Pueden hacerse planes maestros de “gran”, planes estratégicos con acciones estratégicas por supuesto, sustentados en diagnósticos, todos con buena intención, metodología y eventualmente hasta con participación colegiada de la sociedad, lo cual casi nunca sucede, pero si estos, por buenos que sean, no logran ser vinculados a los gobiernos municipales y hacer que sean honrados y ejecutados por los mismos, serán simplemente un catálogo de buenas intenciones y una letra muerta muy bien redactada.
Tal es el caso del Plan Maestro de Turismo Sustentable de Quintana Roo que estando perfectamente bien logrado, con estupendas bases teóricas y contando con suficiente consenso y habiendo sido ejemplarmente bien explicado y socializado por sus promotores, no tiene en la realidad un verdadero impacto de beneficio real, tangible y comprobable, toda vez que los municipios y sus funcionarios, se lo pasan por alto, lo desconocen, lo ignoran y en consecuencia siguen emitiendo licencias de construcción, de funcionamiento, anuencias y permisos que permiten no solo el Statu Quo para todo lo que prevalece de mala manera en todo el estado, sino
para que con carta abierta, se siga construyendo por doquier, violentando no solo las leyes, las normas ambientales, los derechos humanos y por supuesto el mismísimo y bien intencionado Plan Maestro.
A ver si me explico, en otros términos, más coloquiales, con respeto para mis ocho lectores; a los municipios y sus dirigentes, les vale gorro el Plan Maestro, la planeación y la sustentabilidad ya las pruebas que me remito.
Lo mismo el vecino construye dos pisos más sin permiso, valiéndole gorro también la vista, las densidades y todo, que aparece un nuevo desarrollo que, rellenando el mangle, la laguna o lo que se le atraviese, logra sus propósitos argumentando seguramente que genera empleos.
Aquí la anarquía, el desorden, el ataque al medio ambiente, la construcción sin ton ni son y los desarrollos que prefieren pedir perdón que pedir permiso, (aunque el perdón significa corrupción), es lo que prevalece y es una verdadera pena.
Lo triste es que cuando uno se queja, parece uno mismo el apestado, el quejoso amargado, el injusto con el desarrollo o el negativo.
El llamado a la reflexión no es a los desarrolladores, constructores ni a los que levantan una barda o le suben dos pisos a su casa inconsciente e irresponsablemente, ya que a todos esos, les vale gorro también; el llamado es a la autoridad para que hagan su trabajo, para cumplan y hagan cumplir la ley; para que privilegien
un escenario de derecho en el que se respetan las normas y en el que los ciudadanos podamos disfrutar de mejores entornos; Esos que en suma podrían llevarnos a contar con ciudades dignas, con calidad de vida para todos.
Los municipios, todos, de todos los niveles, deben hacer su trabajo con honestidad y con compromiso por su ciudad y no solo ir a cobrar su salario sin responsabilidad alguna por lo que su trabajo implica o incide en la ciudad en la que habitan y de la que viven también.
Los secretarios, directores, jefes de departamento y regidores son alta y directamente responsables de la calidad de vida de todos los habitantes de una ciudad, son responsables en conjunto de todo lo que sucede y no solo de su función como erróneamente piensan.
No deben pensar en su sola función sino en todo el proceso y en como sus decisiones o la falta de ellas afecta a otras áreas, a otros ámbitos de la vida pública de una ciudad y en consecuencia a la calidad de vida de todos los habitantes.
Los municipes, todos, son responsables de todo lo que nos sucede a los habitantes y es su responsabilidad y obligación ponerse de acuerdo entre ellos para que todo funcione como debe ser; debe ser su compromiso mejorar día con día las ciudades y no limitarse a lo que simplemente llega a su escritorio.
Los presidentes municipales, los anteriores y los actuales, están en enorme deuda con la ciudadanía y el lamentable estado de las ciudades que sufrimos, es su entera culpa y responsabilidad, de otra manera, no hubieran aspirado a esos cargos.
Por hoy, nos deben y mucho, la ciudad deja mucho que desear.
Los Planes Maestros, diseñados o liderados por gobiernos, aunque bien intencionados y con buena metodología, que no vinculen a los Municipios y no les obligan a cumplirlos y respetarlos, son tristemente letra muerta, aunque bien redactada.
Al Buen Entendidor…
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