{"id":103515,"date":"2021-03-28T06:03:23","date_gmt":"2021-03-28T06:03:23","guid":{"rendered":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/?p=103515"},"modified":"2021-03-28T06:03:23","modified_gmt":"2021-03-28T06:03:23","slug":"viaje-al-poscomunismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dimensionturistica.com\/es\/viaje-al-poscomunismo\/","title":{"rendered":"Viaje al poscomunismo"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div>\n<div class=\"td-post-featured-image\">\n<figure><a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/cdn.elnacional.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/yolanda-pantin.jpg\" data-caption=\"Yolanda Pantin \/ Vasco Szinetar\u00a9\"><noscript><img decoding=\"async\" width=\"696\" height=\"460\" class=\"entry-thumb td-modal-image\" src=\"https:\/\/cdn.elnacional.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/yolanda-pantin-696x460.jpg\" srcset=\"https:\/\/cdn.elnacional.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/yolanda-pantin-696x460.jpg 696w, https:\/\/cdn.elnacional.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/yolanda-pantin.jpg 1392w\" sizes=\"(-webkit-min-device-pixel-ratio: 2) 1392px, (min-resolution: 192dpi) 1392px, 696px\" alt=\"\" title=\"yolanda-pantin\"\/><\/noscript><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"696\" height=\"460\" class=\"lazyload entry-thumb td-modal-image\" src=\"https:\/\/cdn.elnacional.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/yolanda-pantin-696x460.jpg\" srcset=\"https:\/\/cdn.elnacional.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/yolanda-pantin-696x460.jpg 696w, https:\/\/cdn.elnacional.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/yolanda-pantin.jpg 1392w\" data-sizes=\"(-webkit-min-device-pixel-ratio: 2) 1392px, (min-resolution: 192dpi) 1392px, 696px\" alt=\"\" title=\"yolanda-pantin\"\/><\/a><figcaption class=\"wp-caption-text\">Yolanda Pantin \/ Vasco Szinetar\u00a9<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<p><strong>Por PEDRO PLAZA SALVATI<\/strong><\/p>\n<p>La publicaci\u00f3n de una novedad editorial en Venezuela es un hecho noticioso que debe ser celebrado. Lo que antes period rutinario, y que sigue si\u00e9ndolo en la mayor\u00eda de los pa\u00edses, en la decimada realidad venezolana resalta un hecho valiente, una luz en el horizonte: un libro editado e impreso en el pa\u00eds. Me refiero a <em>Viaje al poscomunismo<\/em>, un relato de Ana Teresa Torres con fotograf\u00eda y documentaci\u00f3n de Yolanda Pantin, de la Editorial Eclepsidra, lanzado al mercado, adem\u00e1s, en el convulso a\u00f1o de la pandemia.<\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3 a mis manos lo primero que pens\u00e9 fue que ser\u00eda un estupendo libro para estar exhibido en la vitrina de Altair, la hermosa librer\u00eda barcelonesa especializada en viajes y libros de no ficci\u00f3n, y que cuenta con lo que se considera la mejor revista literaria de viajes en espa\u00f1ol, con el mismo nombre, dirigida por Pere Ortin. Me imaginaba este bellamente acabado libro con el que un lector se tropezar\u00eda al azar, como son los mejores hallazgos.<\/p>\n<p>Hay tantas maneras posibles de relatar lo vivido y observado: desde el libro de viajes contado solo con palabras a aquel que combina fotograf\u00edas, mapas, o f\u00f3rmulas m\u00e1s innovadoras que apuntan al periodismo visto desde miradas no descriptivas, ensayos po\u00e9ticos, planteamientos que incluyen el c\u00f3mic y el arte contempor\u00e1neo. Jorge Carri\u00f3n ha dicho que \u201ccada vez viajamos m\u00e1s a los lugares donde otros escritores lo hicieron, como una necesidad de turismo cultural. Si viajas para escribir tu atenci\u00f3n se multiplica autom\u00e1ticamente. Cuando viajas en serio, lees en serio y piensas en serio\u201d. Y eso es lo que ha ocurrido en este libro, ya disponible en las librer\u00edas caraque\u00f1as: seis viajes en los que las autoras se tomaron bien en serio su emprendimiento y se multiplicaron las percepciones.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo se desprende con la seguridad de prop\u00f3sito, bordeando la obsesi\u00f3n, cuando, Torres y Pantin, para su tercer viaje, en la ruta del legendario tren Transiberiano, se ven obligadas a viajar a Nueva York para obtener el visado y poder atravesar Mongolia, parte de la ruta del tren. En vez de irse a dar una vuelta por el Village o Central Park, visitan, como un aperitivo, Little Odessa o Little Russia en Brighton Seaside, lo que me record\u00f3 un paseo con unos amigos por Coney Island que hicimos en el 2010. \u00cdbamos con Galya, una amiga bielorrusa, y cenamos en un restaurante sencillo que ten\u00eda en la puerta un letrero que todav\u00eda es una inc\u00f3gnita para m\u00ed: \u201cVladimir Putin\u2019s last restaurant\u201d. En la parada de regreso en Nueva York, Torres y Pantin se acercan a una exposici\u00f3n de arte en la revoluci\u00f3n china en la sede de la Asia Society. La narradora admite, con la autoridad que tambi\u00e9n le confiere su pasada dedicaci\u00f3n como psicoanalista: \u201cHab\u00edamos desarrollado una adicci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>El viaje, a su vez, siempre ha sido uno de los principales motores de la creaci\u00f3n literaria de ficci\u00f3n. En muchas de las obras maestras de la literatura mundial se manifiesta el desplazamiento, los cambios de mundos, la transformaci\u00f3n como materia prima para una historia. En <em>Viaje al poscomunismo<\/em> nos encontramos con un h\u00edbrido entre cr\u00f3nica, ensayo, fotograf\u00eda y evocaci\u00f3n po\u00e9tica del libro de Yolanda Pantin <em>21 caballos<\/em>, inspirado en la experiencia rusa y publicado con anterioridad. En <em>Viaje al poscomunismo<\/em>, cuando la materia narrada lo amerita, se incluyen poemas de este libro, lo que hace pensar que el que nos compete ahora ya se hab\u00eda empezado a escribir desde antes, se transmuta de la poes\u00eda para integrarse a la narrativa:<\/p>\n<p><em>A la altura,\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>poeta,<\/em><\/p>\n<p><em>de tus contradicciones.<\/em><\/p>\n<p>Este poema parte del encuentro con la estatua de bronce de seis metros de Vladimir Mayakovski en Mosc\u00fa. Yolanda Pantin es, en el buen sentido, depredadora: quiere poseer a trav\u00e9s de la fotograf\u00eda y el poema, dejar testimonio del presente vivido que es pasado. Suponemos que las contradicciones se refieren a la militancia de Mayakovski en la promoci\u00f3n de la revoluci\u00f3n bolchevique o su suicidio, aunque en una entrevista en <em>Prodavinci <\/em>mencion\u00f3 un contrastante letrero seen de Pen\u00e9lope Cruz. Lo que s\u00ed es cierto es que el pasado hist\u00f3rico, desembocado en la period poscomunista, tanto en Rusia como en las naciones sat\u00e9lites, nos puede ayudar a entender a la Venezuela del presente.<\/p>\n<p>He all\u00ed uno de los grandes m\u00e9ritos del libro que, se deduce, aspira rebasar las fronteras nacionales, dado que las notas a pie de p\u00e1gina son explicativas tanto para un lector extranjero (qu\u00e9 es el Helicoide) como para un lector venezolano (recordatorio de lo que period el Gulag). Distante est\u00e1 <em>Viaje al poscomunismo<\/em> de ser un mero enunciativo de ciudades, monumentos, inmensos c\u00edclopes en piedra que \u201ccuriosamente asemejan a los juegos de los <em>transformers <\/em>y otros seres futur\u00edsticos\u201d, iglesias, parajes naturales. Hay un prop\u00f3sito basic: contar c\u00f3mo es la vida en los pa\u00edses que estuvieron bajo el dominio del desmoronado imperio comunista sovi\u00e9tico e identificar rasgos en los que Venezuela se desnuda como un pa\u00eds poscomunista, donde no deja de ser notoria la existencia de una nueva oligarqu\u00eda adinerada contra una poblaci\u00f3n mayoritariamente empobrecida.<\/p>\n<p>Torres y Pantin viajan con el prop\u00f3sito de conocer las calles de las ciudades, observar a la gente, leer a trav\u00e9s de sus miradas y gestos, y hasta presenciar c\u00f3mo vive una familia de clase media (aunque se trate de una puesta teatral), as\u00ed como atravesar zonas empobrecidas y ruinas industriales, parajes infinitamente extensos y desolados, todo ello contado de una manera impecable que no desecha situaciones de humor, como cuando a Pantin casi la deja un tren ya puesto en marcha por andar fotografiando o, cuando Torres afirma que \u201cYolanda ha debido ser fot\u00f3grafa de bodas, no se pierde una\u201d (las que se encontraban al azar en alg\u00fan sitio p\u00fablico, por supuesto).<\/p>\n<p>Se trata de un libro que intenta comprender la ruina venezolana desde la vida poscomunista, a partir de los a\u00f1os en los que se produjeron los viajes, y aqu\u00ed es importante marcar la temporalidad del punto de vista de los seis periplos: desde el 2002 hasta el 2012. Es una fortuna que su publicaci\u00f3n se haya alejado de la inmediatez. Se descorch\u00f3 con la temporalidad acertada.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, es posible que los lectores de este lado del mundo (incluy\u00e9ndome) no conozcan la mayor\u00eda de los pa\u00edses visitados.\u00a0 La narraci\u00f3n es amena y a la vez va al grano, sin p\u00e9rdida de tiempo de c\u00f3mo llegaron a tal o cual sitio, resulta un estimulante viaje a esos destinos que, agradecidos estamos de paso, es una buena manera de aprender y viajar desde el confinamiento en pandemia. Divididos en los seis viajes, casi todos de dos semanas y en la \u00e9poca de verano, las autoras nos llevan a Polonia, Lituania, Letonia, Rusia, Hungr\u00eda, Rumania, Austria, Rep\u00fablica Checa, Mongolia Ucrania, Uzbekist\u00e1n, Moldavia y Bielorrusia.<\/p>\n<p>Hay episodios con los que algunos lectores pudieran sentirse familiarizados, como es el caso de este rese\u00f1ista, con el drama que vivieron las autoras en el 2005 en el cruce entre las fronteras de Austria y Checoslovaquia, apenas ingresada a la Uni\u00f3n Europea. Yo hab\u00eda estado dos a\u00f1os antes, mal informado porque \u00e9ramos venezolanos y requer\u00edamos el visado. En el puesto de seguridad checo nos hicieron bajar de la camioneta, luego de una griter\u00eda incompresible del conductor, apenado con nosotros, y que seguir\u00eda rumbo a Praga. Nos vimos abandonados en el medio de una pradera desolada, tuvimos que caminar una buena distancia entre la frontera de un pa\u00eds y otro, como sumidos en la nada, la levedad del ser, hasta que llegamos al lado de la frontera austr\u00edaca.<\/p>\n<p>En casi todos los distintos destinos est\u00e1 planteada, en mayor o menor grado, la constataci\u00f3n de la vida en la period poscomunista en contraste con las realidades venezolanas de la period chavista. Bielorrusia, un pa\u00eds especialmente cercano por la relaci\u00f3n que hubo entre Lukashenko (el \u00faltimo dictador de Europa) y Ch\u00e1vez, es quiz\u00e1s el mejor ejemplo comparativo. En Minsk, la capital, la narradora y la poeta tienen visiones diferentes de lo que ven y perciben. Para Torres se trata del hecho de que, en este pa\u00eds, una serie de j\u00f3venes educados lograron en la period postsovi\u00e9tica un nivel de vida comparable al de las sociedades europeas. Para Pantin la cosa iba m\u00e1s all\u00e1 de lo aparente y consideraba que se trataba de un montaje. Tal vez ambas ten\u00edan algo de raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Los amigos que nos hab\u00edan llevado a aquel restaurante ruso en Brighton Seaside, Guillermo y Galya (Galina en ruso), nos pueden arrojar luces desde otro \u00e1ngulo. Guillermo Astigarraga en el libro <em>Belar\u00fas <\/em>(Brutas Editoras, 2012), cuenta el viaje para conocer el pa\u00eds de su esposa, en el que se alojaron en el apartamento de sus suegros. A Galya el reencuentro con su pa\u00eds natal la desmotiva, la anula, la vuelve un tanto gris. Del relato se desprende una similitud impactante entre los males que aquejan a venezolanos y bielorrusos: la burocratizaci\u00f3n de la vida a trav\u00e9s de un sistema de impedimentos donde la palabra favorita es <em>Niet <\/em>(No), alta inflaci\u00f3n relativa, la aprehensi\u00f3n de las autoridades a que no se fotograf\u00ede nada, la escasez de productos (desde medicinas hasta alimentos), la corrupci\u00f3n (chocolate y billete, obsequio y soborno para expresar gratitud) hasta las formas de trueque. Para Astigarraga, Minsk es la capital de la escasez: \u201cLos precios aumentan a diario. Y aqu\u00ed, como en C\u00f3rdoba \u2014y en Caracas, comenta Galya al leer la entrada del diario\u2014 tambi\u00e9n hay un cambio oficial y otro que corresponde al mercado negro, aqu\u00ed tambi\u00e9n es dif\u00edcil conseguir d\u00f3lares\u201d.<\/p>\n<p>Vladimir Sorokin, en su libro <em>La cola<\/em>, habla de este fen\u00f3meno como un monstruo de miles de cabezas que se convirti\u00f3 en el emblema del socialismo. De las colas de la period sovi\u00e9tica a las colas que son la rutina del venezolano, vencido en sus circunstancias. Cube Sorokin que el hecho de estar en una cola, en este libro que son puros di\u00e1logos de gente que hace fila d\u00eda y noche, se convirti\u00f3 en el Cuerpo Colectivo de una naci\u00f3n. En aquellos momentos se trataba de un fen\u00f3meno puramente sovi\u00e9tico que se ve ahora replicado, d\u00e9cadas m\u00e1s tarde, en todas las ciudades de Venezuela. En medio de lo paup\u00e9rrimo, evidenciado en la period poscomunista, persisten males del comunismo. No es de extra\u00f1arse que una de las constantes que las autoras encontraron en el viaje, cuando conversaban con ciudadanos locales, period el deseo de abandonar el pa\u00eds o, m\u00e1s bien, el dilema de irse o quedarse, tan inherente al drama venezolano.<\/p>\n<p>Todo esto nos lleva a una de las tesis fundamentales del libro, esbozada por Ana Teresa Torres y reafirmada por la escritora venezolana de origen polaco Krina Ber en un brillante texto publicado en <em>Prodavinci<\/em> y que constituy\u00f3 parte de la presentaci\u00f3n de la novela (a casa llena por Zoom): la de que en Venezuela se lleg\u00f3 al poscomunismo sin pasar por el comunismo (con Moldavia como el ep\u00edtome de los ejemplos por su grado de destrucci\u00f3n, desidia y pobreza). Venezuela se salt\u00f3 la talanquera.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo se conecta con otra de las hip\u00f3tesis que explica Ana Teresa Torres en el sentido de que, aunque la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica impuso un sistema de dominaci\u00f3n, sometimiento y muchas veces de desaparici\u00f3n f\u00edsica del adversario, a pesar de todo ello, sostiene, se construyeron grandes obras y monumentos, justamente lo contrario a lo ocurrido en Venezuela bajo la dominaci\u00f3n chavista. Adem\u00e1s, hubo un inter\u00e9s de los sovi\u00e9ticos en preservar la memoria, as\u00ed sea la del adversario a trav\u00e9s de una rehabilitaci\u00f3n. O el renacimiento de ciudades en pa\u00edses del bloque sovi\u00e9tico arrasadas por los nazis o los mismos rusos, como r\u00e9plicas o espejos de las originales. En todas esas naciones se ha construido mientras que, por contraste, el legado de la llamada revoluci\u00f3n bolivariana es nulo, no existe, no hay grandes obras, solo ruinas.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista de la construcci\u00f3n narrativa se podr\u00eda decir que algunos de los temas que caracterizan la vasta obra de Ana Teresa Torres tambi\u00e9n se ven reflejados cuando, insistentemente, admite (recurso gozoso) que no recuerda tal o cual cosa. Ello no sustrae, en lo absoluto, la alta factura literaria de este libro, m\u00e1s bien le agrega, porque no se trata de una gu\u00eda de viaje sino de un libro que es m\u00e1s complejo de lo que aparenta con sus distintas capas: descripci\u00f3n de sitios y lugares, percepci\u00f3n de las maneras de ser de la gente, comparaci\u00f3n con la realidad venezolana, innumerables citas de pel\u00edculas, porque aqu\u00ed, antes del viaje, est\u00e1n sembradas en la memoria las pel\u00edculas vistas y es pure hacerse una representaci\u00f3n imaginada a trav\u00e9s del cine. Tambi\u00e9n hay citas de escritores de los pa\u00edses que visitan y con los que sienten una especial forma de afinidad.<\/p>\n<p>Las fotos y meticulosas anotaciones de los sitios y lugares hechas por Pantin (poeta con sangre de cronista), admite Torres, fueron los materiales b\u00e1sicos con los que se pudo construir el andamiaje narrativo. Susan Sontag sostiene que \u201cLas fotograf\u00edas brindan modos par\u00f3dicos de posesi\u00f3n: del pasado, del presente, aun del futuro\u2026 Las fotograf\u00edas son una manera de atrapar una realidad que se considera recalcitrante e inaccesible\u201d. \u00a0La poeta no tiene reparos hasta de retratar a la gente, algo que a Torres la ruborizar\u00eda.<\/p>\n<p>Yolanda Pantin ha comentado que con el tiempo pudo darse cuenta de que en esas fotograf\u00edas estaba puesta lo que ser\u00eda su po\u00e9tica: \u201cEstaba abierta a que ocurriera cualquier cosa, y lo que ocurri\u00f3 fue la cristalizaci\u00f3n de la distancia. No descubr\u00ed la fotograf\u00eda sino la mirada que ya ten\u00eda\u201d. Y esa distancia se percibe en las fotograf\u00edas que muestran rasgos sutiles pero que reconocen el extra\u00f1amiento, con sencillez y sin alardes, crea intriga y sugiere la contemplaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es as\u00ed como esta obra, a cuatro manos y a cuatro ojos, en la que Ana Teresa Torres despliega sus reconocidas virtudes de narradora y ensayista, aportan una novedad merecida, que a la vez resulta una lectura amena y adictiva, en el desierto de la escasez de publicaciones de nuevos t\u00edtulos en esta Venezuela poscomunista que se salt\u00f3 el paso actual por el comunismo. Como relata Kundera:<\/p>\n<p>\u201cLas calles y los edificios ya no pod\u00edan recuperar sus nombres originales. Y as\u00ed, de pronto, un balneario checo se convirti\u00f3 en una peque\u00f1a Rusia imaginaria y Teresa se encontr\u00f3 con que el pasado que hab\u00eda venido a buscar le hab\u00eda sido confiscado\u201d.<\/p>\n<hr\/>\n<p>*<em>Viaje al poscomunismo<\/em>. Relato de Ana Teresa Torres; fotograf\u00eda y documentaci\u00f3n de Yolanda Pantin. Editorial Eclepsidra, Caracas, 2020.<\/p>\n<p><\/p>\n<div id=\"conelnacional-container\">\n<i style=\"background:#ffe500;font-weight:bold;font-size:17px;\">La democracia muere cuando hay censura. Hoy t\u00fa puedes ayudar a mantener el periodismo independiente solo con USD 3 al mes. \u00a1Aporta y s\u00e9 parte de la soluci\u00f3n!<\/i><\/p>\n<p>\n<a rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/conelnacional.com?utm_source=elnacional&amp;utm_medium=referral&amp;utm_campaign=promotional\"><br \/>\n<\/a><\/div>\n<\/div>\n\n<p><em> &#8221; Fuentes www.elnacional.com &#8221; <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yolanda Pantin \/ Vasco Szinetar\u00a9 Por PEDRO PLAZA SALVATI La publicaci\u00f3n de una novedad editorial en Venezuela es un hecho noticioso que debe ser celebrado. 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