Los cinco chalés que quedaron a medio construir están ubicados en la calle Gloria Fuertes. /
Las peleas son habituales entre los que acuden a trapichear. El fin de semana uno prendió fuego la vivienda al arrojar un cóctel molotov
La disaster del ladrillo dejó en El Crucero varias promociones urbanísticas sin terminar. En la calle Gloria Fuertes hay una hilera de chalés que estaban casi listos para la venta, pero que quedaron abandonados en su última fase por los problemas económicos de la constructora. Lo que iba a ser un complejo residencial para personas con cierto poder adquisitivo, se ha acabado convirtiendo en un blanco fácil para ladrones de chatarra y okupas. Y es que las viviendas son atractivas, porque a pesar de que la maleza ha ganado terreno, las casas conservan la estructura, aunque por dentro están totalmente vacías y no cuentan con ningún servicio básico como luz o agua.
El pasado verano, una pareja entró en uno de los inmuebles. Desde entonces, los problemas de convivencia son constantes porque los vecinos aseguran que «no se trata de una familia que no tiene donde vivir, que es algo que todos entenderíamos y hasta les echaríamos una mano, sino dos delincuentes que se dedican a trapichear con droga y atraen a lo peor de la ciudad. Hay días que parece la cola del supermercado».
El último incidente ha sido este mismo fin de semana, cuando tras una fuerte discusión, una de las personas que suele ir a comprar sustancias estupefacientes regresó en una moto y arrojó un cóctel molotov casero al chalé, que rápidamente se vio envuelto en llamas. La rápida intervención de un vecino permitió sofocar el fuego y sacar a la mujer, que estaba en el inside. El autor de la agresión está identificado porque los residentes en la zona han aportado todos los datos necesarios, ya que hace tiempo que frecuenta el lugar. «La policía nos ha dicho que la pareja que se ha instalado a vivir tiene todo tipo de antecedentes penales, y de hecho el chico a veces desaparece una temporada, pero legalmente parece ser que no pueden sacarlos», lamentan los propietarios de las viviendas más cercanas.
El hartazgo es generalizado entre los vecinos de El Crucero, que además de incrementar la vigilancia policial, piden la intervención de Servicios Sociales para realojar a la pareja antes de que ocurra una desgracia. «Hasta que no salgamos en el telediario nadie va a tomar cartas en el asunto. Están viviendo en unas condiciones infrahumanas, sin agua ni luz, con bombonas de butano que cualquier día explotan y vuelan toda la manzana», remarcan.
Tampoco esconden que las visitas que suelen recibir los okupas generan inseguridad. «Vienen a comprar droga, hay discusiones, amenazas entre ellos,… La mayoría de vecinos tenemos hijos pequeños y no es el mejor ambiente para dejarles bajar a jugar a la calle solos».
Por ahora han logrado frenar el efecto llamada, porque han podido avisar a a tiempo a las fuerzas de seguridad cada vez que ha habido intentos de entrar en los otros cuatro chalés. «Si les pillan cuando están entrando les pueden ordenar salir, pero una vez que están ya dentro, como es el caso de esta pareja, no es tan sencillo conseguir la orden de desalojo porque ni siquiera está claro quien es el propietario de las casas, ya que pasaron de la constructora a los bancos». La solución pasaría por tapiar puertas y ventanas «pero el Ayuntamiento cube que es propiedad privada y no puede actuar».
Los vecinos lo tienen claro: «esto es un polvorín y si todo el mundo sigue mirando hacia otro lado, no tardará en ocurrir una tragedia. Lo venimos advirtiendo desde hace muchos meses».
” Fuentes www.elcorreo.com ”

