{"id":139845,"date":"2021-06-07T01:22:25","date_gmt":"2021-06-07T01:22:25","guid":{"rendered":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/?p=139845"},"modified":"2021-06-07T01:22:25","modified_gmt":"2021-06-07T01:22:25","slug":"el-cientifico-de-palacios-y-mundos-tropicales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/el-cientifico-de-palacios-y-mundos-tropicales\/","title":{"rendered":"El cient\u00edfico de palacios y mundos tropicales"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div>\n<p>El 5 de junio de 1799, a bordo de la corbeta Pizarro y desde el puerto espa\u00f1ol de La Coru\u00f1a, Alejandro de Humboldt zarp\u00f3 para \u201chacer la Am\u00e9rica\u201d (&#8230;) Desembarc\u00f3 en el puerto de Acapulco el 22 de marzo de 1803. \u201cNadie se pasea bajo las palmeras impunemente\u201d, escribi\u00f3 feliz, a su llegada. Algunos a\u00f1os despu\u00e9s, afirmar\u00eda: \u201cel mundo tropical es mi elemento\u201d.<\/p>\n<p>Hace muchos a\u00f1os, desde el otro lado del mundo, en una muy lejana primera semana de junio, el joven Alejandro de Humboldt embarc\u00f3 y se hizo a la mar. Con la ilusi\u00f3n de encontrar algo nuevo, la esperanza de descubrir lo nunca imaginado y la audacia del viajero que se va porque no puede quedarse, lo dej\u00f3 todo. Consigo s\u00f3lo llevaba lo necesario: algunos pertrechos y mucha determinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Nacido en Alemania en 1769, en el seno de una familia acomodada, durante la adolescencia quiso llevar una carrera militar. Su padre lo alej\u00f3 de tan temeraria inclinaci\u00f3n, lo puso\u00a0 a estudiar en la muy afamada escuela del castillo de Tintagel, le compr\u00f3 libros, \u00e1lbumes y mapas para apoyar su extrema curiosidad y pens\u00f3 que as\u00ed atemperar\u00eda sus necias ganas de irse. Su madre, m\u00e1s lista, lo alent\u00f3 a recorrer territorios conocidos, siempre con la condici\u00f3n de tener fecha de regreso. Su primer viaje lo llev\u00f3 a lo largo del r\u00edo Rin hasta Holanda y de all\u00ed hasta\u00a0 Inglaterra.\u00a0 Sin embargo, todas aquellas jornadas lejos de casa no apagaron su ansia de viajero.\u00a0 Aumentaron, adem\u00e1s, su hambre de conocimiento.<\/p>\n<p>Humboldt \u2013porque los viajes ilustran y deslumbran\u2013\u00a0 estuvo de acuerdo con los preceptos liberales de la Revoluci\u00f3n Francesa, oy\u00f3 de la existencia de nuevas y asombrosas tierras y empez\u00f3 a so\u00f1ar con navegar a otros continentes. Cuando regres\u00f3 a su pa\u00eds se matricul\u00f3 en la Escuela de Minas de Freiberg y trabaj\u00f3 en un departamento del gobierno. Pero sab\u00eda que aquel no period su lugar y que su vida estaba en otra parte. As\u00ed fue. En cuanto muri\u00f3 su madre renunci\u00f3 a su carrera de funcionario p\u00fablico y, m\u00e1s pronto que tarde, decidi\u00f3 cumplir su avidez por viajar. Pero ser\u00edan \u201cviajes cient\u00edficos\u201d. A tierras lejanas. A lugares con diferentes suelos, otros hombres y otros relojes. Y as\u00ed lo hizo, prometi\u00e9ndose tomar nota de todo, no dejar siquiera una gota de agua sin referencia. Tan perfectamente llev\u00f3 la bit\u00e1cora, lector querido, que es autor de dos de los libros m\u00e1s importantes que se hayan publicado sobre el llamado nuevo mundo: Relaci\u00f3n hist\u00f3rica del viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente y del Ensayo pol\u00edtico sobre la Nueva Espa\u00f1a, obra dedicada exclusivamente a M\u00e9xico.<\/p>\n<p><!-- Composite Start --> <\/p>\n<p>Fue as\u00ed como el 5 de junio de 1799, a bordo de la corbeta Pizarro y desde el puerto espa\u00f1ol de La Coru\u00f1a, Alejandro de Humboldt zarp\u00f3 para \u201chacer la Am\u00e9rica\u201d. Iba acompa\u00f1ado del naturalista Aim\u00e9 Bonpland y llevaba en su equipaje varios l\u00e1pices, aparatos y cuadernos. Dirigi\u00e9ndose a La Habana, recorrieron miles de kil\u00f3metros, estuvieron en Venezuela, el reino de Cartagena y fueron midiendo, anotando y escribi\u00e9ndolo todo. Procedente de Guayaquil, Humboldt\u00a0 entr\u00f3 a\u00a0 la Nueva Espa\u00f1a por el Pac\u00edfico y desembarc\u00f3 en el puerto de Acapulco el 22 de marzo de 1803 (\u201cNadie se pasea bajo las palmeras impunemente\u201d, escribi\u00f3 feliz, a su llegada).\u00a0 Algunos a\u00f1os despu\u00e9s, afirmar\u00eda: \u201cel mundo tropical es mi elemento\u201d.<\/p>\n<p>El mismo d\u00eda que se instal\u00f3 en Acapulco, le escribi\u00f3 al virrey Iturrigaray para informarle que hab\u00eda llegado. Realiz\u00f3 mediciones en el puerto y cuatro d\u00edas despu\u00e9s emprendi\u00f3 la marcha hacia la capital del virreinato. M\u00e1s de 20 mulas fueron necesarias para transportar los instrumentos cient\u00edficos, y las colecciones bot\u00e1nicas, zool\u00f3gicas y geol\u00f3gicas de una expedici\u00f3n que hab\u00eda durado ya cuatro a\u00f1os. Bien conocido y precedido de una buena fama de cient\u00edfico ilustre, al llegar a la capital de Nueva Espa\u00f1a fue alojado en una casona ubicada en el n\u00famero 3 de la calle de San Agust\u00edn \u2013hoy Rep\u00fablica de Uruguay\u2013 en pleno centro de nuestra ciudad, la que \u00e9l mismo bautiz\u00f3 como \u201cde los Palacios\u201d<\/p>\n<p>Admirado, como todos los visitantes que han contemplado por primera vez a la Ciudad de M\u00e9xico, Humboldt escribi\u00f3: \u201cNinguna ciudad del Nuevo Continente, sin exceptuar las de los Estados Unidos, presenta establecimientos cient\u00edficos tan grandes y s\u00f3lidos como la capital de M\u00e9xico. Citar\u00e9 s\u00f3lo la Escuela de Minas, el Jard\u00edn Bot\u00e1nico y la Academia de pintura y escultura conocida con el nombre de Academia de las Nobles Artes. Son monumentos que a veces cuestan 300 mil pesos, y que podr\u00edan figurar muy bien en las mejores calles de Par\u00eds, Berl\u00edn y Petersburgo. Muchas veces se antojan verdaderos palacios admirables.\u201d<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n registr\u00f3 sus impresiones desde las alturas y fuera de la urbe\u00a0 cuando anot\u00f3: \u201cCiertamente no puede darse espect\u00e1culo m\u00e1s rico y variado que el que presenta el valle, cuando en una hermosa ma\u00f1ana de verano, estando el cielo claro y con aquel azul turqu\u00ed propio del aire seco y enrarecido de las altas monta\u00f1as, se asoma uno por cualquiera de las torres de la catedral de M\u00e9xico o por lo alto de la colina de Chapultepec\u201d.<\/p>\n<p>En el transcurso del a\u00f1o que pas\u00f3 en M\u00e9xico, Humboldt despleg\u00f3 una intensa y rigurosa actividad. Sus impresiones y apuntes\u00a0 todav\u00eda son hoy fuente fidedigna para saber c\u00f3mo eran las colonias espa\u00f1olas\u00a0 y c\u00f3mo nuestra tierra hace 218 a\u00f1os. Tan admirable que el mismo Sim\u00f3n Bol\u00edvar afirm\u00f3: \u201cEs el descubridor del Nuevo Mundo. Humboldt y Bonpland hicieron m\u00e1s por Am\u00e9rica que todos los conquistadores juntos\u201d.<\/p>\n<\/p><\/div>\n<p><script>\n!function(f,b,e,v,n,t,s)\n{if(f.fbq)return;n=f.fbq=function(){n.callMethod?\nn.callMethod.apply(n,arguments):n.queue.push(arguments)};\nif(!f._fbq)f._fbq=n;n.push=n;n.loaded=!0;n.version='2.0';\nn.queue=[];t=b.createElement(e);t.async=!0;\nt.src=v;s=b.getElementsByTagName(e)[0];\ns.parentNode.insertBefore(t,s)}(window,document,'script',\n'https:\/\/connect.facebook.net\/en_US\/fbevents.js');\n fbq('init', '809027795973656'); \nfbq('track', 'PageView');\n<\/script><script>\n!function(f,b,e,v,n,t,s)\n{if(f.fbq)return;n=f.fbq=function(){n.callMethod?\nn.callMethod.apply(n,arguments):n.queue.push(arguments)};\nif(!f._fbq)f._fbq=n;n.push=n;n.loaded=!0;n.version='2.0';\nn.queue=[];t=b.createElement(e);t.async=!0;\nt.src=v;s=b.getElementsByTagName(e)[0];\ns.parentNode.insertBefore(t,s)}(window,document,'script',\n'https:\/\/connect.facebook.net\/en_US\/fbevents.js');\nfbq('init', '307764907300134');\nfbq('track', 'PageView');\n<\/script><br \/>\n<br \/><\/p>\n<p><em> &#8221; Fuentes www.eleconomista.com.mx &#8221; <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 5 de junio de 1799, a bordo de la corbeta Pizarro y desde el puerto espa\u00f1ol de La Coru\u00f1a, Alejandro de Humboldt zarp\u00f3 para \u201chacer la Am\u00e9rica\u201d (&#8230;) Desembarc\u00f3 en el puerto de Acapulco el 22 de marzo de 1803. \u201cNadie se pasea bajo las palmeras impunemente\u201d, escribi\u00f3 feliz, a su llegada. 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