandemia de covid-19 vinieron a empeorar las cosas: los traslados de refugiados se ralentizaron al extremo y las fronteras se cerraron a\u00fan m\u00e1s. El religioso italiano Mauro Armanino vive desde hace diez a\u00f1os en Niamey. \u201cLas historias de estos migrantes son un signo revelador de nuestro sistema, un espejo de nuestra sociedad. Occidente tiene una gran responsabilidad sobre lo que les pasa y se apoya sobre complicidades locales. Esta gente ha sufrido una violencia enorme y les ofrecemos asilo y decimos que podr\u00e1n continuar su viaje, pero no ocurre porque los pa\u00edses ricos no dan luz verde\u201d, asegura.<\/p>\n<p class=\"\">Pese a todos los controles, la ruta libia experimenta un repunte de salidas hacia Europa. Hasta junio de este a\u00f1o, 10.711 personas fueron interceptadas por patrulleras en el Mediterr\u00e1neo, tan solo un millar menos que en todo 2020, seg\u00fan los datos de la OIM. \u201cNo lo pueden parar, ser\u00e1 m\u00e1s caro o peligroso, pero es imparable\u201d, remata Armanino.<\/p>\n<\/div>\n\n<p><em> &#8221; Fuentes elpais.com &#8221; <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Refugiados sudaneses juegan un partido de f\u00fatbol en Niamey.Juan Luis Rod La t\u00edmida sonrisa de la camerunesa Giselle, de 33 a\u00f1os, esconde una herida muy profunda. 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