{"id":136080,"date":"2021-05-30T09:32:14","date_gmt":"2021-05-30T09:32:14","guid":{"rendered":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/?p=136080"},"modified":"2021-05-30T09:32:15","modified_gmt":"2021-05-30T09:32:15","slug":"volver-a-viajar-la-nacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/volver-a-viajar-la-nacion\/","title":{"rendered":"Volver a viajar &#8211; LA NACION"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div>\n<p class=\"com-paragraph  --capital --s\">Barclays, su esposa y la hija de ambos llevaban un a\u00f1o y medio sin subirse a un avi\u00f3n. La \u00faltima vez que abordaron un vuelo, hace quince meses, lo hicieron para pasar las Navidades en compa\u00f1\u00eda de sus familias. Aquel fue un viaje despreocupado y risue\u00f1o, sin mascarillas, sin la paranoia de contraer una enfermedad respiratoria en los aeropuertos o en el avi\u00f3n. Fue el \u00faltimo viaje irresponsablemente feliz de su existencia por otra parte irresponsable y feliz. Luego lleg\u00f3 la pandemia y, con ella, la poderosa sospecha de que el otro, el pasajero, el vecino, period el enemigo, el que te infectar\u00eda y matar\u00eda.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Acostumbrados a viajar todos los meses, pasar un a\u00f1o y medio en casa, sin asomarse a un aeropuerto, les pareci\u00f3 un castigo o un premio, unas vacaciones o un sab\u00e1tico. Quiz\u00e1 la felicidad no estaba en una ciudad lejana, en otro continente, sino en su casa, en su barrio, en la repetici\u00f3n de unos h\u00e1bitos tranquilos, unas costumbres predecibles, sosegadas. En ninguna cama de ning\u00fan resort se dorm\u00eda mejor que en la propia cama. En ning\u00fan restaurante o caf\u00e9 los consent\u00edan tanto como en los de su barrio de siempre. No hab\u00eda calles m\u00e1s lindas para caminar o correr que las de su vecindario, una isla donde los conflictos pol\u00edticos, religiosos, morales y hasta deportivos parec\u00edan disolverse en nombre de un valor supremo que sus habitantes, muchos de ellos nacidos en otras tierras, persegu\u00edan con celo: la libertad de ser uno mismo sin dar explicaciones ni ofrecer disculpas, la libertad de no ser lo que sus padres y sus abuelos hubieran querido que ellos fuesen, la libertad de dudar de todo y no creer en nada, la libertad de alejarse de la tribu y emanciparse de la patria y hablar en otra lengua, la libertad en suma de ser felices, de perseguir la felicidad, la fant\u00e1stica libertad de sonre\u00edr y decirse a uno mismo: en este momento soy feliz porque me alej\u00e9 de todo aquello, de esas formas de locura y servidumbre, de los mandatos morales que quisieron imponerme mis mayores.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">La mayor parte de las desdichas e infelicidades que emboscan a un individuo a lo largo de su existencia provienen a menudo de no saber estarse quieto. Esto es algo que Barclays vino a recordar aquellos meses que dej\u00f3 de viajar. De pronto, \u00e9l, tan vanidoso, tan exagerado, que dec\u00eda que period un hombre de Am\u00e9rica, que viv\u00eda en la Am\u00e9rica toda, que sus dominios eran el territorio comprendido entre British Columbia y la Patagonia, comprendi\u00f3 que, debido a la pandemia, y al pavor que ten\u00eda de contagiarse, su casa period ahora meramente su casa, su barrio, la isla en que llevaba viviendo m\u00e1s de veinticinco a\u00f1os. No m\u00e1s viajes a visitar a sus hijas en Nueva York; a caminar con su esposa por los senderos polvorientos de Hollywood Hills, deteni\u00e9ndose a saludar a los perros y a sus due\u00f1os y paseadores; a esquiar en las monta\u00f1as de Colorado, Mont Tremblant y Whistler. No m\u00e1s viajes a Buenos Aires y Santiago; a Jos\u00e9 Ignacio y Zapallar; a Lima a visitar a su madre y sus hermanos, aunque no a todos sus hermanos. No m\u00e1s viajes a Madrid y Barcelona, a Sitges y Mallorca. No m\u00e1s viajes, no m\u00e1s sobresaltos, no m\u00e1s trajines, no m\u00e1s fatigas, no m\u00e1s inquietudes. De pronto, entonces, la quietud, la deliciosa quietud de la vida sedentaria.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Como period de suponer, en esos quince meses Barclays ha engordado. No se arrepiente ni se flagela debido a ello. Su gordura es la huella fl\u00e1cida que tantos d\u00edas felices han dejado en su cuerpo. Su sobrepeso es un mensaje escandaloso que le env\u00eda al mundo exterior: no necesito que me ames o me desees, porque yo me amo y me deseo suficientemente, y por eso me veo espl\u00e9ndido, rozagante. La libertad de comer y beber todo lo que desea, todo lo que le apetece, es una forma de felicidad emp\u00edrica a la que no piensa renunciar. Por fortuna para \u00e9l, su esposa lo quiere as\u00ed, gordito y harag\u00e1n, gordito y dormil\u00f3n. Porque Barclays y su esposa duermen hasta mediod\u00eda, hasta pasado el mediod\u00eda, y no sienten que est\u00e1n priv\u00e1ndose de nada: lo que ocurre entre las seis de la ma\u00f1ana y las doce del d\u00eda es una pel\u00edcula odiosa que prefieren no ver.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Este a\u00f1o y medio que llevan sin viajar, sin alejarse de la isla en la que viven, los Barclays han visto, desde lejos, pero de todos modos con estupor, c\u00f3mo sus familias de origen (sus padres, sus hermanos), condenadas al estricto confinamiento debido a la pandemia, obligadas a verse las caras con desusada frecuencia, dejaron de ser lo que eran, se dividieron, se quebraron, se corrompieron, se envenenaron. Tal vez porque esas familias deb\u00edan pasar m\u00e1s tiempo juntas, ocurrieron numerosas peleas, querellas, rupturas, desavenencias. Un hermano de Barclays se separ\u00f3 de su esposa y ella lo acus\u00f3 ante un juez de violencia sicol\u00f3gica y f\u00edsica y ahora litigan y se despellejan en tribunales. Una hermana de Barclays se avinagr\u00f3 de codicia, enjuici\u00f3 a su madre, a su propia madre, acus\u00e1ndola de estar demente, con el prop\u00f3sito de sacarle dinero, empe\u00f1o innoble en el que ha fracasado. La madre de los Barclays cumpli\u00f3 ochenta a\u00f1os y ninguno de sus hijos la visit\u00f3 porque tem\u00edan transmitirle el virus. Un hermano de Barclays vendi\u00f3 sus negocios y se fue a vivir al campo, harto de todo, de los chismes y las insidias familiares. En la familia de Silvana, la esposa de Barclays, una de sus hermanas se separ\u00f3 de su esposo porque este le period infiel con su profesora de tenis y ahora ella tiene un romance con el profesor de karate. Quiz\u00e1 porque la pandemia les ha recordado que la muerte sobrevuela acechante como un buitre hambriento, los parientes de los Barclays, o algunos de ellos, se han cansado de simular que eran felices o de disimular que eran infelices y han usado la presencia invisible del virus como una coartada ethical para atreverse a ser lo que en el fondo quer\u00edan ser, aun si eso supon\u00eda romper con su pareja, con su madre, con su familia. En esto, y en casi todo lo dem\u00e1s, Barclays, a diferencia de ellos, est\u00e1 a gusto con su vida: no quisiera vivir en otro lugar con otras personas, ama a su esposa y a sus hijas, se siente afortunado, no se atreve a pedirle nada m\u00e1s al universo.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Estando ya vacunados, plenamente vacunados con la doble dosis de la vacuna Pfizer, los Barclays se han inventado un viaje innecesario para celebrar la vida, para festejar que el coronavirus no los mat\u00f3, sobre todo a \u00e9l, que vio morirse a dos compa\u00f1eros de trabajo en el canal de televisi\u00f3n donde presenta un programa (un m\u00e9dico que daba consejos para no infectarse y un gerente de ventas infatigable) y que, por su edad y su sobrepeso, no parec\u00eda en condiciones de resistir, si el virus colonizaba sus estragados pulmones. Como se ha pasado la vida viajando, se ha pasado la vida tosiendo, y por eso estaba seguro de que el coronavirus lo matar\u00eda. Pero no lo mat\u00f3. Y ahora Barclays, su esposa y la hija de ambos hacen maletas, felices, ilusionados, como si la vida de antes, en todo su esplendor, en toda su plenitud, se reanudase, se abriese ante ellos. Dejan al perro con una cuidadora, dejan al gato con otra cuidadora, dejan abundante comida para las ardillas que juegan en los \u00e1rboles de su casa, y salen al aeropuerto tan contentos, como si estuviesen viajando a esa antigua zona feliz de sus vidas que la pandemia atac\u00f3, infect\u00f3 y corrompi\u00f3. No llevan prisa. Saben, o \u00e9l lo sabe a sus cincuenta y tantos a\u00f1os, que la felicidad depende a menudo de la velocidad a la que uno va: si se va muy deprisa, ocurrir\u00e1n choques, colisiones, desgracias, accidentes. Si se va tranquilo, sin premura, sin atropellarse, sin tratar de llegar en primer lugar, sin romper ni rasgu\u00f1ar la quietud del esp\u00edritu, la traves\u00eda se disfrutar\u00e1 mucho m\u00e1s y los accidentes ser\u00e1n menos probables.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">\u00bfAd\u00f3nde se dirigen, ad\u00f3nde vuelan ahora mismo, pasada la medianoche, la esposa y la hija durmiendo, Barclays fatigando el teclado de la computadora? A una ciudad que no conocen. \u00bfPor qu\u00e9 la han escogido? Precisamente porque no la conocen. Y porque creen que la vida de un individuo bien puede medirse por todas las personas que am\u00f3, todos los libros que ley\u00f3, todas las pel\u00edculas que vio y todas las ciudades que conquist\u00f3. Presienten que en esa ciudad que todav\u00eda no han hollado ser\u00e1n felices. En una esquina vibrante, en una calle extranjera al caos, en un parque o una plaza, acaso pensar\u00e1n: yo nac\u00ed para alejarme de la tribu de mi infancia y para conocer todo esto, una belleza y unos placeres reservados a los intr\u00e9pidos, a los que est\u00e1n dispuestos a ir un poco m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<section class=\"mod-trust --twoxs  --trust\"><a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/www.lanacion.com.ar\/tema\/the-trust-project-tid68036\/\" class=\"com-link --twoxs\">Conoc\u00e9 The Trust Project<\/a><\/section>\n<\/div>\n\n<p><em> &#8221; Fuentes www.lanacion.com.ar &#8221; <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Barclays, su esposa y la hija de ambos llevaban un a\u00f1o y medio sin subirse a un avi\u00f3n. La \u00faltima vez que abordaron un vuelo, hace quince meses, lo hicieron para pasar las Navidades en compa\u00f1\u00eda de sus familias. 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