{"id":131926,"date":"2021-05-23T05:17:50","date_gmt":"2021-05-23T05:17:50","guid":{"rendered":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/?p=131926"},"modified":"2021-05-23T05:17:51","modified_gmt":"2021-05-23T05:17:51","slug":"hacia-una-historia-del-viaje-en-femenino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/hacia-una-historia-del-viaje-en-femenino\/","title":{"rendered":"hacia una historia del viaje en femenino"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div id=\"content-body\" itemprop=\"articleBody\">\n<p>Si viajar ha sido hist\u00f3ricamente una empresa masculina, no es sorprendente que la escritura de viajes tambi\u00e9n haya sido, hasta muy avanzado el siglo XX, un g\u00e9nero literario profundamente varonil, adem\u00e1s de una pr\u00e1ctica imperialista occidental (Pratt 1992). En la nueva Am\u00e9rica, los cronistas de viajes sol\u00edan ser por lo normal hombres ligados a alg\u00fan proyecto b\u00e9lico o cient\u00edfico.<\/p>\n<p>Durante el siglo XIX y principios del XX, las mujeres estadounidenses y europeas que viajaban por Am\u00e9rica Latina normalmente lo hac\u00edan para seguir a sus esposos o, excepcionalmente, porque su profesi\u00f3n como educadoras o cient\u00edficas se los exig\u00eda (Medeiros 2019, Saunders 2014). En su estudio pionero sobre el papel de la literatura de viajes en la expansi\u00f3n la cultura imperial por el mundo en el siglo XIX, Mary Louise Pratt (2008) llama a este tipo de mujeres \u201cexploratrices sociales\u201d y analiza especialmente el caso de Flora Trist\u00e1n en Per\u00fa y Mar\u00eda Graham en Chile. En M\u00e9xico destacan memorias \u2013que ahora podr\u00edamos leer como cr\u00f3nicas de viaje\u2013 tales como <i>A Winter in Central America and Mexico<\/i> (1889), de la estadounidense Helen Sanborn, una reci\u00e9n graduada de Wellesley School que aprendi\u00f3 espa\u00f1ol s\u00f3lo para poder acompa\u00f1ar a su padre en un viaje de negocios; o la m\u00e1s estudiada compilaci\u00f3n de cartas<i> Life in Mexico Throughout a Residence of Two Years in That Nation <\/i>(1843), de Frances Calder\u00f3n de la Barca, una mujer escocesa que se casa en Estados Unidos con el espa\u00f1ol \u00c1ngel Calder\u00f3n de la Barca y llega a la Ciudad de M\u00e9xico cuando su esposo es enviado como primer representante de Espa\u00f1a en la nueva naci\u00f3n independiente*. Seg\u00fan los recuentos de estas extranjeras, la situaci\u00f3n de las mujeres mexicanas period de mayor represi\u00f3n social y menor educaci\u00f3n formal (Hahner 1998, Gerassi-Navarro 2017, Medeiros 2019). Quiz\u00e1 por ello de este periodo se sabe menos de viajeras mexicanas que de los viajes y obras de otras autoras en el continente, como las de la internacionalmente reconocida autora cubana Gertrudis G\u00f3mez de Avellaneda.<\/p>\n<p>No es informal, adem\u00e1s, que el registro de los viajes femeninos se realizara a trav\u00e9s de la pr\u00e1ctica de g\u00e9neros discursivos privados o \u201cliteratura menor\u201d, particularmente a trav\u00e9s del g\u00e9nero epistolar. En el siglo XIX la popularizaci\u00f3n de la comunicaci\u00f3n a trav\u00e9s de cartas coincide con el inicio del turismo masivo, los movimientos feministas y una econom\u00eda imperialista que inspir\u00f3 e incluso auspici\u00f3 gran parte de la literatura de viajes (Earle 2016, Pratt 1992).<\/p>\n<p>Ya desde el siglo XIX las \u00e9lites latinoamericanas sol\u00edan discutir con admiraci\u00f3n las observaciones de cient\u00edficos viajeros sobre su sociedad y territorio, e incluso algunos c\u00edrculos hab\u00edan adoptado la costumbre europea del siglo anterior del Grand Tour como una forma de completar su educaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n de hacer negocios con otras \u00e9lites. No obstante, viajar segu\u00eda siendo un acto primordialmente destinado a los hombres. El g\u00e9nero \u201ccr\u00f3nica de viaje\u201d, <i>journey literature<\/i> o <i>journey writing<\/i>, tambi\u00e9n lo period: de Her\u00f3doto a Alexander von Humboldt, Charles Darwin, Robert Louis Stevenson, Daniel Defoe, Joseph Conrad, Bruce Chatwin o Jack Kerouac, viajar y escribir sobre ello eran actividades masculinas. Las mujeres documentaban sus viajes a trav\u00e9s de los g\u00e9neros privados, como la carta y el diario, por lo normal sin ambiciones de publicaci\u00f3n. Esto explica, en parte, por qu\u00e9 la literatura de viajes femenina, incluso ya muy entrado el siglo XX, ha conservado el tono intimista y privado de las confesiones, que da a veces m\u00e1s cuenta de los procesos identitarios de sus autoras que del acontecer hist\u00f3rico de su \u00e9poca**.<\/p>\n<p>La literatura femenina de viajes no ha estado exenta de compartir caracter\u00edsticas fundacionales del g\u00e9nero, como el af\u00e1n etnogr\u00e1fico e imperialista, con una visi\u00f3n euroc\u00e9ntrica sobre los territorios visitados, en el caso de las autoras europeas o estadounidenses. No obstante, al representar a un sujeto viajero que interact\u00faa de manera m\u00e1s compleja con las categor\u00edas de g\u00e9nero, raza y clase, la escritura de mujeres viajeras ha destacado como veh\u00edculo que tambi\u00e9n permite el desplazamiento de normas patriarcales e imperiales (Holland y Huggan 2000). A diferencia del viaje masculino, que se ha estudiado en relaci\u00f3n al deseo de aventura y de expansi\u00f3n imperial, el viaje femenino se ha visto adem\u00e1s como una forma de emancipaci\u00f3n de las sociedades patriarcales.<\/p>\n<p>Si en el caso latinoamericano hay una escasa tradici\u00f3n de cronistas de viaje mujeres es quiz\u00e1 porque la experiencia de movilidad no sol\u00eda hacerse p\u00fablica y pocas veces se realizaba por placer o mero ejercicio tur\u00edstico. De Gertrudis G\u00f3mez de Avellaneda a Gabriela Mistral y Rosario Castellanos, pasando por Antonieta Rivas Mercado, Alejandra Pizarnik, Clarice Lispector y muchas m\u00e1s, la carta privada fue el g\u00e9nero elegido por las mujeres latinoamericanas del siglo XIX y hasta la mitad del XX para registrar y compartir el viaje. Aunque eventualmente sus intercambios epistolares se han llegado a hacer p\u00fablicos, este tipo de relatos eran originalmente creados desde y para la esfera privada. Entre estas pioneras del relato de viajes en nuestra regi\u00f3n y las autoras contempor\u00e1neas que ya sin reparos pudieron asumir el oficio de cronistas de viajes profesionales \u2013como Margo Glantz, Mar\u00eda Moreno, Gabriela Wiener, Leila Guerriero o Valeria Luiselli\u2013 las memorias de viaje ofrecen un punto intermedio e h\u00edbrido en varios sentidos. Con base en otros documentos privados como la carta y el diario, las memorias contempor\u00e1neas mezclan en su registro una gran variedad de g\u00e9neros discursivos para dar testimonio de una experiencia actual, particular person y colectiva, del pasado de sus autoras.<\/p>\n<p>\u00c1SS<\/p>\n<\/p><\/div>\n<p><script async defer crossorigin=\"anonymous\" src=\"https:\/\/connect.facebook.net\/es_LA\/sdk.js#xfbml=1&#038;version=v7.0\" nonce=\"ZELF4oef\"><\/script><br \/>\n<br \/><\/p>\n<p><em> &#8221; Fuentes www.milenio.com &#8221; <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si viajar ha sido hist\u00f3ricamente una empresa masculina, no es sorprendente que la escritura de viajes tambi\u00e9n haya sido, hasta muy avanzado el siglo XX, un g\u00e9nero literario profundamente varonil, adem\u00e1s de una pr\u00e1ctica imperialista occidental (Pratt 1992). 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