{"id":119546,"date":"2021-05-01T03:16:49","date_gmt":"2021-05-01T03:16:49","guid":{"rendered":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/?p=119546"},"modified":"2021-05-01T03:16:49","modified_gmt":"2021-05-01T03:16:49","slug":"la-isla-de-papel-articulos-cultura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/la-isla-de-papel-articulos-cultura\/","title":{"rendered":"La Isla de papel &#8211; Art\u00edculos &#8211; Cultura"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div>\n<p>En 1923, el escritor espa\u00f1ol Vicente Blasco Ib\u00e1\u00f1ez (1867-1928) se hallaba en la c\u00faspide de la popularidad. Atr\u00e1s hab\u00edan quedado los a\u00f1os en los que, acuciado por la falta de dinero, decidi\u00f3 irse a Par\u00eds a probar fortuna. Al pasar ese a\u00f1o por La Habana, en una entrevista le expres\u00f3 al redactor de un peri\u00f3dico: \u201cYo no empec\u00e9 a ganar dinero hasta despu\u00e9s de los cuarenta. Toda mi juventud fui un pobre diablo, que no ten\u00eda d\u00f3nde caerme muerto. \u00a1Las pas\u00e9 muy duras! Fui periodista por\u2026 cuarenta duros al mes; nominales, que no siempre los pagaban. Por defender la independencia de Cuba, siguiendo a mi maestro Pi y Margall, estuve en presidio, muy rapado, con mi trochana de rayadillo\u2026 \u00a1Ah, amigos, no fue agua de rosas!&#8230; Y ahora, cuando vuelva a Espa\u00f1a, despu\u00e9s de mi vuelta al mundo, constituir\u00e9 un fondo de dos millones de pesetas para premiar todos los a\u00f1os la mejor novela por un escritor joven de habla espa\u00f1ola\u201d.<\/p>\n<p><em>Los cuatro jinetes del Apocalipsis<\/em> (1916) fue la obra que lo catapult\u00f3 a la fama de manera fulminante. La traducci\u00f3n al ingl\u00e9s, cuyos derechos vendi\u00f3 por 300 d\u00f3lares, sali\u00f3 en 1918 y tuvo un enorme e inesperado \u00e9xito. En marzo del a\u00f1o siguiente iba ya por siete ediciones, cada una de 10 mil ejemplares, y en diciembre las ventas superaban el mill\u00f3n. De acuerdo a la revista <em>Writer Weekly<\/em>, fue el libro m\u00e1s vendido del a\u00f1o. Asimismo, se vend\u00edan corbatas, pisapapeles, ceniceros y otros objetos con motivos alusivos a la novela.<\/p>\n<p>Todos quer\u00edan conocer a su autor, y por eso las editoriales, las grandes cadenas de peri\u00f3dicos y las productoras cinematogr\u00e1ficas lo reclamaban. En 1919 la Hispanic Society lo invit\u00f3 a dar una conferencia en la Universidad de Columbia, y luego Blasco Ib\u00e1\u00f1ez recibi\u00f3 una oferta de James B. Pond, un conocido supervisor que antes hab\u00eda contratado a escritores como Rudyard Kipling, M\u00e1ximo Gorki, Charles Dickens y H.G. Wells, para recorrer Estados Unidos dando conferencias. Se har\u00edan en espa\u00f1ol y un int\u00e9rprete har\u00eda un resumen del contenido.<\/p>\n<p>Con esas conferencias, el escritor gan\u00f3 mucho dinero, aparte de que incrementaron su celebridad. Su firma period tan rentable, que una cadena de medios de prensa le ofreci\u00f3 un contrato por el cual recibir\u00eda mil d\u00f3lares por art\u00edculo, una suma que hasta entonces nunca se hab\u00eda pagado. Asimismo, el 24 de febrero asisti\u00f3 como invitado a la sesi\u00f3n del Congreso de Estados Unidos, donde le tributaron una gran ovaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como period de prever, en 1921 <em>Los cuatro jinetes del Apocalipsis<\/em> fue llevada al cine y acumul\u00f3 50 millones de espectadores. La pel\u00edcula fue protagonizada por Rodolfo Valentino, quien tambi\u00e9n hizo lo mismo en la adaptaci\u00f3n a la pantalla de <em>Sangre y area<\/em> (1922). Todos esos ingresos le permitieron al escritor tener una residencia en Menton, Francia, una casa en Par\u00eds, un chalet en el madrile\u00f1o Paseo de la Castellana y una villa en Valencia.<\/p>\n<p>El autor de <em>La barraca <\/em>sorprendi\u00f3 a todos cuando anunci\u00f3 que iba a realizar un viaje alrededor del mundo. Period, coment\u00f3, un sue\u00f1o que arrastraba desde la juventud. No renunci\u00f3, sin embargo, a su sentido mercantil y acept\u00f3 escribir cr\u00f3nicas acerca de los lugares que fuera visitando. Iban a aparecer en las publicaciones pertenecientes a William Randolph Hearts, quien pose\u00eda uno de los m\u00e1s grandes imperios medi\u00e1ticos de la historia, y por cada trabajo le pagar\u00edan una gran suma. Blasco Ib\u00e1\u00f1ez recogi\u00f3 sus impresiones en tres libretas, y con esas notas y con su prodigiosa memoria redact\u00f3 los art\u00edculos. Posteriormente, los recopil\u00f3 en el libro <em>La vuelta la mundo de un novelista<\/em>, que se public\u00f3 en tres vol\u00famenes entre 1924 y 1925.<\/p>\n<p><strong>Rapapolvo por su antipat\u00eda por los mexicanos<\/strong><\/p>\n<p>El viaje estaba concebido para millonarios, pues costaba la astron\u00f3mica suma de 20 mil d\u00f3lares de la \u00e9poca. En whole, los viajeros eran 300. Partieron de un espig\u00f3n del r\u00edo Hudson, Nueva York, el 15 de noviembre de 1923. Lo hicieron en el SS Franconia, un trasatl\u00e1ntico de lujo de la compa\u00f1\u00eda Cunard Line. La primera escala fue en La Habana, donde el escritor hab\u00eda estado ya en dos ocasiones. Pero antes de referirme a las impresiones que plasm\u00f3 sobre nuestra capital, voy a hacer un alto para referirme a un hecho acaecido durante su breve estancia y sobre el cual nada comenta en su libro.<\/p>\n<p>En 1920, Blasco Ib\u00e1\u00f1ez public\u00f3 en la cadena de diarios de Hearts unos art\u00edculos injuriosos sobre M\u00e9xico. Siguiendo su costumbre, los recopil\u00f3 en un libro, <em>El militarismo mejicano<\/em>, que fue precedido por la traducci\u00f3n al ingl\u00e9s. En un trabajo que escribi\u00f3 en el <em>Diario de la Marina<\/em>, Jorge Ma\u00f1ach, quien cursaba estudios en Estados Unidos cuando aparecieron los textos del novelista, apunta que este \u201caport\u00f3 el arriete de su prosa brutalmente descriptiva\u201d a \u201cla campa\u00f1a insidiosa, llena de trucos y falacias, que contra M\u00e9xico agitaban el Senador Fall, de Texas, los \u00abpetroleros\u00bb y los productores de pel\u00edculas de villan\u00edas\u201d. Entonces, recuerda Ma\u00f1ach, \u201clos estudiantes hispanoamericanos de la Universidad de Harvard nos reunimos para formular, contra el indiscreto o contra el mercenario, una indignada protesta\u201d. Siguiendo ese ejemplo, cuando Blasco Ib\u00e1\u00f1ez se detuvo en La Habana durante su viaje alrededor del mundo, los estudiantes cubanos quisieron darle un rapapolvo por su antipat\u00eda por los mexicanos y acordaron no asistir a una conferencia que iba a dar, y que, al parecer, fue solicitada por ellos.<\/p>\n<p>Y paso ya a glosar lo que Blasco Ib\u00e1\u00f1ez escribi\u00f3 sobre nuestra capital. Comienza expresando que en su ni\u00f1ez, cuando Cuba period a\u00fan colonia de Espa\u00f1a, no pod\u00eda hablar de La Habana sin que lo agitara un sentimiento contradictorio de admiraci\u00f3n y de terror. Y escribe: \u201cEra para m\u00ed el pa\u00eds del az\u00facar una ciudad encantada, como las de los cuentos infantiles, donde las casas deb\u00edan ser de caramelo y no hab\u00eda m\u00e1s que agacharse para comer tierra cristalina y dulce. Adem\u00e1s, todos volv\u00edan de all\u00e1 trayendo onzas de oro y hablaban de negritos como los que hab\u00eda yo visto danzar, desnudos y graciosos, en las funciones de teatro. Pero la entrada de este para\u00edso era estrech\u00edsima y la guardaban terribles monstruos, siendo el m\u00e1s carnicero de todos el llamado v\u00f3mito negro. Muchas veces escuch\u00e9 la noticia de haber muerto en la isla lejana, hermosa y mort\u00edfera, personas a las que conoc\u00ed fuertes y animosas en el momento de partir\u201d.<\/p>\n<p>Apunta que lo que le infund\u00eda terror desapareci\u00f3 hace a\u00f1os. En cambio, subsiste la Cuba que admiraba en sus fantas\u00edas infantiles, cada vez m\u00e1s amplificada por el progreso y la riqueza. Las enfermedades fueron derrotadas por la ciencia, y los m\u00e9dicos extranjeros y tambi\u00e9n cubanos, igualmente notables, acabaron por eliminar las antiguas enfermedades que hac\u00edan insegura la vida de los viajeros antes de su aclimataci\u00f3n. El resultado es que \u201choy, la m\u00e1s grande de las Antillas es pa\u00eds de salubridad regular y constante, y La Habana una de las ciudades m\u00e1s higi\u00e9nicas de la tierra. Su prosperidad econ\u00f3mica ha ido desarroll\u00e1ndose en proporciones enormes, como su higiene p\u00fablica\u201d.<\/p>\n<p>Opina que si fuese preciso dar un sobrenombre a la ciudad, al igual que lo ostentan los pueblos y los h\u00e9roes de los poemas hom\u00e9ricos, se le podr\u00eda llamar \u2018Habana la Alegre\u2019. Es una ciudad que sonr\u00ede al llegar, sin que pueda decirse con certeza d\u00f3nde est\u00e1 su sonrisa\u201d. Le encuentra cierto aspecto andaluz de antigua urbe colonial. Y apunta que \u201cla influencia poderosa de la vecina Rep\u00fablica de los Estados Unidos, las comodidades de su civilizaci\u00f3n material, no han modificado a\u00fan su fisonom\u00eda a\u00f1orada y tranquila de pa\u00eds con tradiciones de raza y un pasado hist\u00f3rico\u201d.<\/p>\n<p><strong>Los peri\u00f3dicos y los casinos son algo excepcional<\/strong><\/p>\n<p>Los nuevos monumentos en honor de los h\u00e9roes patrios le parecen art\u00edsticamente desiguales: \u201cunos son dignos de respeto, otros lamentables, como obras de confiter\u00eda tierna\u201d. En cambio, califica de magn\u00edficos los parques reci\u00e9n trazados, los nuevos barrios del ensanche de la ciudad, que \u201cparecen recordar los sucesivos chaparrones de abrumadora riqueza que han ca\u00eddo sobre este pa\u00eds en los \u00faltimos treinta a\u00f1os\u201d.<\/p>\n<p>Vuelve sobre lo que antes coment\u00f3 sobre la alegr\u00eda de la ciudad y expresa que, \u201cm\u00e1s que en sus paseos, en sus edificaciones y en el movimiento animado de sus calles, hay que buscarla en el car\u00e1cter de las gentes; en la franqueza de los cubanos, que algunas veces parece excesiva a los extranjeros; en la belleza de sus mujeres, interesantemente p\u00e1lidas y con enormes ojos\u201d.<\/p>\n<p>Cuenta que ha estado dos veces en La Habana por breve tiempo, y en ambas estancias, m\u00e1s que la hermosura de la ciudad atrajeron su atenci\u00f3n dos manifestaciones caracter\u00edsticas de su vida p\u00fablica que no tienen semejante en ning\u00fan otro pa\u00eds: \u201clos peri\u00f3dicos de La Habana y los casinos de La Habana son algo excepcional\u201d. Quiso visitar las redacciones de los diarios m\u00e1s importantes y pese a que dedic\u00f3 un d\u00eda entero, no pudo verlas todas. \u201cUnas ocupan enormes casas coloniales que son casi palacios; otras, edificios propios de reciente construcci\u00f3n. Tienen talleres vast\u00edsimos y m\u00e1quinas de m\u00faltiple funcionamiento, como los primeros diarios de Nueva York. No existe una diferencia considerable entre los peri\u00f3dicos m\u00e1s c\u00e9lebres de los Estados Unidos y los de la capital de Cuba. Adem\u00e1s se publican numerosos magazines y revistas especiales\u201d. Como la poblaci\u00f3n de la Isla entonces no llegaba a tres millones de seres, eso lo lleva a se preguntarse \u201cd\u00f3nde est\u00e1n los lectores necesarios para esta prensa, digna por su n\u00famero, su calidad y su fuerza, de un pa\u00eds de veinticinco o treinta millones de habitantes\u201d.<\/p>\n<p>Comprueba que los comercios son casi todos propiedad de espa\u00f1oles, quienes consideran obra patri\u00f3tica la continuaci\u00f3n y el desenvolvimiento de los mismos. Las luchas entre espa\u00f1oles y cubanos est\u00e1n olvidadas. Unos y otros sienten comparable inter\u00e9s por la prosperidad del pa\u00eds, y resalta que los hijos de los espa\u00f1oles son cubanos. Eso hace que en las antiguas sociedades se van confundiendo todos, sin diferenciar el origen. Respecto a estas, expresa que a ellas pertenecen \u201clos edificios m\u00e1s grandes y ostentosos de la ciudad. El C\u00edrculo de Dependientes de Comercio tiene 40 mil socios, residentes en La Habana. No creo que en Europa ni en los Estados Unidos exista un club tan numeroso\u201d.<\/p>\n<p>Hace notar, asimismo, que el C\u00edrculo Gallego es un palacio que guarda en su inside uno de los teatros m\u00e1s grandes de la ciudad. Y que el On line casino Espa\u00f1ol \u201cposee un sal\u00f3n de m\u00e1rmoles diversos tra\u00eddos de Espa\u00f1a y de estucos policromos, que parece el sal\u00f3n del trono en un palacio real\u201d. Y concluye que todas estas sociedades, que unen lo \u00fatil a lo ostentoso, mantienen en los alrededores de La Habana hospitales y sanatorios, \u201cinstalados con tanta largueza y tales innovaciones, que de muchas partes vienen a estudiarlos como modelos\u201d.<\/p>\n<p>Escribe que un detalle que se advierte a las pocas horas de estar en la capital cubana, es que all\u00ed abunda el dinero. Eso lo lleva a comentar que \u201cotras ciudades revelan igualmente riqueza y no tienen el aspecto atrayente y simp\u00e1tico de esta. Es que Habana la Alegre adem\u00e1s de tener dinero lo gasta con una tranquilidad y un descuido rayanos en el derroche. Sus teatros son numerosos y est\u00e1n siempre llenos. Sus caf\u00e9 y sus bailes nunca carecen de p\u00fablico\u201d. Recuerda que aqu\u00ed fue donde el tenor italiano Enrico Caruso y otros cantantes, pagados de un modo inveros\u00edmil, obtuvieron sus m\u00e1s altas remuneraciones. A\u00f1ade que \u201cen la \u00d3pera de La Habana ha llegado a costar una butaca cien pesos oro por noche. Tan irritante pareci\u00f3 a algunos este despilfarro, que protestaron de \u00e9l b\u00e1rbaramente, arrojando una bomba en plena funci\u00f3n\u201d. Esa bonanza econ\u00f3mica se refleja tambi\u00e9n en los escaparates de las tiendas, donde se ven las telas m\u00e1s caras y ricas. Y el escritor comenta que \u201clas mujeres visten con un lujo en apariencia sencillo, para no salirse de las reglas del buen gusto, pero en realidad costos\u00edsimo\u201d.<\/p>\n<p>Al referirse a la arquitectura, apunta que en los nuevos barrios son cada vez m\u00e1s numerosos los palacetes particulares. En ellos predomina la antigua arquitectura espa\u00f1ola, con el aditamento de las comodidades de la vida norteamericana. Y se fija en que la jardiner\u00eda del tr\u00f3pico da una nota de originalidad a estas construcciones, \u201cque recuerdan a la vez los patios de Sevilla y los palacios de madera de Long Island\u201d.<\/p>\n<p><strong>Hay un bar en cada calle<\/strong><\/p>\n<p>No escapa a su mirada el hecho de que para los ciudadanos de Estados Unidos, descontentos silenciosamente de ciertas leyes de su pa\u00eds, La Habana ofrece un atractivo especial. Es una ciudad a las puertas de su patria, donde no impera el llamado \u201cr\u00e9gimen seco\u201d. Les basta tomar un buque en Cayo Hueso, al extremo de la Florida, \u201cpara vivir horas despu\u00e9s en la capital de Cuba, donde hay un bar en cada calle. Aqu\u00ed no sufren retardos en la satisfacci\u00f3n de sus deseos, ni tienen que absorber bebidas contrahechas ofrecidas en secreto. La embriaguez puede ser franca, libre y continua\u201d. Pero como es tierra de dinero abundante, que es derramado con mano pr\u00f3diga, \u201clos hoteles resultan car\u00edsimos, as\u00ed como los otros gastos de viaje, y solo los ricos pueden pasar el canal de la Florida para venir a emborracharse bajo la bandera cubana\u201d.<\/p>\n<p>Tiene palabras para el recibimiento tan cari\u00f1oso que ha tenido \u201cen esta amada ciudad de habla espa\u00f1ola\u201d. El Municipio lo declar\u00f3 su hu\u00e9sped, y comision\u00f3 al escritor Rafael Conte, antiguo amigo suyo, para que sea su anfitri\u00f3n y lo guarde durante el tiempo de su estancia. Se refiere a los \u201csimp\u00e1ticos periodistas de incansable y sonriente preguntar, j\u00f3venes escritores que revelan su talento en las curiosidades literarias y las paradojas de su conversaci\u00f3n\u201d, que lo acompa\u00f1an en sus visitas a las redacciones de los diarios y en los dos banquetes amistosos y sin ceremonia con que fue obsequiado. Y tiene tambi\u00e9n la oportunidad de contemplar \u201cla belleza del crep\u00fasculo tropical en una lujosa \u00abvilla\u00bb de las afueras, donde vive con su esposa el joven conde de Rivero, hijo del c\u00e9lebre fundador del <em>Diario de la Marina<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>El Ayuntamiento ha reservado para \u00e9l las mejores habitaciones del Resort Sevilla, el m\u00e1s caro de la ciudad, y su amigo Conte se esfuerza por convencerlo de que debo quedarse en ellas y volver al buque en las primeras horas de la ma\u00f1ana siguiente. Ser\u00eda mal interpretado que prescindiese de usar dichas habitaciones, despu\u00e9s de haber sido declarado \u201chu\u00e9sped de honor\u201d. A la una de la madrugada al estar ambos frente al lodge, siente la necesidad de un pronto descanso, pues siente un dolor incesante en una pierna. Est\u00e1 dispuesto a aceptar el consejo de su amigo, pero al entrar en el lodge para acostarse se tropieza con un compa\u00f1ero de viaje.<\/p>\n<p>Es un joven norteamericano, de buenas maneras, que sale del <em>dancing<\/em> del lodge. Ha aprovechado que verdaderamente est\u00e1 en un pa\u00eds libre y se ha embriagado de un modo lastimoso. Lo abraza como si viese a un hermano, enternecido por el encuentro, y le cube que ellos dos son los \u00fanicos viajeros del Franconia que est\u00e1n en tierra. Todos los dem\u00e1s se fueron a medianoche. El buque zarpar\u00e1 al amanecer, y no a las diez de la ma\u00f1ana como se hab\u00eda anunciado.<\/p>\n<p>Conte y \u00e9l salieron corriendo para el puerto. All\u00ed el primero consigui\u00f3 que una lancha del gobierno nos lleve hasta el Franconia, que ten\u00eda apagadas la mayor parte de sus luces y parece dormido. \u201cSi ocupo mi cama de honor en el hotel, termina mi viaje alrededor del mundo en la primera escala\u201d, anota Blasco Ib\u00e1\u00f1ez. Y luego escribe: \u201cCuando al d\u00eda siguiente despierto, en mi camarote, el buque est\u00e1 navegando hace ya varias horas. Las costas de Cuba se han esfumado en el horizonte. Nos rodea el hermoso mar de las Antillas, en el cual logra descender la luz a grandes profundidades, dando una claridad dorada a las aguas azules\u201d.<\/p>\n<p>Cuenta Blasco Ib\u00e1\u00f1ez que pocas horas despu\u00e9s de que el barco zarpara de La Habana, qued\u00f3 postrado en su lecho por una par\u00e1lisis de la pierna izquierda. El m\u00e9dico de a bordo declar\u00f3 que period una ci\u00e1tica, provocada tal vez por la atm\u00f3sfera h\u00fameda del mar. Luego ambos pensaron bien pudo deberse a una imprudencia en el aireamiento de la habitaci\u00f3n. El escritor explica que el Franconia no ten\u00eda ventiladores al uso antiguo, con h\u00e9lices de molesto y tenaz abejorreo. \u201cCada camarote posee dos peque\u00f1as esferas de bronce, metidas en alveolos del mismo metal. Estos ojos dorados, cuando tienen el agujero de su negra pupila hacia adentro e invisible, permanecen inactivos. Pero basta volverlos, para que de ambos orificios surja una manga silenciosa y fr\u00eda que cambia el ambiente del camarote con sus peque\u00f1os huracanes. Durante el anclaje en los puertos, los mosquitos de agua muerta que se introducen por los ventanos se ven obligados a retroceder, volvi\u00e9ndose con rabiosos zumbidos por donde vinieron. Los dos chorros mudos los voltean con su \u00edmpetu, lo mismo que un aeroplano pillado por una tormenta, y les hacen huir finalmente al otro lado de la pared del buque\u201d.<\/p>\n<p>El novelista hab\u00eda pasado una noche entera con ambos ventiladores enfilados hacia su cama. La proximidad del calor de Cuba le hizo emplear este refrescamiento imprudente. Mientras dorm\u00eda, las dos mangas de helado viento, que hacen funciones de mosquitero, cayeron horas y horas sobre su cuerpo, en el que ahora sent\u00eda el llamado nudo ci\u00e1tico. El m\u00e9dico le advirti\u00f3: \u201cTiene usted para algunos d\u00edas. Habr\u00e1 que emplear los rayos violeta\u2026 No intente moverse\u201d. Lo cual lleva al novelista a concluir: \u201c\u00a1Bien empieza el viaje alrededor del mundo!\u201d.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed lo que el escritor narra en su libro. A eso podemos a\u00f1adir que el viaje inclu\u00eda escalas en Panam\u00e1, San Francisco, Haw\u00e1i, Jap\u00f3n, Corea, China, Hong-Kong, Filipinas, Isla de Java, Malasia, Birmania, India, Ceil\u00e1n, Sud\u00e1n, Egipto, Italia, M\u00f3naco, Gibraltar y Nueva York. En varios pa\u00edses, Blasco Ib\u00e1\u00f1ez fue recibido con honores de Jede de Estado. A la vuelta, se qued\u00f3 en M\u00f3naco, desde se traslad\u00f3 a su residencia de Fontana Rosa, en Menton. En el muelle descargaron veintitr\u00e9s cajas grandes y bultos de equipaje, que conten\u00edan los numerosos objetos y recuerdos que recibi\u00f3 en los lugares visitados. Fue, en fin, uno de los inconvenientes que trae aparejada la celebridad.<\/p>\n<p class=\"copyright\">\u00a9 cubaencuentro.com<\/p>\n<\/div>\n\n<p><em> &#8221; Fuentes www.cubaencuentro.com &#8221; <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1923, el escritor espa\u00f1ol Vicente Blasco Ib\u00e1\u00f1ez (1867-1928) se hallaba en la c\u00faspide de la popularidad. Atr\u00e1s hab\u00edan quedado los a\u00f1os en los que, acuciado por la falta de dinero, decidi\u00f3 irse a Par\u00eds a probar fortuna. 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