
El África Mercy atracó en Tenerife en pleno estado de alarma (31 de marzo) y en esta ocasión eligió el puerto de Granadilla para su tradicional parada técnica anual. Teóricamente iban a ser dos o tres meses, pero la pandemia world -en África incluida- y por ende sus restricciones, le han obligado a pasar más de un año en la Isla, estando previsto que la abandone, si nada se tuerce, a finales de mayo, principios de junio, según su precise capitán, el holandés Jan Tuinier.
El mayor barco hospital civil del mundo, llegó hace un año con 239 personas, entre tripulantes, cooperantes y familiares (también vienen niños), pero hoy quedan en torno a 140, porque el resto ha terminó su misión y ahora se está a la espera de ser reemplazados en la campaña de cooperantes abierta en todo el mundo, comentó Daniela Cruz, la única cooperante mejicana que lleva cuatro años en el barco, al que llegó porque “me gustaban los cruceros, y esto es lo más parecido a un crucero que encontré”, señala con una sonrisa. Ahora lleva Recursos Humanos y se muestra feliz de pertenecer a una familia “que de manera altruista, hasta pagando por ello, todos hacemos de todo; no por ser médico no hace otras tareas”, dijo mirando a Eliezer Rodrigues, el physician venezolano que nos mostró orgulloso los cinco quirófanos -ahora resguardados hasta regresar a Senegal- y el laboratorio del África Mercy, que según él, “nos sitúan como un hospital de primer nivel; algunos médicos que nos han visitado nos han comentado que en la Isla hay poco hospitales de este nivel”, relató el physician que tiene ganas de volver África para “atender a todos esos niños, sobre todo, que ya nos están esperando para intervenciones en malformaciones genéticas, operaciones maxilofaciales, graves quemaduras o cataratas”.
Gerardo Vangioni, director de Naves de Esperanza (Mercy Ships, en inglés), nos recuerda que hay “tres momentos o hitos en el nacimiento de Mercy Ships como ONG de ámbito mundial. Un huracán, el nacimiento de un hijo y un encuentro. Nuestros fundadores, Don y Deyon Stephens, de Texas, se encontraban en una isla del Caribe, realizando tareas de ayuda social, cuando sufren los efectos devastadores de un huracán. Allí, en medio de la tragedia, una de las componentes del grupo dice en voz alta, como en una oración: “Qué bueno sería que pudiese venir un barco con ayuda médica y suministros”. Así anida la concept del barco hospital en los corazones de Don y Deyon Stephens.
El mayor hospital del mar, un año de pandemia en Granadilla. | Sergio Méndez
Pasan los años y al matrimonio Stephens les nace un hijo con necesidades especiales. La condición de Juan Pablo (así se llama su hijo), reforzó su creencia de que tenían que llevar ayuda a los que no disponían de acceso a una atención sanitaria.
Por último, Don se encuentra con Teresa de Calcuta en un viaje a la India. Don comparte con ella acerca de la visión que había crecido en su corazón, y su deseo de servir a los que no tenían acceso a una atención sanitaria básica; Teresa de Calcuta le anima a ponerse en marcha y a buscar un barco.
En el año 1978, con la ayuda de particulares, empresas y un banco suizo, se adquiere un buque de cruceros que iba a ser remozado. Después de mucho trabajo, se convierte en un buque hospital, el Anastasis. Así comenzó esta labor de llevar salud y esperanza a los más necesitados”.
Poco después llegó el África Mercy, un barco con 40 años, que según su capitán, Jan Tuinier, “ya empieza a ser viejo, aunque hemos aprovechado la larga parada en Tenerife para hacerle una reparación profunda, con una nueva grúa y tanques de estabilidad, que no estaban previsto inicialmente”.
Quizás por eso, pronto saldrá a navegar, en el primer trimestre de 2022, el World Mercy que con 174 metros y 37.000 toneladas, dispondrá de seis quirófanos y alojará a más de 600 voluntarios, uniéndose al África Mercy, que seguirá viniendo a Tenerife, “donde nos han tratado extraordinariamente bien, antes en Santa Cruz y ahora en Granadilla” dijo Gerardo Vangioni.
Naves de Esperanza, de carácter internacional con 16 sedes en todo el mundo, se subvenciona con las aportaciones de individuos, empresas e instituciones, que realizan bien aportaciones monetarias, bien donativos en materiales y equipamientos, dando nombre los donantes, por ejemplo, a los quirófanos. Otra manera de subvencionarse es a través de los voluntarios, que no sólo entregan sus habilidades y tiempo para ayudar a otros, sino que además contribuyen con los gastos que su estancia a bordo del buque, donde todo se paga en dólares, disponiendo hasta de un exclusivo Starbucks o una tienda de souvenirs africanos.
“En estos 42 años de existencia hemos visitado 592 puertos en más de 56 naciones prestando servicios médicos, realizando más de 105.000 cirugías, capacitado a más de 49.000 profesionales de la salud locales y llevado a cabo más de 1.100 proyectos de infraestructuras y desarrollo”, recuerda Vangioni.
Durante la estancia, que todavía se prolongará por espacio de al menos dos meses, el África Mercy ha donado medicamentos en la lucha contra la COVID-19 a la Cruz Roja, alimentos para ser distribuidos por el Cabildo, y hoy mismo 35 cooperantes -aquellos que están libres de las restricciones sanitarias por su nacionalidad, el resto solo puede bajar al muelle – contribuirán a una limpieza de playa y fondos marinos en El Porís de Abona, iniciativa de Terramare.
Contactos
Todos aquellos que quieran conocer la labor que realiza esta ONG o esté interesados en ser cooperantes pueden hacerlo a través de www.nde.ong o seguirlo en Fb, Twitter, Instagram, Linkedin y YouTube, poniendo Naves de Esperanza.

Jan, Eliezer y Daniela
El holandés Jan Tuinier lleva solo dos meses y medio como capitán del barco, pero lleva veinte desde que se inició como aprendiz. Sobre la larga estancia en Granadilla comenta que “lo normal es que estemos dos meses en Tenerife para mantenimiento y diez meses trabajando en Senegal. Hemos aprovechado para hacer otras reparaciones al barco que valdrán como seguro para dos años”. El venezolano Eliezer Rodrigues es uno de los médicos del barco y explica que “esta es la primera vez que paso un año sin salir del barco, pese a que no hemos tenido caso grave de COVID, gracias a una burbuja segura. En octubre ya han podido salir del muelle los europeos, el resto no puede moverse más de quince metros en el muelle, a donde bajamos a veces a estirar piernas y hacer deporte”, comenta. Daniela Cruz lleva cuatro años de cooperante en el África Mercy, tras una recomendación de su padrastro cuando supo que le gustaban los cruceros. “De crucero solo tiene que es un barco, pero es muy agradecido el trabajo”, comentó. “Lo más difícil es no poder hacer tanto como quisiéramos. Si los países en África están como están es por gobiernos mal estructurados y corruptos y toda la riqueza que le han robado a ese continente. Da tristeza ver a esos jóvenes llegar hasta aquí en pateras y algunos morir en el mar, y el lamento, cuando llegan, que tengan que quedarse aquí cuando lo que quieren es llegar a Europa”, comentó.8A
” Fuentes diariodeavisos.elespanol.com ”
