Como periodista de viajes, en Condé Nast Traveler he conocido infinidad de cruceros: familiares, boutique, fluviales, exóticos, temáticos –ah, el crucero de los Backstreet Boys–, de superlujo… pero nunca había experimentado en mis carnes uno de ellos, y no por falta de ganas. No había surgido la oportunidad, y eso que fantaseaba con la thought desde que leí el mítico ensayo de Foster Wallace Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer.
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Por fin llegó mi momento y pude sacar mis propias conclusiones de primera mano: fui convocada junto a una extensa y divertida troupe de periodistas para participar el pasado 27 de agosto en el bautismo del Norwegian Prima: el nuevo crucero partía de Reikiavik (Islandia), con dos días en alta mar y, después, hacía paradas en Cork (Irlanda), Portland (Inglaterra), Le Havre (Francia), Zeebrugge (Bélgica) y, finalmente, Ámsterdam (Países Bajos).
Paisaje en Islandia, camino del bautismo del Norwegian Prima.Clara Laguna
Unos meses antes, el equipo de comunicación de NCL se trasladó a Madrid para contarnos todos los detalles de esta aventura. Su papel de embajadores fue excelente pero, por mucho que nos trasladasen cada sorprendente detalle de la expedición, debo decir que cada minuto a bordo del Prima fue una experiencia de película.
Contribuyó a ello que, como parte del evento de bienvenida en el Harpa Concert Hall (ubicado junto al fabuloso lodge The Reikiavik EDITION–, nos aguardase en la capital islandesa, ese mágico lugar donde el cielo parece estar más pegado a nuestras cabezas. Un evento en el que actuaban acróbatas de fuego, la orquesta sinfónica de Islandia, la compañía de danza islandesa… y una soberbia actuación de la cantante islandesa Bríet, con algunas coreografías dignas de El Circo del Sol.
Pero hablemos del barco. El embarque fue, como imaginaba, imponente. Aunque no en un mal sentido; el barco es grande, pero no monstruoso, como yo temía, y todo está muy bien organizado. La llegada al camarote period essential para mí, que adolezco de cierta claustrofobia, y la sorpresa no pudo ser más agradable. El que ocupábamos tenía un balconcito de ensueño, con su mesa y sus sillas, y todas las comodidades de un buen lodge, incluyendo un cuarto de baño aceptablemente espacioso y alegre, y una ducha con buena presión.
” Fuentes news.google.com ”
